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Trabajé incluso en la reconstrucción de la muralla, a pesar de que no era propietario de campo alguno; y toda mi gente estaba también allí trabajando en las obras. (Nehemías 5, 16)
Tenían, además, setecientos treinta y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos. (Nehemías 7, 68)
Los guiaste de día mediante una columna de nube, de noche con una columna de fuego para alumbrarles el camino que tenían que seguir. (Nehemías 9, 12)
Ni siquiera entonces tú, en tu inmensa bondad, los abandonaste en el desierto: no se apartó de ellos la nube que durante el día los guiaba en su camino, ni la columna de fuego que por la noche alumbraba su ruta. (Nehemías 9, 19)
Has sido justo en todo lo que nos ha sobrevenido, porque tú has demostrado tu lealtad, y nosotros, en cambio, nuestra maldad. (Nehemías 9, 33)
se unieron a sus hermanos y a los jefes y se comprometieron, bajo juramento, a caminar en la ley de Dios, dada por medio de Moisés, siervo de Dios, y a observar y poner en práctica todos los mandamientos de nuestro Señor; (Nehemías 10, 30)
En las aldeas y diseminados por sus campos habitaban parte de los de Judá: en Quiriat Arbá y sus aldeas anejas, en Dibón y sus aldeas anejas, en Yacabsel y sus caseríos; (Nehemías 11, 25)
Zanóaj, Adulán y sus caseríos; Laquis y sus campos, Azecá y sus aldeas anejas; se establecieron, pues, desde Berseba hasta el valle de Hinnón. (Nehemías 11, 30)
de Bet Guilgal, de las campiñas de Guibeá y de Azmávet, pues los cantores habían formado pueblos en los contornos de Jerusalén. (Nehemías 12, 29)
por no haber salido a recibir a los israelitas con pan y agua y por haber alquilado a Balaán para que los maldijese, aunque nuestro Dios cambiara la maldición en bendición. (Nehemías 13, 2)
Me enteré también de que no se habían vuelto a entregar las porciones de los levitas, y que los levitas y los cantores encargados del servicio habían tenido que irse cada uno a su campo. (Nehemías 13, 10)
Yo, Tobit, he seguido los caminos de la verdad y de la justicia todos los días de mi vida, dando muchas limosnas a mis hermanos de raza que fueron deportados conmigo a Nínive, en Asiria. (Tobías 1, 3)