Mosaico decorativo

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  • Ellos cerraron el templo, practicaron una abertura en el techo y, a pedradas, acabaron con el jefe (y los que habían entrado en él); los despedazaron y tiraron sus cabezas a los de afuera. (II Macabeos 1, 16)

  • Cuando esto se hizo público y se comunicó al rey de Persia que en el lugar donde los sacerdotes cautivos escondieron el fuego había aparecido agua con la que los compañeros de Nehemías santificaron el sacrificio, aquél, después de comprobar el hecho, hizo (II Macabeos 1, 33)

  • Consiguieron herir a unos, derribar a otros, ahuyentar a los demás, y al mismo sacrílego lo mataron junto al tesoro del templo. (II Macabeos 4, 42)

  • Pues si la ciudad no hubiera estado envuelta en pecado, Antíoco habría sido bien flagelado y reprimido en su audacia, como lo fue Heliodoro, mandado por Seleuco a robar el tesoro. (II Macabeos 5, 18)

  • Los cobardes y los que desconfiaban de la justicia de Dios se daban a la fuga. (II Macabeos 8, 13)

  • Recogieron las armas y el botín de los enemigos y celebraron el sábado, no cesando de alabar y bendecir a Dios, que los había salvado en aquel día y había comenzado a manifestarles su misericordia. (II Macabeos 8, 27)

  • para que sus súbditos no se turbaran si sucedía algún hecho imprevisto o llegaba alguna noticia desagradable, sabiendo todos en manos de quién quedaba el poder; (II Macabeos 9, 24)

  • Otros, en tanto, subieron igualmente a la muralla, prendieron fuego a las torres y a las puertas y encendieron hogueras en las que quedaron abrasados vivos los blasfemos; derribaron las puertas, entraron todos los demás y se apoderaron de la ciudad. (II Macabeos 10, 36)

  • A los tres años, los de Judas se enteraron de que Demetrio, hijo de Seleuco, había desembarcado en Trípoli con un poderoso ejército y una gran flota, (II Macabeos 14, 1)

  • "Pues yo -respondió él- soy soberano sobre la tierra, que mando tomar las armas y ejecutar los decretos reales". Pero no pudo llevar a cabo su bárbaro proyecto. (II Macabeos 15, 5)

  • Entonces todos levantaron sus ojos al cielo y alabaron al Señor de la gloria: "Bendito aquel que ha conservado sin mancha su templo santo". (II Macabeos 15, 34)

  • Barniz de plata aplicado a vasija de tierra, tales son los labios dulces y el corazón malvado. (Proverbios 26, 23)


"Ouço interiormente uma voz que constantemente me diz: Santifique-se e santifique!" São Padre Pio de Pietrelcina