Mosaico decorativo

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  • Los retoños de los impíos no multiplican sus ramas, y las raíces impuras están sobre una roca escarpada. (Eclesiástico 40, 15)

  • de violar un juramento y un pacto, y de apoyar los codos en la mesa; (Eclesiástico 41, 20)

  • No te avergüences de corregir al insensato y al necio, ni al anciano decrépito que rivaliza con los jóvenes. Así demostrarás que estás verdaderamente instruido y serás estimado por todo el mundo. (Eclesiástico 42, 8)

  • Como sal sobre la tierra, él derrama la escarcha y, al congelarse, ella se convierte en espinas punzantes. (Eclesiástico 43, 19)

  • Por eso, Dios le aseguró con un juramento que las naciones serían bendecidas en su descendencia, que lo multiplicaría como el polvo de la tierra, que exaltaría a sus descendientes como las estrellas, y les daría en herencia el país, desde un mar hasta el otro y desde el Río hasta los confines de la tierra. (Eclesiástico 44, 21)

  • Sus sacrificios se consumen enteramente, dos veces por día, en forma continua. (Eclesiástico 45, 14)

  • él extendía la mano sobre la copa, derramaba la libación con la sangre de la uva y la vertía al pie del altar, como perfume agradable al Altísimo, Rey del universo. (Eclesiástico 50, 15)

  • Una instrucción de sabiduría y de ciencia es la que dejó grabada en este libro Jesús, hijo de Sirá, hijo de Eleazar, de Jerusalén, que derramó como lluvia la sabiduría de su corazón. (Eclesiástico 50, 27)

  • porque tú has sido mi protector y mi ayuda, y has librado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua calumniadora y de los labios que traman mentiras. Frente a mis adversarios, tú has sido mi ayuda y mes has librado, (Eclesiástico 51, 2)

  • Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, (Isaías 4, 4)

  • La convertiré en una ruina, y no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella. (Isaías 5, 6)

  • Su rugido es el de una leona, ruge como los cachorros de león; brama y se apodera de la presa, la arrebata y nadie puede librarla. (Isaías 5, 29)


"O Anjo de Deus não nos abandona jamais." São Padre Pio de Pietrelcina