Talált 1247 Eredmények: Ram
Los retoños de los impíos no multiplican sus ramas, y las raíces impuras están sobre una roca escarpada. (Eclesiástico 40, 15)
de violar un juramento y un pacto, y de apoyar los codos en la mesa; (Eclesiástico 41, 20)
No te avergüences de corregir al insensato y al necio, ni al anciano decrépito que rivaliza con los jóvenes. Así demostrarás que estás verdaderamente instruido y serás estimado por todo el mundo. (Eclesiástico 42, 8)
Como sal sobre la tierra, él derrama la escarcha y, al congelarse, ella se convierte en espinas punzantes. (Eclesiástico 43, 19)
Por eso, Dios le aseguró con un juramento que las naciones serían bendecidas en su descendencia, que lo multiplicaría como el polvo de la tierra, que exaltaría a sus descendientes como las estrellas, y les daría en herencia el país, desde un mar hasta el otro y desde el Río hasta los confines de la tierra. (Eclesiástico 44, 21)
Sus sacrificios se consumen enteramente, dos veces por día, en forma continua. (Eclesiástico 45, 14)
él extendía la mano sobre la copa, derramaba la libación con la sangre de la uva y la vertía al pie del altar, como perfume agradable al Altísimo, Rey del universo. (Eclesiástico 50, 15)
Una instrucción de sabiduría y de ciencia es la que dejó grabada en este libro Jesús, hijo de Sirá, hijo de Eleazar, de Jerusalén, que derramó como lluvia la sabiduría de su corazón. (Eclesiástico 50, 27)
porque tú has sido mi protector y mi ayuda, y has librado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua calumniadora y de los labios que traman mentiras. Frente a mis adversarios, tú has sido mi ayuda y mes has librado, (Eclesiástico 51, 2)
Cuando el Señor lave la suciedad de las hijas de Sión y limpie a Jerusalén de la sangre derramada en ella, con el soplo abrasador del juicio, (Isaías 4, 4)
La convertiré en una ruina, y no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella. (Isaías 5, 6)
Su rugido es el de una leona, ruge como los cachorros de león; brama y se apodera de la presa, la arrebata y nadie puede librarla. (Isaías 5, 29)