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Porque él da sabiduría, ciencia y placer al hombre que le agrada; y al malhechor le impone la carga de allegar y amontonar para dejárselo después a quien Dios quiera. También esto es vanidad y dar caza al viento. (Eclesiastés 2, 26)
Ambos van al mismo lugar; ambos vienen del polvo y ambos vuelven al polvo. (Eclesiastés 3, 20)
He visto que todo trabajo y toda empresa con éxito no es más que envidia de uno contra otro. También esto es vanidad y andar a caza del viento. (Eclesiastés 4, 4)
Más vale un puñado de descanso que dos puñados de fatiga y de dar caza al viento. (Eclesiastés 4, 6)
Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol irse con el joven, el que le sucederá en su puesto. (Eclesiastés 4, 15)
Era una muchedumbre sin fin la que él presidía; pero los que vengan después no estarán contentos con él. Y también esto es vanidad y dar caza al viento. (Eclesiastés 4, 16)
También esto es un mal doloroso, que se vaya como ha venido; ¿qué provecho le queda de haber trabajado para el viento? (Eclesiastés 5, 15)
En las tinieblas viene y en las tinieblas se va; también su nombre queda perdido en las tinieblas. (Eclesiastés 6, 4)
El que los ojos vean es preferible a que el corazón desee. También esto es vanidad y dar caza al viento. (Eclesiastés 6, 9)
Hay un mal que veo bajo el sol, como un error que proviene del soberano: (Eclesiastés 10, 5)
Cuando las nubes están llenas de lluvia, sobre la tierra la vierten; y si un árbol cae al sur o al norte, el árbol queda en el lugar donde cae. (Eclesiastés 11, 3)
El que observa el viento, no sembrará; y el que mira las nubes, no segará. (Eclesiastés 11, 4)