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Melquisedec, rey de Salén, sacó pan y vino; era él sacerdote del Dios altísimo, y (Génesis 14, 18)
bendijo a Abrán diciendo: "Bendito seas, Abrán del Dios altísimo, que creó el cielo y la tierra, y (Génesis 14, 19)
El rey de Sodoma dijo a Abrán: "Devuélveme las personas, y toma para ti los bienes". (Génesis 14, 21)
Abrán le respondió: "Juro, mano en alto, al Señor que creó el cielo y la tierra: Yo no tomaré nada de lo que es tuyo, (Génesis 14, 22)
ni siquiera un hilo, ni una correa de tu zapato. Así no podrás decir: Yo he enriquecido a Abrán. (Génesis 14, 23)
Para mí, nada; solamente lo que han comido mis mozos y la parte que corresponde a los hombres que han venido conmigo, Aner, Escol y Mambré; éstos recibirán su parte". (Génesis 14, 24)
Después de todo esto, la palabra del Señor fue dirigida a Abrán en una visión. Dijo: "No temas, Abrán, yo soy tu escudo. Tu recompensa será muy grande". (Génesis 15, 1)
Abrán respondió: "Señor Dios, ¿qué me vas a dar? Yo estoy ya para morir sin hijos, y el heredero de mi casa será ese Eliezer de Damasco. (Génesis 15, 2)
No me has dado descendencia, y uno de mis criados será mi heredero". (Génesis 15, 3)
Entonces el Señor le dirigió la palabra y le dijo: "No, no será ése tu heredero, sino uno salido de tus entrañas". (Génesis 15, 4)
Después le llevó fuera y le dijo: "Levanta tus ojos al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas"; y añadió: "Así será tu descendencia". (Génesis 15, 5)
Abrán creyó al Señor, y el Señor le consideró como un hombre justo. (Génesis 15, 6)