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El sonido de la trompeta se iba haciendo cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. (Exodo 19, 19)
Que se santifiquen también los sacerdotes que se acercan al Señor, para que el Señor no arremeta contra ellos". (Exodo 19, 22)
Y el Señor dijo a Moisés: "Baja de nuevo y sube luego con Aarón; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir hacia el Señor, pues arremetería contra ellos". (Exodo 19, 24)
No te postrarás ante ella ni le darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad del padre en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, (Exodo 20, 5)
No tomarás el nombre del Señor en vano, porque el Señor no dejará sin castigo al que toma su nombre en vano. (Exodo 20, 7)
Honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da. (Exodo 20, 12)
Todo el pueblo distinguía los truenos y los relámpagos, el sonido de la trompeta y el humear de la montaña. El pueblo, al ver esto, temblaba y se mantenía a distancia. (Exodo 20, 18)
Y dijeron a Moisés: "Háblanos tú y te escucharemos; pero que no nos hable el Señor, para que no muramos". (Exodo 20, 19)
Moisés dijo al pueblo: "No temáis, que el Señor ha venido sólo para probaros y para que su temor esté siempre en vosotros y no pequéis". (Exodo 20, 20)
Me levantarás un altar de tierra y en él me ofrecerás tus holocaustos, tus sacrificios de reconciliación, tus ovejas y tus bueyes. En cualquier lugar en que yo quiera hacer mi nombre memorable vendré a ti y te bendeciré. (Exodo 20, 24)
Si compras un esclavo hebreo, te servirá por seis años, pero el séptimo quedará libre sin pagar nada. (Exodo 21, 2)
Pero si el esclavo dice: Yo quiero a mi amo, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre, (Exodo 21, 5)