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porque es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados. (Hebreos 10, 4)
Por eso, al entrar en este mundo, Cristo dijo: No has querido sacrificios ni ofrendas, pero en su lugar me has formado un cuerpo. (Hebreos 10, 5)
No te han agradado los holocaustos ni los sacrificios por el pecado. (Hebreos 10, 6)
Primero dice que no ha querido sacrificios ni ofrendas y que no le han agradado los holocaustos y los sacrificios por el pecado; (Hebreos 10, 8)
Y en virtud de esta voluntad nosotros somos santificados, de una vez para siempre, por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo. (Hebreos 10, 10)
él, por el contrario, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la derecha de Dios, (Hebreos 10, 12)
Porque por una ofrenda única ha hecho perfectos para siempre a aquellos que santifica. (Hebreos 10, 14)
Esto mismo nos atestigua también el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (Hebreos 10, 15)
Ésta es la alianza que haré con ellos después de estos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en sus corazones (Hebreos 10, 16)
y no me acordaré más de sus crímenes y de sus pecados. (Hebreos 10, 17)
Ahora bien, donde hay perdón de los pecados no hay necesidad de ofrenda por el pecado. (Hebreos 10, 18)
siguiendo el camino nuevo y viviente que él ha inaugurado a través de la cortina, es decir, de su propia carne, (Hebreos 10, 20)