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De suerte que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para que por la fe fuéramos justificados; (Gálatas 3, 24)
Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; (Gálatas 3, 26)
Está bajo tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre. (Gálatas 4, 2)
Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos esclavizados bajo los elementos del mundo. (Gálatas 4, 3)
Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abba, Padre! (Gálatas 4, 6)
De suerte que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por la gracia de Dios. (Gálatas 4, 7)
pero ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos, a los cuales nuevamente queréis servir otra vez como esclavos? (Gálatas 4, 9)
Hermanos, os ruego que os hagáis como yo, porque yo también me he hecho como vosotros. No me habéis ofendido en nada. (Gálatas 4, 12)
Pero sabéis que, debido a una enfermedad que tuve, os anuncié por primera vez el evangelio; (Gálatas 4, 13)
¿Dónde están ahora aquellos entusiasmos vuestros por mí? Doy fe de que, si hubiera sido posible, hasta os hubierais arrancado los ojos para dármelos a mí. (Gálatas 4, 15)
¿Y ahora he pasado a ser enemigo vuestro sólo por haberos dicho la verdad? (Gálatas 4, 16)
Lo mejor es demostrar un sano interés por los demás; pero siempre, y no solamente cuando estoy entre vosotros. (Gálatas 4, 18)