Talált 2182 Eredmények: Mar
Así que dieron la voz de alarma a los montes de Samaría, Coná, Bejorón, Belmain, Jericó, Joba, Ajsora y al valle de Salén. (Judit 4, 4)
Clamaron a su Dios, y él llenó de plagas a Egipto, para las que no encontraban remedio. Los egipcios, entonces, los echaron de su tierra. (Judit 5, 12)
Pero Dios secó el mar Rojo ante ellos (Judit 5, 13)
Los quemaremos a todos, sus montañas chorrearán su sangre y sus llanuras serán cementerios. La planta de sus pies no resistirá ante nosotros, perecerán sin remedio, dice el rey Nabucodonosor, señor de toda la tierra. Él ha hablado, y no caerá en el vacío ninguna de sus palabras. (Judit 6, 4)
Al día siguiente Holofernes ordenó a su ejército y a todas las tropas que se le habían unido para la guerra que marcharan hacia Betulia, ocuparan las pendientes de las montañas y lucharan contra los israelitas. (Judit 7, 1)
Todos sus guerreros se pusieron en marcha. Las fuerzas armadas sumaban ciento setenta mil soldados de infantería y doce mil de caballería, sin contar el material y la gente que se les había unido. Era una muchedumbre incontable. (Judit 7, 2)
Cuando los israelitas vieron aquella ingente multitud, se aterrorizaron y se dijeron unos a otros: "Éstos, sin duda, cubrirán toda la tierra, y ni los montes más altos, ni los desfiladeros, ni las colinas podrán detener su marcha". (Judit 7, 4)
Los israelitas clamaron al Señor, su Dios, al ver que los rodeaban sus enemigos sin que hubiese posibilidad de escapar. (Judit 7, 19)
Os conjuramos por el cielo y la tierra, por nuestro Dios y Señor de nuestros padres, que nos castiga según nuestros pecados y los de nuestros padres, a tomar esta determinación hoy mismo". (Judit 7, 28)
Su marido, Manasés, de su misma tribu y familia, había muerto durante la siega de la cebada. (Judit 8, 2)
Era muy bella y de aspecto encantador. Su marido, Manasés, le había dejado muchas riquezas, criados y criadas, ganados y campos, y ella los administraba. (Judit 8, 7)
Entonces mandó a la administradora de todos sus bienes que llamara a Cabris y a Carmis, los ancianos de la ciudad. (Judit 8, 10)