Talált 2315 Eredmények: Ira
Yo tiraré tres flechas del lado de acá, como si tirara al blanco. (I Samuel 20, 20)
Entonces enviaré al mozo para que vaya a buscarlas. Si le digo: Mira, las flechas están del lado de acá de ti, entonces vienes, porque hay paz para ti y nada tienes que temer, vive Dios. (I Samuel 20, 21)
Pero si yo digo al mozo: Mira, las flechas están del lado de allá de ti, entonces márchate, porque es el Señor el que quiere que te vayas. (I Samuel 20, 22)
Y dijo al muchacho: "Corre y búscame las flechas que voy a tirar". Y mientras el muchacho iba corriendo, Jonatán lanzó una flecha más allá de él. (I Samuel 20, 36)
Cuando el muchacho llegó al lugar donde estaba la flecha que había tirado Jonatán, éste gritó, diciendo: "La flecha está más allá de ti". (I Samuel 20, 37)
Entonces el sacerdote le dio el pan santo, porque no había allí otro pan que el pan presentado al Señor, y ese mismo día se había retirado del altar para reemplazarlo por pan reciente. (I Samuel 21, 7)
Todos conspiráis contra mí, pues nadie me ha dicho que mi hijo ha hecho un pacto con el hijo de Jesé; ninguno de vosotros tiene compasión de mí y ninguno me informa de que mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para tenderme asechanzas, como hoy lo hace". (I Samuel 22, 8)
Saúl le dijo: "¿Por qué conspiráis contra mí, tú y el hijo de Jesé? Tú le diste pan y una espada y consultaste por él al Señor para que se levantase contra mí, como hoy lo hace". (I Samuel 22, 13)
El rey respondió: "Ajimélec, morirás tú y toda tu familia". (I Samuel 22, 16)
Pero los hombres de David le dijeron: "Mira, aquí, en Judá, vivimos asaltados por el terror; ¡cuánto más si vamos a Queilá contra las filas de los filisteos!". (I Samuel 23, 3)
Y los hombres de David le dijeron: "Mira, hoy es el día del que te dijo el Señor: Yo pongo a tu enemigo en tu mano; trátale como bien te parezca". David se levantó y sigilosamente cortó la orla del manto de Saúl. (I Samuel 24, 5)
Mira, padre mío, mira la orla de tu manto en mi mano. Puesto que he cortado la orla de tu manto y no te he matado, reconoce claramente que no hay en mí maldad ni rebeldía. Yo no he pecado contra ti; tú, por el contrario, me acechas para quitarme la vida. (I Samuel 24, 12)