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Tomó, finalmente, a los jefes de centuria, a los nobles, a cuantos tenían autoridad en el pueblo y al pueblo entero y llevaron al rey del templo al palacio real; entraron por la puerta superior y lo sentaron sobre el trono real. (II Crónicas 23, 20)
Entonces el rey llamó a Yehoyadá, sacerdote jefe, y le dijo: "¿Por qué no has tenido cuidado de que los levitas recojan en Judá y en Jerusalén la contribución impuesta por Moisés, siervo de Dios, a la asamblea de Israel para la tienda de la alianza? (II Crónicas 24, 6)
y todos los jefes y el pueblo entero vinieron con alegría a depositar su dinero en el arca hasta llenarla. (II Crónicas 24, 10)
Los obreros se pusieron a trabajar a tal ritmo que bien pronto el templo de Dios estuvo restaurado en su estado primitivo y perfectamente consolidado. (II Crónicas 24, 13)
Después de la muerte de Yehoyadá, los jefes de Judá fueron a postrarse delante del rey, que esta vez siguió sus consejos. (II Crónicas 24, 17)
El Señor les envió profetas para convertirlos, pero no quisieron escuchar sus advertencias. (II Crónicas 24, 19)
Al cabo de un año, el ejército de Siria, penetró en Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y llevó todo el botín al rey de Damasco. (II Crónicas 24, 23)
Lo referente a sus hijos, a los subidos tributos y a la restauración del templo de Dios, está escrito en el comentario del libro de los reyes. Le sucedió su hijo Amasías. (II Crónicas 24, 27)
Amasías reunió a los de Judá y los distribuyó en familias patriarcales bajo jefes de millar y centuria, por todo Judá y Benjamín. Registró a todos los mayores de veinte años, y sumaban trescientos mil hombres escogidos, aptos para la guerra y diestros en la lanza y el escudo. (II Crónicas 25, 5)
La ira del Señor se encendió contra Amasías y le envió un profeta a decirle: "¿Por qué has ido a buscar a los dioses del pueblo al que ellos no pudieron librar de tus manos?". (II Crónicas 25, 15)
Amasías le interrumpió: "¿Has sido nombrado acaso consejero del rey? Termina ya, si no quieres que te mate". El profeta se calló, pero antes dijo: "Ya veo que Dios ha decidido tu perdición, porque has hecho esto y no has escuchado mi consejo". (II Crónicas 25, 16)
Levantó torres en el desierto y abrió muchos pozos porque tenía muchos ganados en la Sefela y en la meseta, labradores y viñadores en los montes y en las huertas, pues era amante de la agricultura. (II Crónicas 26, 10)