Talált 2068 Eredmények: Eva
Trifón preparó toda su caballería para llegar; pero aquella noche cayó mucha nieve, por lo cual, no pudiendo avanzar, levantó el campamento y se dirigió a Galaad. (I Macabeos 13, 22)
Los enemigos de los judíos quisieron entonces invadir su país para devastarlo y poner las manos en su templo. (I Macabeos 14, 31)
El pueblo comprobó la lealtad de Simón y la gloria que pretendía conseguir para su nación. Lo nombró su caudillo y sumo sacerdote precisamente por los servicios prestados, por la justicia y la lealtad demostradas a su nación, buscando por todos los medios la elevación de su pueblo. (I Macabeos 14, 35)
Destacó en ella soldados judíos, la fortificó para seguridad de la nación y de la ciudad y levantó las murallas de Jerusalén. (I Macabeos 14, 37)
que administrara el templo, que se hiciera obedecer por todos, que todos los documentos de la nación fueran realizados en su nombre y que vistiera la púrpura y llevara ornamentos de oro. (I Macabeos 14, 43)
No será permitido a ninguno del pueblo y de los sacerdotes rechazar ninguno de estos puntos, ni contradecir las órdenes que dé, ni reunirse en la nación sin su consentimiento, ni vestir la púrpura o llevar el broche de oro. (I Macabeos 14, 44)
para desembarcar en el país y vengarme de los que han devastado y asolado muchas ciudades de mi reino. (I Macabeos 15, 4)
Habéis devastado su territorio, habéis hecho daño al país y os habéis apoderado de muchas ciudades de mi reino. (I Macabeos 15, 29)
o dad en compensación mil setecientos kilos de plata por las destrucciones llevadas a cabo, y otros mil setecientos por los tributos de las ciudades; si no, te declararé la guerra". (I Macabeos 15, 31)
Cuando Simón y sus hijos se pusieron alegres, se levantó con sus hombres, tomaron las armas, volvieron a la sala del festín y mataron a Simón, a sus hijos y a algunos de sus servidores. (I Macabeos 16, 16)
El resto de la historia de Juan, sus batallas, las gestas llevadas a cabo, los muros que construyó y otras empresas suyas, (I Macabeos 16, 23)
Porque cuando nuestros padres eran llevados a Persia, los piadosos sacerdotes de entonces tomaron en secreto el fuego del altar, lo escondieron en una concavidad, como un pozo seco, y lo ocultaron de modo que aquel lugar quedara ignorado de todos. (II Macabeos 1, 19)