Talált 12214 Eredmények: Est
Un tal Ananías, fiel cumplidor de la ley, estimado por todos los judíos de la ciudad, (Hechos 22, 12)
Él dijo: El Dios de nuestros padres te ha destinado a conocer su voluntad, a ver al Justo y a oír su voz, (Hechos 22, 14)
porque serás su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. (Hechos 22, 15)
Cuando volví a Jerusalén, estando yo orando en el templo, fui arrebatado en éxtasis (Hechos 22, 17)
y vi al Señor, que me decía: Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque no recibirán tu testimonio acerca de mí. (Hechos 22, 18)
Cuando se derramó la sangre de Esteban, tu testigo, yo mismo estaba allí, consintiendo y guardando las ropas de los que lo mataban. (Hechos 22, 20)
Hasta aquí lo estuvieron escuchando, pero entonces se pusieron a gritar: "Quita del mundo a este hombre, porque no merece vivir". (Hechos 22, 22)
Pero cuando le iban a sujetar con correas, Pablo dijo al oficial allí presente: "¿Está permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado antes?". (Hechos 22, 25)
Al oír esto, el oficial salió a comunicárselo al comandante: "¿Qué vas a hacer? Este hombre es romano". (Hechos 22, 26)
El comandante fue y le dijo: "Dime, ¿eres romano?". Pablo contestó: "Sí". (Hechos 22, 27)
El comandante dijo: "Yo he conseguido este derecho de ciudadanía mediante una importante suma". Pablo replicó: "Pues yo lo tengo de nacimiento". (Hechos 22, 28)
El sumo sacerdote Ananías mandó a los que estaban junto a él que le dieran un puñetazo en la boca. (Hechos 23, 2)