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Al ver esto Simón Pedro, cayó a los pies de Jesús, diciendo: "Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador". (Lucas 5, 8)
Estando Jesús en una ciudad, un hombre lleno de lepra, al verlo, se puso de rodillas ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". (Lucas 5, 12)
Y le ordenó: "No se lo digas a nadie; pero, anda, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés para que les conste tu curación". (Lucas 5, 14)
Un día Jesús estaba enseñando. Estaban presentes unos fariseos y unos maestros de la ley que habían venido de todas las aldeas de Galilea y de Judea y de Jerusalén. Jesús hacía curaciones con el poder del Señor. (Lucas 5, 17)
En esto llegan unos hombres trayendo en una camilla a un paralítico. Querían entrar en la casa y ponerlo delante de Jesús. (Lucas 5, 18)
Los maestros de la ley y los fariseos se dijeron: "¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?". (Lucas 5, 21)
E inmediatamente se levantó delante de todos, se cargó la camilla en que había estado tendido y se fue a su casa, alabando a Dios. (Lucas 5, 25)
Después de esto, salió, vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la oficina de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". (Lucas 5, 27)
Los fariseos y los maestros de la ley murmuraban diciendo a sus discípulos: "¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?". (Lucas 5, 30)
Jesús les contestó: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. (Lucas 5, 31)
Jesús les contestó: "¿Es que pueden ayunar los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? (Lucas 5, 34)
Les dijo además una parábola: "Nadie corta una pieza de un traje nuevo para remendar un vestido viejo, pues estropearía el nuevo y la pieza nueva no caería bien en el viejo. (Lucas 5, 36)