Talált 1881 Eredmények: Descendientes De Israel
Todo Israel guardó gran duelo por él y lo lloró durante muchos días. (I Macabeos 13, 26)
El año 170 Israel fue libertado del yugo de los paganos, (I Macabeos 13, 41)
Los judíos entraron el 23 del segundo mes, el año 171, con aclamaciones y palmas, al son de las arpas, címbalos y cítaras, cantando himnos y cánticos por haber sido vencido tan gran enemigo de Israel. (I Macabeos 13, 51)
En el país restableció la paz e Israel saltó de gozo. (I Macabeos 14, 11)
Pues tanto él como sus hijos y la casa de sus padres han demostrado valentía, han luchado contra los enemigos de Israel y nos han devuelto la libertad". Grabaron una inscripción en placas de bronce y las colgaron en columnas en el monte Sión. (I Macabeos 14, 26)
Entonces Simón llamó a sus dos hijos mayores y les dijo: "Yo, mis padres y la casa de mi padre hemos luchado desde nuestra juventud hasta hoy contra los enemigos de Israel y hemos conseguido muchas veces liberar a Israel. (I Macabeos 16, 2)
Al cabo de muchos años, cuando Dios quiso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó a los descendientes de aquellos sacerdotes que lo habían escondido en busca del fuego. Según ellos nos dijeron, no encontraron fuego, sino un agua muy espesa, y mandó que se la llevaran. (II Macabeos 1, 20)
el solo rey y único bondadoso; el solo liberal, el solo justo, omnipotente, eterno, que libras a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste, (II Macabeos 1, 25)
acepta este sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu herencia y santifícala; (II Macabeos 1, 26)
diciendo: "Dios lo ve todo y tendrá piedad de nosotros, como dijo Moisés en el cántico de protesta contra Israel: Tendrá piedad de sus siervos". (II Macabeos 7, 6)
Pero el Señor, Dios de Israel, que lo ve todo, lo hirió con una llaga incurable e invisible. Pues no había terminado de hablar cuando sintió dentro de sí un insoportable dolor de entrañas, acompañado de agudos dolores en los intestinos. (II Macabeos 9, 5)
Después entonaron himnos y alabanzas al Señor, que había engrandecido a Israel y le había dado la victoria. (II Macabeos 10, 38)