Mosaico decorativo

Talált 1846 Eredmények: Batalla En Israel

  • Dijo a los jefes de tribu de Israel: "Esto manda el Señor: (Números 30, 2)

  • Pondréis en pie de guerra mil hombres por cada una de las tribus de Israel". (Números 31, 4)

  • Se reclutaron entre los millares de Israel mil hombres por cada tribu, es decir, doce mil hombres en pie de guerra. (Números 31, 5)

  • Presentaron batalla contra Madián, como el Señor había ordenado a Moisés, y mataron a todos los varones. (Números 31, 7)

  • Fueron ellas, precisamente, las que por consejo de Balaán sedujeron a los israelitas, apartándolos del Señor en el caso de Fegor, lo cual dio ocasión al azote que pesó sobre la comunidad de Israel. (Números 31, 16)

  • Y vosotros queréis seguir las huellas de vuestros padres, como engendro de raza pecadora, y encender todavía más la cólera del Señor contra Israel. (Números 32, 14)

  • Porque si os negáis a seguirlo, él continuará manteniendo a Israel en el desierto y seréis causa de la ruina total del pueblo". (Números 32, 15)

  • entonces, una vez sometida la tierra al Señor, podréis volver y quedaréis exonerados ante el Señor y ante Israel, y este territorio será vuestra propiedad en presencia del Señor. (Números 32, 22)

  • Entonces Moisés dio estas órdenes al sacerdote Eleazar, a Josué, hijo de Nun, y a los cabezas de familia de las tribus de Israel: (Números 32, 28)

  • Si ellas se casan con alguno de otras tribus de Israel, su heredad será sustraída de la heredad de nuestros padres para ir a aumentar la parte de la tribu a la que ellas van a pertenecer, mientras será reducida la parte que a nosotros ha caído en suerte. (Números 36, 3)

  • Éstas son las palabras que Moisés dirigió a todo Israel cuando todavía estaba al otro lado del Jordán, en el desierto, en la Arabá, que está frente a Suf, entre Parán, Tofel, Labán, Jaserot y Di Zahab. (Deuteronomio 1, 1)

  • Será tu lugarteniente Josué, hijo de Nun, quien entrará. Infúndele fuerzas, pues será él quien habrá de poner a Israel en posesión de la tierra. (Deuteronomio 1, 38)


"Não queremos aceitar o fato de que o sofrimento é necessário para nossa alma." São Padre Pio de Pietrelcina