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la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes. (Salmos 107, 34)
cual sombra que declina me voy yendo, me han sacudido igual que a la langosta. (Salmos 109, 23)
los montes brincaron lo mismo que carneros, las colinas como corderillos. (Salmos 114, 4)
montes, para saltar como carneros, colinas, como corderillos? (Salmos 114, 6)
porque hacia mí su oído inclina el día en que clamo. (Salmos 116, 2)
Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta. (Salmos 119, 36)
Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre. (Salmos 119, 112)
«Como piedra de molino estrellada por tierra son esparcidos nuestros huesos a la boca del seol.» (Salmos 141, 7)
¡Yahveh, inclina tus cielos y desciende, toca los montes, que echen humo; (Salmos 144, 5)
montañas y todas la colinas, árbol frutal y cedros todos, (Salmos 148, 9)
Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín. (I Macabeos 2, 1)
Las bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además, con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos, (I Macabeos 6, 35)