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Cuando llegó el momento del parto, resultó que había mellizos en su seno. (Génesis 25, 24)
Los niños crecieron. Esaú se convirtió en un hombre agreste, experto en la caza. Jacob, en cambio, era un hombre apacible y apegado a su carpa. (Génesis 25, 27)
Isaac quería más a Esaú, porque las presas de caza eran su plato preferido; pero Rebeca sentía más cariño por Jacob. (Génesis 25, 28)
En cierta ocasión, Esaú volvió exhausto del campo, mientras Jacob estaba preparando un guiso. (Génesis 25, 29)
Esaú dijo a Jacob: "Déjame comer un poco de esa comida rojiza, porque estoy extenuado". Fue por eso que se dio a Esaú el nombre de Edóm. (Génesis 25, 30)
Pero Jacob le respondió: "Dame antes tu derecho de hijo primogénito". (Génesis 25, 31)
"Me estoy muriendo", dijo Esaú. "¿De qué me servirá ese derecho?". (Génesis 25, 32)
Pero Jacob insistió: "Júramelo antes". Él se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito. (Génesis 25, 33)
Jacob le dio entonces pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió; después se levantó y se fue. Así menospreció Esaú el derecho que le correspondía por ser el hijo primogénito. (Génesis 25, 34)
Luego, aquella región volvió a padecer hambre -aparte de la que había padecido anteriormente, en tiempos de Abraham- e Isaac se fue a Guerar, donde estaba Abimélec, el rey de los filisteos. (Génesis 26, 1)
El Señor se le apareció y le dijo: "No bajes a Egipto; quédate en el lugar que yo te indicaré. (Génesis 26, 2)
Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a tu descendencia, para cumplir el juramento que hice a tu padre Abraham. (Génesis 26, 3)