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ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana? (I Corintios 3, 3)
Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo de Apolo», ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre? (I Corintios 3, 4)
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor. (I Corintios 3, 5)
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios. (I Corintios 3, 6)
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer. (I Corintios 3, 7)
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado. (I Corintios 3, 8)
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios. (I Corintios 3, 9)
Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: (I Corintios 3, 12)
la obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. (I Corintios 3, 13)
Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; (I Corintios 3, 14)
¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. (I Corintios 3, 18)
Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: Él sorprende a los sabios en su propia astucia, (I Corintios 3, 19)