Mosaico decorativo

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  • y fortalecieron el reino de Judá y consolidaron a Roboam, hijo de Salomón, por tres años. Pues tres años siguió el camino de David y de Salomón. (II Crónicas 11, 17)

  • Repartió hábilmente a todos sus hijos por toda la tierra de Judá y de Benjamín, en todas las ciudades fortificadas, les dio alimentos en abundancia y les buscó mujeres. (II Crónicas 11, 23)

  • Tomó las ciudades fortificadas de Judá y llegó hasta Jerusalén. (II Crónicas 12, 4)

  • El profeta Semaías vino a Roboam y a los jefes de Judá que se habían reunido en Jerusalén para hacer frente a Sosaq, y les dijo: «Así dice Yahveh: Vosotros me habéis abandonado, y por esto también yo os abandono en manos de Sosaq.» (II Crónicas 12, 5)

  • Gracias a su humillación se apartó de él la ira de Yahveh y no le destruyó del todo; y concedió algunas cosas buenas a Judá. (II Crónicas 12, 12)

  • Los hechos de Roboam, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en la historia del profeta Semaías y del vidente Iddó? Hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboam. (II Crónicas 12, 15)

  • Abías comenzó a reinar sobre Judá el año dieciocho del rey Jeroboam. (II Crónicas 13, 1)

  • Entre tanto, Jeroboam hizo dar un rodeo para poner una emboscada y atarcarles por detrás, de manera que él estaba frente a Judá y la emboscada a espaldas de éstos. (II Crónicas 13, 13)

  • Al volver Judá la cabeza, vio que se presentaba combate de frente y por detrás. (II Crónicas 13, 14)

  • Entonces clamaron a Yahveh y, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, los hombres de Judá lanzaron el grito de guerra; y al alzar el grito de guerra los hombres de Judá, desbarató Dios a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá. (II Crónicas 13, 15)

  • Huyeron los israelitas delante de Judá, y Dios los entregó en sus manos. (II Crónicas 13, 16)

  • Quedaron entonces humillados los israelitas y prevalecieron los hijos de Judá por haberse apoyado en Yahveh, el Dios de sus padres. (II Crónicas 13, 18)


"Deve-se caminhar em nuvens cada vez que se termina uma confissão!" São Padre Pio de Pietrelcina