Mosaico decorativo

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  • Eliseo le dijo: "¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en tu casa". Ella le respondió: "Tu servidora no tiene en su casa nada más que un frasco de aceite". (II Reyes 4, 2)

  • Después dijo a Guejazí, su servidor: "Llama a esa buena sunamita". El servidor la llamó, y ella se presentó ante él. (II Reyes 4, 12)

  • y Eliseo le dijo: "El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos". Ella exclamó: "No, señor, por favor; tú eres un hombre de Dios, no engañes a tu servidora". (II Reyes 4, 16)

  • El niño creció. Y un día en que había ido a ver a su padre, que estaba con los segadores, (II Reyes 4, 18)

  • le dijo: "¡Ay, mi cabeza! ¡Ay, mi cabeza!". El padre dijo al servidor: "Llévaselo a su madre". (II Reyes 4, 19)

  • Después mandó llamar a su marido y le dijo: "Envíame, por favor, a uno de los servidores con un asna; voy corriendo a ver al hombre de Dios, y en seguida vuelvo". (II Reyes 4, 22)

  • Luego hizo ensillar el asna y dijo a su servidor: "Toma la rienda y camina. No me detengas por el camino, a no ser que yo te lo diga". (II Reyes 4, 24)

  • Así partió y llegó adonde estaba el hombre de Dios, en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la divisó a lo lejos, dijo a Guejazí, su servidor: "Ahí viene nuestra sunamita. (II Reyes 4, 25)

  • Eliseo volvió a Guilgal, cuando el hambre se hacía sentir en la región. Mientras la comunidad de profetas estaba sentada delante de él, dijo a su servidor: "Coloca sobre el fuego la olla grande y prepara un caldo para la comunidad de profetas". (II Reyes 4, 38)

  • Pero su servidor respondió: "¿Cómo voy a servir esto a cien personas?". "Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará". (II Reyes 4, 43)

  • El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor. (II Reyes 4, 44)

  • y presentó al rey de Israel la carta que decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad". (II Reyes 5, 6)


"Quanto maiores forem os dons, maior deve ser sua humildade, lembrando de que tudo lhe foi dado como empréstimo." São Padre Pio de Pietrelcina