Mosaico decorativo

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  • En primer lugar les he transmitido esto, tal como yo mismo lo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; (1º Carta a los Corintios 15, 3)

  • Por eso les enseño algo misterioso: aunque no todos muramos, todos tendremos que ser transformados (1º Carta a los Corintios 15, 51)

  • Porque es necesario que nuestro ser mortal y corruptible se revista de la vida que no conoce la muerte ni la corrupción. (1º Carta a los Corintios 15, 53)

  • Así, pues, llegué a Tróade para predicar el Evangelio de Cristo, y gracias al Señor se me abrió una puerta. (2º Carta a los Corintios 2, 12)

  • Gracias sean dadas a Dios, que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por nuestro ministerio difunde por todas partes su conocimiento cual fragancia de incienso. (2º Carta a los Corintios 2, 14)

  • Ustedes mismos son nuestra carta de recomendación; es una carta escrita en el interior de las personas pero que todos pueden leer y entender. (2º Carta a los Corintios 3, 2)

  • Cuando se dieron leyes grabadas en tablas de piedra, ese ministerio fue rodeado de gloria, a pesar de que no traía más que sentencias de nuerte; eso no obstante, los israelitas no podían fijar su mirada en el rostro de Moisés a causa de su resplandor, aunque era fugaz. (2º Carta a los Corintios 3, 7)

  • Si tan grande fue el ministerio que sentenciaba la condenación, ¿no lo será mucho más todavía el que procura la santidad? (2º Carta a los Corintios 3, 9)

  • Es algo tan glorioso bajo ese aspecto, que la gloria del otro ministerio no era nada en comparación. (2º Carta a los Corintios 3, 10)

  • Aquel ministerio era momentáneo y no tuvo más que momentos de gloria, mientras que el nuestro permanece, y con toda su gloria. (2º Carta a los Corintios 3, 11)

  • Ese es nuestro ministerio, y como lo tenemos por gracia de Dios, no nos desanimamos. (2º Carta a los Corintios 4, 1)

  • Se niegan a creer, porque el dios de este mundo los ha vuelto ciegos de entendimiento y no ven el resplandor del Evangelio glorioso de Cristo, que es imagen de Dios. (2º Carta a los Corintios 4, 4)


"Ouço interiormente uma voz que constantemente me diz: Santifique-se e santifique!" São Padre Pio de Pietrelcina