Mosaico decorativo

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  • El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?» «Soy viuda, pues mi esposo murió. Yo, tu sierva, tenía dos hijos. (2 Samuel 14, 5)

  • Pues ahora la familia me exige que le entregue al que mató a su hermano. Nosotros tenemos que matarlo, dicen, para vengar a su hermano. Y así van a acabar con el heredero, y apagarán la brasa que me queda; con esto no habrá nadie para conservar el apellido de mi marido sobre la tierra.» (2 Samuel 14, 7)

  • David dijo a su jefe, Itaí: «No vengas con nosotros, vuelve y quédate con el nuevo rey. Eres un extranjero, (2 Samuel 15, 19)

  • y te traeré de vuelta a todo el pueblo, como viene la novia a su esposo. Pues lo que tú quieres es la vida de uno solo; en cambio, al pueblo no le pasará nada.» (2 Samuel 17, 3)

  • Por eso más bien te aconsejo que mandes reunir a todo Israel, desde Dan hasta Bersebá, y que tú mismo marches al frente de ese ejército tan numeroso como las arenas del mar. (2 Samuel 17, 11)

  • La tropa respondió: «Tú no debes ir, pues a nadie le llamaría la atención si huimos o si muere la mitad de nosotros; tú, en cambio, eres como diez mil de nosotros. Es mejor que te quedes en la ciudad y puedas socorrernos.» (2 Samuel 18, 3)

  • En este momento, el centinela dijo: «Por el modo de correr, el primero me parece Ajimás, hijo de Sadoc.» David respondió: «Es un hombre valioso; por tanto, trae buenas noticias.» (2 Samuel 18, 27)

  • Pues, con tu actitud, muestras que amas al que te odia y que odias al que te ama. Hoy has mostrado lo poco que te importan tus oficiales y tus soldados, y bien se ve que estarías feliz si hubiéramos muerto todos nosotros y no Absalón. (2 Samuel 19, 7)

  • Ellos replicaron: «Aquel hombre nos persiguió y nos masacró, y pretendía exterminarnos para que no quedara ninguno de nosotros en Israel. (2 Samuel 21, 5)

  • Pero Abisaí, hijo de Sarvia, vino en su ayuda e hirió de muerte al filisteo. Entonces, los hombres de David le pidieron con insistencia: «No salgas más con nosotros a la guerra para que no se apague la antorcha de Israel.» (2 Samuel 21, 17)

  • Me libra del enemigo poderoso, de mis adversarios, demasiado fuertes para mí. (2 Samuel 22, 18)

  • Con el piadoso te muestras piadoso, e irreprochable con el perfecto, (2 Samuel 22, 26)


"O Coração de Jesus não deixará cair no vazio a nossa oração se ela for plena de fé e de confiança." São Padre Pio de Pietrelcina