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Te traeré, te conduciré, te haré venir de las extremidades del norte y haré que subas a las montañas de Israel. (Ezequiel 39, 2)
Te dejarás caer sobre las montañas de Israel con todo tu ejército y todos los pueblos que vienen contigo. Ya te he destinado como comida de las aves de rapiña, de toda clase de pájaros y de las fieras salvajes. (Ezequiel 39, 4)
Daré a conocer mi santo Nombre en medio de mi pueblo de Israel; no permitiré que se lo profane más, y sabrán las naciones que yo soy Yavé, el Santo de Israel. (Ezequiel 39, 7)
Entonces los habitantes de las ciudades de Israel saldrán, encenderán dos fogatas y quemarán las armas, los escudos grandes y chicos, el arco y las flechas, el dardo y la lanza, los quemarán por siete años. (Ezequiel 39, 9)
Ese día le daré como sepultura a Gog un lugar célebre en Israel: el valle de los Abarim, un valle que está al este del mar y cierra el paso a los viajeros. Allí serán enterrados Gog y todo su ejército y lo llamarán: valle de Hamón-Gog. (Ezequiel 39, 11)
Habrá entonces que purificar al país: el pueblo de Israel los enterrará durante siete meses. (Ezequiel 39, 12)
Hijo de hombre, dile a toda clase de aves y a las fieras salvajes: "Júntense, vengan de todas partes y reúnanse para el sacrificio -palabra de Yavé- un gran sacrificio que he preparado en las montañas de Israel; habrá carne para comer y sangre para beber. (Ezequiel 39, 17)
Entonces y para siempre la casa de Israel sabrá que yo soy Yavé, su Dios. (Ezequiel 39, 22)
Las naciones comprenderán que si el pueblo de Israel estuvo en el exilio, fue porque pecó contra mí; le oculté mi rostro porque me fue infiel; lo entregué en manos de sus enemigos, y todos murieron a espada. (Ezequiel 39, 23)
Por eso, esto dice Yavé: Voy a traer de vuelta a los desterrados de Jacob, tendré piedad de todo Israel y defenderé celosamente mi santo Nombre. (Ezequiel 39, 25)
Ya no les ocultaré mi rostro, sino que difundiré mi Espíritu en mi pueblo de Israel - palabra de Yavé. (Ezequiel 39, 29)
Mediante visiones divinas, me condujo al país de Israel y me depositó en una montaña muy alta. En la ladera me pareció ver las construcciones de una ciudad. (Ezequiel 40, 2)