Mosaico decorativo

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  • Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.» (Evangelio según San Mateo 11, 30)

  • En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a desgranar espigas y a comerse el grano. (Evangelio según San Mateo 12, 1)

  • Dijo entonces al enfermo: «Extiende tu mano.» La extendió y le quedó tan sana como la otra. (Evangelio según San Mateo 12, 13)

  • No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea, hasta que haga triunfar la justicia. (Evangelio según San Mateo 12, 20)

  • Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido; ¿cómo podrá mantenerse su reino? (Evangelio según San Mateo 12, 26)

  • Planten ustedes un árbol bueno, y su fruto será bueno; planten un árbol dañado, y su fruto será malo. Porque el árbol se conoce por sus frutos. (Evangelio según San Mateo 12, 33)

  • Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre.» (Evangelio según San Mateo 12, 50)

  • Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón. Pero con eso habría conversión y yo los sanaría. (Evangelio según San Mateo 13, 15)

  • Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, escogen los peces buenos y los echan en canastos, y tiran los que no sirven. (Evangelio según San Mateo 13, 48)

  • Sus hermanas también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le viene todo eso?» Ellos se escandalizaban y no lo reconocían. (Evangelio según San Mateo 13, 56)

  • Todos comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron: ¡doce canastos llenos! (Evangelio según San Mateo 14, 20)

  • Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio.» (Evangelio según San Mateo 15, 22)


"Ouço interiormente uma voz que constantemente me diz: Santifique-se e santifique!" São Padre Pio de Pietrelcina