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David se acercaba, y Ornán, al ver al rey, le salió al encuentro y se postró ante él rostro en tierra. (I Crónicas 21, 21)
David se decía: "Mi hijo Salomón es todavía joven y tierno, y la casa que tiene que edificar al Señor ha de ser famosa en todo el mundo por su esplendor y grandeza. Quiero dejarle hechos los preparativos". (I Crónicas 22, 5)
Llamó luego a su hijo Salomón, le encomendó la construcción de un templo al Señor, Dios de Israel, (I Crónicas 22, 6)
Tendrás un hijo, que será hombre de paz con todos los enemigos de alrededor. Salomón será su nombre; yo concederé paz y tranquilidad a Israel durante los días de su vida. (I Crónicas 22, 9)
David ordenó a todos los jefes de Israel que ayudaran a su hijo Salomón: (I Crónicas 22, 17)
Viejo ya David y cargado de días, nombró a su hijo Salomón rey de Israel. (I Crónicas 23, 1)
David había dicho: "Ya que el Señor, Dios de Israel, ha otorgado paz a su pueblo y ha fijado para siempre su morada en Jerusalén, (I Crónicas 23, 25)
A Supín y a Josá les tocó la occidental con la puerta de Saléquet, sobre la calzada superior. Las puertas de guardia se correspondían. Distribución de las puertas de guardia: (I Crónicas 26, 16)
David convocó en Jerusalén a todos los jefes de Israel; jefes de tribu, jefes de las divisiones al servicio del rey, oficiales de millares y centurias, superintendentes de la hacienda, ganadería e hijos del rey, eunucos y héroes, todo el personal de valía. (I Crónicas 28, 1)
Entre todos mis hijos, pues el Señor me ha dado muchos, ha elegido a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino del Señor sobre Israel. (I Crónicas 28, 5)
Me ha dicho: Tu hijo Salomón construirá mi templo y mis atrios, pues lo he elegido como hijo y yo seré un padre para él. (I Crónicas 28, 6)
Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, sírvele con todo tu corazón, con ánimo bien dispuesto, porque el Señor escudriña los corazones de todos y penetra sus más secretos pensamientos. Si tú lo buscas, él se dejará encontrar; pero si tú lo abandonas, él se retirará para siempre. (I Crónicas 28, 9)