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En seguida él y sus hijos huyeron a los cerros, dejando cuanto tenían en la ciudad. (1 Macabeos 2, 28)
Los funcionarios del Rey y la gobernación de la ciudad de David en Jerusalén, recibieron la información de que unos hombres habían desobedecido la orden del rey y habían ido a esconderse en cavernas del desierto. (1 Macabeos 2, 31)
Jerusalén estaba sin habitantes, como un desierto. No había ninguno de sus hijos que entrara o saliera. El templo estaba profanado, y extranjeros vivían en la ciudad, que era entonces residencia de paganos. La alegría ya no existía en Jacob, ni la flauta ni la cítara se escuchaban. (1 Macabeos 3, 45)
Asaltó y tomó la ciudad de Gazer con sus aldeas y se volvió a Judá. (1 Macabeos 5, 8)
Inmediatamente, Judas volvió con su ejército hacia el desierto de Bosorá, ocupó la ciudad, pasó al filo de la espada a todos los hombres, se apoderó del botín y luego incendió la ciudad. (1 Macabeos 5, 28)
Judas comprendió que el asalto había comenzado; de la ciudad un fragor subía hacia el cielo, gritos y toques de trompetas. Entonces (1 Macabeos 5, 31)
Pero los judíos tomaron la ciudad y quemaron el recinto sagrado con todos los que estaban dentro. Los de Carnaím fueron aplastados y ya nadie pudo resistir a Judas. (1 Macabeos 5, 44)
Llegaron a Efrón, ciudad importante y fuerte, situada en el camino. Necesariamente tenían que pasar por ella, ya que no había posibilidad de desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. (1 Macabeos 5, 46)
La gente de guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la noche, hasta que cayó en sus manos. (1 Macabeos 5, 50)
Hizo pasar a filo de espada a todos los varones, arrasó la ciudad y se llevó sus despojos. Luego atravesó la ciudad por encima de los cadáveres; (1 Macabeos 5, 51)
Pero salió Gorgias de la ciudad con sus hombres y los atacó. (1 Macabeos 5, 59)
De allí pasó Judas a Azoto, en el país de los filisteos, derribó sus altares, incendió las estatuas de sus dioses, saqueó la ciudad y luego se volvió a Judá. (1 Macabeos 5, 68)