Löydetty 1427 Tulokset: Vie
Cuando los aliados de Hadadézer se vieron derrotados por Israel, firmaron la paz con David y le quedaron sometidos. Desde entonces los sirios no se atrevieron a volver a ayudar más a los amonitas. (I Crónicas 19, 19)
Se llevó cautivos a sus habitantes y los puso a trabajar con sierras, picos y hachas. Lo mismo hizo con todas las ciudades amonitas. David y todo su ejército volvieron a Jerusalén. (I Crónicas 20, 3)
Viejo ya David y cargado de días, nombró a su hijo Salomón rey de Israel. (I Crónicas 23, 1)
"Yájat era el primero, Zizá el segundo, luego Yeús y Beriá, que no tuvieron muchos hijos y fueron registrados en una sola familia. (I Crónicas 23, 11)
Su hijo Semayas tuvo hijos que tuvieron autoridad en sus casas patriarcales porque eran hombres valerosos. (I Crónicas 26, 6)
Éstos tuvieron sus clases de porteros. A los jefes de estos valientes les fueron señaladas sus obligaciones, igual que a sus hermanos, en el servicio del templo del Señor. (I Crónicas 26, 12)
El rey se puso en pie y dijo: "Escuchadme, hermanos míos y pueblo mío. Yo tenía el deseo de construir un templo donde estuviera permanentemente el arca de la alianza del Señor, estrado de los pies de nuestro Dios; había hecho incluso preparativos para la construcción, (I Crónicas 28, 2)
¿Quién soy yo y quién es mi pueblo para que podamos ofrecerte tantas cosas? Pues todo viene de ti y tuyo es lo que te hemos dado. (I Crónicas 29, 14)
te concedo la sabiduría y la inteligencia. Pero te daré también riquezas, hacienda y fama como no las tuvieron los reyes que te han precedido, ni las tendrán los que vengan detrás de ti". (II Crónicas 1, 12)
sino que elegí a Jerusalén para morada de mi nombre y elegí a David para que estuviera al frente de mi pueblo Israel. (II Crónicas 6, 6)
Cuando tu pueblo Israel sea derrotado por el enemigo por haber pecado contra ti, si se convierte, te confiesa su pecado, te suplica y te ruega en este templo, (II Crónicas 6, 24)
También al extranjero, que no es de tu pueblo Israel, si viene de tierras lejanas atraído por la fama de tu nombre, la fuerza de tu mano y el poder de tu brazo a orar en este templo, (II Crónicas 6, 32)