Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el trigésimo octavo día, llegamos al Monte Sinaí, un momento crucial en la historia bíblica. Éxodo 19-20 describe la solemne preparación del pueblo, el aterrador descenso de Dios sobre la montaña entre fuego y truenos, y la proclamación de los Diez Mandamientos, la base moral del pacto con Israel. Levítico 13 detalla los procedimientos para diagnosticar la lepra y otras enfermedades de la piel, demostrando la preocupación por la pureza comunitaria. El Salmo 74 es un lamento por la profanación del santuario, invocando a Dios para que recuerde su pacto y defienda su causa.

Capítulo 19

1. El mismo día en que empezaba el tercer mes después de la salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto de Sinaí.

2. Habían salido de Refidim, y llegaban al desierto de Sinaí donde acamparon. Los israelitas establecieron su campamento frente al monte,

3. y Moisés subió hacia Dios. Yavé lo llamó del cerro y le dijo: «Esto es lo que dirás a los hijos de Jacob, lo que explicarás a los hijos de Israel:

4. Ustedes han visto cómo he tratado a los egipcios y que a ustedes los he llevado sobre las alas del águila para traerlos hacia mí.

5. Ahora, pues, si ustedes me escuchan atentamente y respetan mi alianza, los tendré por mi propio pueblo entre todos los pueblos. Pues el mundo es todo mío,

6. pero los tendré a ustedes como un reino de sacerdotes, y una nación que me es consagrada.»

7. Entonces Moisés bajó del cerro y llamó a los jefes del pueblo, y les expuso todas estas instrucciones que Yavé le había dado.

8. Todo el pueblo a una voz contestó: «Haremos todo lo que Yavé ha mandado.» Luego Moisés llevó a Yavé la respuesta del pueblo.

9. Yavé dijo a Moisés: «Yo vendré a ti en medio de una espesa nube para que el pueblo oiga cuando yo hable contigo y tenga fe en ti también para siempre.»

10. Yavé dijo a Moisés: «Vuelve donde el pueblo y mándales que se purifiquen hoy y mañana; que laven sus ropas

11. y estén listos para pasado mañana, porque pasado mañana Yavé bajará a vista de todos sobre el monte Sinaí.

12. Señala al pueblo un límite alrededor del monte, y diles que no traten de subir al monte o de alcanzarlo. Todo aquel que traspase el límite deberá morir.

13. Que nadie ponga las manos sobre el culpable, sino que sea apedreado o flechado; sea hombre o animal, no debe vivir más. Solamente cuando se oiga el toque de cuerno algunos podrán subir.»

14. Moisés bajó del monte y lo consagró; lavaron sus ropas,

15. y Moisés dijo: «No tengan relaciones sexuales y estén listos para pasado mañana.»

16. Al tercer día, al amanecer, hubo sobre el monte truenos, relámpagos y una espesa nube; se oía un sonido muy fuerte de cuerno. En el campamento todo el pueblo se puso a temblar.

17. Entonces Moisés los hizo salir del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.

18. El monte Sinaí entero humeaba, porque Yavé había bajado en medio del fuego. Subía aquel humo como de un horno, y todo el monte temblaba muy fuerte.

19. El sonido del cuerno iba creciendo: Moisés hablaba y Dios le contestaba con el trueno.

20. Yavé bajó a la cumbre del monte Sinaí y, desde allí, llamó a Moisés. Y Moisés subió.

21. Yavé dijo a Moisés: «Baja del monte para advertir al pueblo que no traspase los límites para acercarse a Yavé y para ver algo, no sea que perezcan muchos.

22. Que también los sacerdotes que se acercan a Yavé se santifiquen, no sea que Yavé los deje tendidos en el suelo.»

23. Moisés contestó: «El pueblo no puede subir al monte, pues se lo prohibiste y me dijiste: Pon un cerco al pie del monte y tenlo por lugar sagrado.»

24. Y Yavé prosiguió: «Anda, baja del cerro y sube luego con Aarón; pero que los sacerdotes y el pueblo no intenten traspasar el límite para subir hacia Yavé, no sea que él los deje tendidos en el suelo.»

25. Moisés, pues, bajó hasta el pueblo y les dijo...

Capítulo 20

1. Entonces Dios dijo todas estas palabras:

2. «Yo soyYavé, tu Dios, el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud.

3. No tendrás otros dioses fuera de mí.

4. No te harás estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra.

5. No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso. yo pido cuentas a hijos, nietos y biznietos por la maldad de sus padres que no me quisieron.

6. Pero me muestro favorable hasta mil generaciones con los que me aman y observan mis mandamientos.

7. No tomes en vano el nombre deYavé, tu Dios, porque Yavé no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano.

8. Acuérdate del día del Sábado, para santificarlo.

9. Trabaja seis días, y en ellos haz todas tus faenas.

10. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje: ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales, ni los forasteros que viven en tu país.

11. Pues en seis días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Sábado y lo hizo sagrado.

12. Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la tierra que Yavé, tu Dios, te da.

13. No mates.

14. No cometas adulterio.

15. No robes.

16. No atestigües en falso contra tu prójimo.

17. No codicies la casa de tu prójimo. No codicies su mujer, ni sus servidores, su buey o su burro. No codicies nada de lo que le pertenece.»

18. Mientras tanto, todo el pueblo estaba mirando: todo era truenos, relámpagos y sonido de trompeta en el cerro que humeaba. Al verlo el pueblo temblaba de miedo, y se mantenían a distancia.

19. Entonces dijeron a Moisés: «Habla tú con nosotros, que te escucharemos; pero que no hable Dios, no sea que muramos.»

20. Moisés les respondió: «No teman, pues Dios ha venido para probarlos; él quiere que su temor permanezca en ustedes y así no pequen.»

21. El pueblo, pues, se mantuvo a distancia mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde estaba Dios.

22. Yavé habló a Moisés: «Esto dirás a los hijos de Israel: ya han visto cómo yo les he hablado desde el cielo.

23. No pondrán junto a mí dioses de plata ni de oro.

24. A mí me harás un altar de tierra y sobre él ofrecerás tus sacrificios de comunión, tus ovejas y vacas; vendré a ti y te bendeciré en todo lugar en que yo haya revelado mi Nombre.

25. Si me haces un altar de piedra, no serán piedras labradas, porque al trabajarlas con el hierro quedarían profanadas.

26. Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu desnudez.

Plan de lectura completo

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1. Yavé habló a Moisés y a Aarón, diciendo:

2. «Cuando uno tenga en su piel tumor, erupción o mancha blanca y se forme en su piel como una llaga de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos, los sacerdotes.

3. El sacerdote examinará la llaga; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y la llaga parece hundida en la piel, es llaga de lepra; cuando el sacerdote lo haya comprobado, lo declarará impuro.

4. Pero si hay en la piel una mancha blanca que no parezca hundida en la piel, y si el pelo no se ha vuelto blanco, el sacerdote recluirá durante siete días al afectado.

5. Al séptimo día lo examinará y, si comprueba que la llaga subsiste pero no se ha extendido por la piel, el sacerdote lo recluirá otros siete días.

6. Pasados estos días lo volverá a examinar; si ve que la llaga ha perdido su color y no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo declarará puro; no se trata más que de una erupción. El afectado lavará sus vestidos y será puro.

7. Pero si sigue la erupción y se extiende por la piel, el sacerdote lo examinará de nuevo.

8. El sacerdote, al comprobar que la erupción se extiende por la piel, lo declarará impuro. Es un caso de lepra.

9. En cuanto una persona tenga una llaga de lepra, la llevarán al sacerdote.

10. El la examinará y, si observa un tumor blanco en la piel, si el pelo se ha vuelto blanco y se nota una úlcera en la hinchazón,

11. se trata de lepra arraigada en su piel; el sacerdote lo declarará impuro sin esperar más, porque es impuro.

12. Si la lepra se ha desarrollado sobre la piel hasta cubrirla de la cabeza hasta los pies, por cuanto el sacerdote alcance a verlo,

13. éste lo examinará. A pesar de que esa lepra cubra todo el cuerpo, declarará pura la persona. Con tal de que todo sea blanco, la persona es pura.

14. Pero en cuanto se vea una llaga, será impura.

15. Si el sacerdote ve una llaga la declarará impura. La llaga significa impureza y lepra.

16. Pero si la llaga cambia, volviéndose blanca, el afectado ha de presentarse al sacerdote.

17. Este lo examinará y, si la llaga se ha vuelto blanca, lo declarará puro: porque es puro.

18. Cuando alguien lleva en la carne o en la piel una úlcera, puede ser que sane la úlcera;

19. pero si en su lugar aparece un tumor blanco, o una mancha blanca y rojiza, entonces la persona tendrá que presentarse al sacerdote.

20. Este la examinará y, si la mancha parece hundida en la piel y su pelo se ha vuelto blanco, el sacerdote la declarará impura: una llaga de lepra se ha desarrollado en la úlcera.

21. Pero, si el sacerdote ve que no hay pelo blanco en la mancha ni está hundida en la piel, y que se ha secado, recluirá la persona por siete días.

22. Si entonces la mancha se extiende por la piel, el sacerdote declarará la persona impura; es un caso de lepra.

23. Si, en cambio, la mancha no se ha extendido, es la cicatriz de la úlcera; el sacerdote declarará la persona pura.

24. Cuando alguien haya tenido una quemadura de la piel, y ésta se haya curado formándose una mancha de color blanco o rojizo,

25. el sacerdote la examinará; si el pelo se ha vuelto blanco, y la mancha parece hundida en la piel, es que se ha producido lepra en la quemadura. El sacerdote declarará la persona impura: es un caso de lepra.

26. Si, en cambio, ve que no aparece pelo blanco en la mancha, que no está hundida la piel, recluirá la persona siete días.

27. Al séptimo día la examinará, y, si se ha extendido por la piel, la declarará impura; es lepra.

28. Pero, si la mancha no se ha extendido y ha perdido color, se trata de la costra de la quemadura; el sacerdote declarará la persona pura, pues es la cicatriz de la quemadura.

29. Cuando un hombre o una mujer tengan una llaga en la cabeza o en la barbilla,

30. el sacerdote examinará la llaga, y si ésta parece hundida en la piel, y si hay en ella pelo amarillento y más ralo, el sacerdote lo declarará impuro; es tiña, o sea, lepra de la cabeza o de la barbilla.

31. Pero, si el sacerdote ve que la llaga no parece hundida en la piel y no hay en ella pelo amarillo, recluirá la persona por siete días.

32. Al séptimo día el sacerdote examinará el mal, y, si no se ha extendido la tiña y no hay pelo amarillento, ni la llaga parece más hundida que la piel,

33. aquella persona se afeitará menos en el lugar de la tiña, y el sacerdote la recluirá otra vez por siete días.

34. Al séptimo día la examinará y, si no se ha extendido la llaga por la piel, ni aparece más hundida que la piel, la declarará pura.

35. Si esa tiña, después de esta declaración, se va extendiendo por la piel,

36. el sacerdote, al comprobar que la tiña se ha extendido, ya no tendrá que buscar pelo amarillento; aquella persona es impura.

37. Pero, si le parece que la tiña no se ha extendido y ha brotado en ella pelo negro, esa persona ha sanado de la tiña: es pura, y así lo declarará el sacerdote.

38. Cuando un hombre o una mujer tengan en su piel manchas brillantes blancas,

39. el sacerdote las examinará; si comprueba que las man chas de la piel son de color blanco, se trata de una eczema que ha brotado en la piel; esta persona es pura.

40. Si a alguno se le cae el pelo de la cabeza y queda calvo, es puro.

41. Si se le cae el pelo por la parte delantera de la cabeza, es un calvo por delante; queda puro.

42. Pero si en la calva, por detrás o por delante, aparece una llaga de color blanco rojizo, es lepra que se ha producido en la calva, sea por detrás o por delante.

43. El sacerdote lo examinará y, si la hinchazón de la llaga en la parte calva es de color blanco rojizo, con aspecto de lepra en la piel,

44. se trata de un leproso, es impuro. El sacerdote lo declarará impuro: tiene lepra en la cabeza.

45. El leproso que tiene llaga de lepra llevará los vestidos rasgados e irá despeinado; se cubrirá hasta el bigote y tendrá que gritar: «¡Impuro, impuro! »

46. Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro y, siendo impuro, vivirá solo; se quedará fuera del campamento.

47. Cuando aparezca una llaga de lepra en un vestido de lana o de lino,

48. sea en la urdimbre o en la trama del lino o lana, o en una piel o en cualquier objeto de cuero,

49. si la mancha en el vestido o en la piel, en la urdimbre o en la trama, o en cualquier objeto hecho de cuero tiene color verdoso o rojizo, es llaga de lepra y debe ser mostrada al sacerdote.

50. El sacerdote examinará la mancha y encerrará el objeto manchado durante siete días.

51. Al séptimo, el sacerdote examinará la mancha y, si se ha extendido por el vestido, sea en la urdimbre o en la trama, por la piel o por un objeto de cuero, es un caso de lepra maligna;

52. será quemado.

53. Si el sacerdote ve que la mancha no se ha extendido por el vestido, en la urdimbre o en la trama o por el objeto de cuero,

54. hará lavar el objeto manchado y lo encerrará otros siete días.

55. Si el sacerdote ve que la mancha, después de haber sido lavada, no ha cambiado de aspecto, el objeto es impuro, aun en caso de que la mancha no se haya extendido. Lo entregarás al fuego: es una corrosión por la cara o por detrás.

56. En cambio, si el sacerdote ve que la parte manchada, después de lavada, ha perdido color, la rasgará del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama.

57. Pero si vuelve a aparecer en el vestido, en la urdimbre o en la trama, en el objeto de cuero, ha vuelto la lepra, por lo que quemarás el objeto que está afectado.

58. El vestido, la urdimbre o la trama o el objeto de cuero que después de ser lavados pierdan la mancha, serán lavados por segunda vez y quedarán puros.

59. Esta es la ley para la mancha de lepra que se halla en los vestidos de lana o de lino, en la urdimbre o en la trama o en cualquier objeto hecho de cuero, para declararlos puros e impuros.»

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1. ¿Por qué, oh Dios, esos continuos rechazos, y esa ira contra el rebaño de tu redil?

2. Acuérdate de tu comunidad, que antiguamente adquiriste y rescataste para que fuera tu tribu y heredad con el monte Sión donde tú moras.

3. Dirige tus pasos a esas ruinas sin remedio; saqueó todo, el enemigo, en el santuario. Lanzaron alaridos en tu tienda, a la entrada pusieron la bandera extranjera.

5. Lo derribaron todo con el hacha como leñadores en el bosque;

6. el enmaderado y sus esculturas los demolieron a machete y azuela.

7. Prendieron fuego a tu santuario y profanaron la morada de tu Nombre.

8. Dijeron: "¡Acabemos con ellos de una vez!" y en el país incendiaron todos los santuarios.

9. Ya no vemos signos de ti, ya no hay profetas, y nadie entre nosotros que nos diga hasta cuando.

10. ¿Hasta cuándo, oh Dios, blasfemará el opresor y seguirá el enemigo ultrajando tu nombre?

11. ¿Por qué retiras tu mano? ¿o la tienes tomada de la cintura?

12. ¿No eres acaso desde siempre mi Dios, mi rey, tú, el autor de las liberaciones del país?

13. Tú con tu poder, dividiste el mar, y aplastaste las cabezas de monstruos marinos.

14. Rompiste las cabezas de Leviatán y lo diste por comida a las tortugas de mar.

15. Tú hiciste brotar fuentes y torrentes, tú secaste ríos inagotables.

16. Tuyo es el día y tuya es la noche, tú ajustas la luz y el sol.

17. Pusiste todos los límites de la tierra, y formaste el invierno y el verano.

18. No lo olvides, el enemigo insultó al Señor, un pueblo de locos ultrajó tu nombre.

19. No entregues a las fieras el alma que te da gracias, no olvides para siempre la vida de tus pobres.

20. Mira cómo han guardado tu alianza, en las cuevas del país, lugares de resistencia.

21. Que el oprimido no vuelva avergonzado, que el pobre y el pequeño puedan alabar tu nombre.

22. Levántate, oh Dios, y defiende tu causa, te insultan todo el día, no olvides a esos locos.

23. No olvides el alboroto de tus adversarios y el clamor siempre creciente de tus agresores.

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"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina