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En el día 279, Nehemías 11 nos habla de la organización y el asentamiento del pueblo en Jerusalén. Ester 9-11 relata la victoria de Ester y la preservación de Israel de sus enemigos. Proverbios 21:17-20 nos recuerda el valor de la diligencia, la templanza y la importancia de vivir con prudencia y sabiduría en todos los aspectos de la vida.
1. Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo echó a suertes para que, de cada diez hombres, uno se quedara viviendo en Jerusalén, la Ciudad Santa, quedando los otros nueve en las otras ciudades.
2. El pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron voluntariamente para habitar en Jerusalén.
3. Estos son los jefes de la provincia que se quedaron viviendo en Jerusalén. Respecto a las ciudades de Judea, cada uno se estableció en su propiedad, en la ciudad de su familia, tanto el pueblo de Israel como sus sacerdotes y levitas, los ayudantes y los hijos de los siervos de Salomón.
4. En Jerusalén se establecieron hombres de los hijos de Judá y de los hijos de Benjamín. De los hijos de Judá: Ataías, hijo de Ozías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Estefanías, hijo de Majalalel; de los hijos de Peres:
5. Maaseías, hijo de Baruc, hijo de Col-José, hijo de Jazaías, hijo de Adaías, hijo de Joyarib, hijo de Zacarías, hijo de Selá.
6. El total de los hijos de Peres, que vivían en Jerusalén, era de 468 hombres fuertes.
7. Los hijos de Benjamín eran: Salú, hijo de Mesulam, hijo de Yoed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías, hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Isaías,
8. y sus hermanos, hombres fuertes: 928 en total.
9. Joel, hijo de Ciorí, era el jefe, y Judá, hijo de Senúa ocupaba el segundo puesto en la ciudad.
10. De los sacerdotes: Jedaías, hijo de Seraías, hijo de Jilquías,
11. hijo de Melusam, hijo de Sadoq, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, jefe de la Casa de Dios,
12. y sus hermanos empleados en la obra de la Casa, en total, 822; Adaías, hijo de Jerojam, hijo de Pelalías, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Maiquías,
13. y sus hermanos, jefes de la familia: 242 en total; y Amasay, hijo de Azarel, hijo de Ajzay, hijo de Mesilemot, hijo de Immer,
14. y sus hermanos, hombres fuertes: 128 en total. Su encargado era Zabdiel, hijo de Haggadol.
15. De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Buní;
16. Sabtay y Yosabad, que entre los jefes de los levitas estaban al frente de los asuntos exteriores de la Casa de Dios;
17. Mattanías, hijo de Milká, hijo de Zabdi, hijo de Asaf, que entonaba los cantos de acción de gracias; Baqbuquías, el segundo entre sus hermanos; Abdías, hijo de Sammúa, hijo de Galal, hijo de Jedutún.
18. Total de los levitas en la Ciudad Santa: 284.
19. Los porteros: Aqub, Talmón y sus hermanos, los guardianes de las puertas: 172 en total.
20. El resto de Israel, de los sacerdotes y levitas residían en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad.
21. Los ayudantes habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban al frente de los ayudantes.
22. El encargado de los levitas en Jerusalén era Uzzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Mattanías, hijo de Miká; era uno de los hijos de Asaf que estaban encargados del mantenimiento de la Casa de Dios,
23. porque había acerca de los cantores un mandato del rey y un reglamento que fijaba los actos de cada día.
24. Petajías, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zeraj, hijo de Judá, era representante del pueblo ante el rey.
25. El resto de los israelitas, de los sacerdotes y levitas se estableció en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad y en los poblados situados en los campos. Parte de los hijos de Judá habitaban en Quiryat-Arbá y sus aldeas dependientes, en Dibón y sus aldeas dependientes, en Jecabseel y sus poblados,
26. en Jesua, en Moladá, en Bet-Pélet,
27. en Jasar-Sual, en Bersebá y sus aldeas dependientes,
28. en Siquelag, en Meconá y sus aldeas dependientes,
29. en En-Rimmón, en Soreá, en Yarmut,
30. en Zanoaj, Adulam y sus aldeas; Laquis y su comarca, Azecá y sus aldeas dependientes: se establecieron desde Bersebá hasta el valle de Hinnón.
31. Algunos hijos de Benjamín habitaban en Gueba, Mikmás, Ayyá, Betel y sus aldeas dependientes,
32. Anatot, Nob, Ananás,
33. Jasor, Ramá, Guittayim,
34. Jadid, Sebim, Nebalat,
35. Lod y Onó, y el valle de los obreros.
36. Algunos de los levitas de Judá se fueron a Benjamín.
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1. Las órdenes del rey debían ejecutarse el día trece del duodécimo mes, Adar, el mismo día en que los enemigos de los judíos tenían pensado aplastarlos; pero la situación cambió, pues fueron los judíos quienes aplastaron a sus adversarios.
2. En todas las provincias del imperio se juntaron los judíos de cada ciudad para perseguir a los que habían tratado de asesinarlos. Nadie pudo resistirles, pues el miedo a los judíos se había apoderado de todos.
3. E incluso los virreyes, los gobernadores, los jefes de provincias y demás funcionarios reales prestaron su colaboración a los judíos por temor a Mardoqueo.
4. Este, en efecto, era un personaje importante en la corte, pues su fama se había extendido por todo el imperio y su poder crecía día a día.
5. Los judíos persiguieron a espada a sus enemigos, haciendo en ellos una espantosa carnicería, pues los tenían a su merced.
6. En Susa, por ejemplo, pasaron a cuchillo a quinientos hombres,
7. además de Pasandata, Dalfon, Aspata,
8. Porata, Adalía, Aridata,
9. Parmaseta, Arisai, Aridai, y Baizata, incluyendo a los hijos de Amán, el perseguidor de los judíos, pero no se apoderaron de sus bienes.
11. Cuando supo Asuero el número de víctimas en Susa, dijo a la reina:
12. «Si aquí en Susa, nada más, los judíos han dado muerte a quinientas personas, ¿qué no irán a hacer en las demás provincias? ¿Piensas, sin embargo, que ya te concedí lo que me pedías, o crees que todavía no ha sido satisfecho tu deseo?»
13. Ester respondió: «Quisiera aún pedirte algo, ¡oh rey!: permite que los judíos de Susa puedan proseguir mañana ejecutando lo dispuesto en el edicto y ordena además que los cadáveres de los diez hijos de Amán sean colgados de la horca.»
14. Como el rey consintiera en ambas cosas,
15. los judíos de Susa volvieron a reunirse al día siguiente, catorce del mes, y dieron muerte a trescientos hombres, pero no se adueñaron de sus cosas.
16. Por su parte, los judíos de las otras provincias también se organizaron para defender sus vidas y su tranquilidad, dando muerte a sesenta y cinco mil de sus enemigos, pero no tocaron sus bienes.
17. Esto aconteció el trece del mes. Al día siguiente se dedicaron a descansar y a celebrar el triunfo con banquetes y fiestas.
18. Los judíos de Susa, empero, como habían ocupado dos días en hacerse justicia, destinaron el día quince para descansar y festejarlo.
19. Esto explica que los judíos que viven en el campo o en aldeas celebren esa fecha con fiestas y banquetes el día catorce de Adar y se envíen regalos unos a otros, y, en cambio, los que habitan en las ciudades tengan como día de fiesta para intercambiarse regalos el quince del mes de Adar.
20. Mardoqueo puso por escrito estos hechos. Luego envió cartas a todos los judíos que vivían en las diversas provincias del imperio, estuvieran lejos o cerca.
21. Los exhortaba a que, cada año, celebraran los días trece y catorce de Adar,
22. para recordar que en esos días los judíos se habían librado de sus enemigos y que, en ese mes, su angustia se había cambiado en felicidad y su duelo en día de fiesta. Los convidaba, pues, a que ese día lo pasaran alegremente, se enviaran regalos unos a otros y dieran limosna a los pobres.
23. Los judíos adoptaron como norma lo que habían comenzado a hacer por su cuenta antes de que se lo dijera Mardoqueo.
24. Les decía, además, que Amán, hijo de Hamedata, el agagita, su perseguidor, como pensaba matarlos a todos, había tirado el Pur, es decir, sorteado cuándo los iba a perseguir y destruir.
25. Pero que, como el rey había conocido oportunamente sus intenciones, había ordenado por decreto que recayese sobre su cabeza el mal que pensaba hacerles a los judíos y lo había mandado ahorcar junto con sus hijos.
26. Por eso tales días se llaman Purim, que viene de la palabra Pur. Debido a lo expresado en esta carta y a lo que ellos mismos habían visto y vivido, los judíos, junto con sus descendientes y con los que se les agregaran en el futuro, se comprometieron a celebrar anualmente y sin falta estos dos días, en la fecha indicada, según se lo pedía Mardoqueo.
27. Y como en cada generación o en cada familia, ciudad o provincia, estos días de Purim serían recordados y celebrados,
28. no perderían estos hechos actualidad entre los judíos, ni su memoria se borraría en el porvenir.
29. Ester, con su autoridad de reina, estampó su firma en esta segunda carta para que tuviera más valor.
30. Las cartas fueron despachadas a todos los judíos de las ciento veintisiete provincias del imperio, ordenándoles, con palabras de paz y de amistad,
31. que observaran estos días de Purim, como lo había establecido Mardoqueo, y respetaran, ellos y sus descendientes, la obligación de ayunar y de guardar luto.
32. Así, pues, Ester le dio el valor de ley a esta celebración de Purim y quedó constancia de ello por escrito.
1. El rey Asuero estableció un impuesto en los países del continente y en las islas del mar.
2. Todo lo que realizó durante su gobierno y todas sus hazañas, como también la narración del ascenso de Mardoqueo, se encuentran narrados en el libro de las Crónicas de los reyes de Media y de Persia.
3. Así se lee, en efecto, que Mardoqueo era el primer ministro del rey; que fue muy apreciado por los judíos y querido por todos sus hermanos; que procuró siempre el bien de su pueblo y vivió preocupado de la felicidad de sus connacionales.
4. Reflexionando sobre todo lo que había pasado, dijo Mardoqueo: «Sin duda que todo esto ha venido de Dios.
5. Pues si me pongo a repasar el sueño que tuve, nada falta de lo que vi entonces:
6. ni el pequeño manantial que se convirtió en un río desbordante, ni la luz que brillaba, ni el sol. El río es Ester,
6. a quien el rey tomó por esposa y la hizo reina.
8. Los dos dragones somos Amán y yo. Las naciones son aquellos que se organizaron para hacer desaparecer a la nación judía.
9. Mi pueblo es Israel, que clamó a Dios y fue escuchado. Sí, el Señor ha salvado a su pueblo; el Señor nos ha librado de todos estos males y Dios ha realizado una serie de milagros y maravillas como nunca se vieron en otras naciones.
10. En realidad, él trazó dos destinos, uno para su pueblo y otro para las demás naciones.
11. Ambos se cumplieron en la hora y fecha señalada, es decir, en el día en que él intervino en medio de todas las naciones.
12. Dios, entonces, se acordó de su pueblo e hizo justicia a su heredad.
13. Por eso, los días catorce y quince del mes de Adar serán, en adelante, días de reunión, de alegría y de fiesta delante de Dios para su pueblo Israel, desde ahora y para siempre.» El año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que se decía sacerdote y levita, junto con su hijo Tolomeo, trajeron la presente carta sobre los Purim, diciendo que era auténtica y que había sido traducida por Lisímaco, hijo de Tolomeo, que vivía en Jerusalén.
1. El segundo año de reinado del gran rey Asuero, a fines de marzo, tuvo un sueño Mardoqueo, hijo de Jaír, de la tribu de Benjamín.
2. Este judío, que vivía en Susa, era un personaje muy importante, como que ocupaba un puesto en la corte.
3. Era uno de los desterrados que acompañaban a Jeconías, rey de Judá, y que habían sido traídos cautivos por el rey de Babilonia, Nabucodonosor.
4. Soñó Mardoqueo que se escuchaban gritos y ruidos,
5. que resonaban los truenos, temblaba la tierra y reinaba un gran pánico en todo el mundo. Y veía a dos enormes dragones que se enfrentaban, listos para atacarse, lanzando rugidos.
6. Pero apenas las naciones oían estos rugidos, se organizaban para atacar a la nación de los buenos.
7. Era un día de tinieblas y de oscuridad.
8. La pena, la angustia, el peligro, el miedo se cernía sobre la tierra. Temblando de pavor ante la desgracia que los amenazaba, los justos, resignados a morir, invocaban a Dios.
9. De ese clamor nacía, como de un pequeño manantial, un río inmenso que desbordaba los campos.
10. Aparecía la luz con el sol. Los desamparados triunfaban y los poderosos eran derrotados.
11. Cuando Mardoqueo despertó, entendió que Dios con ese sueño quería mostrarle algo. Anduvo todo el día pensando en lo que había soñado, tratando de una forma u otra de saber qué querría decir.
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17. El que ama el placer terminará en la pobreza, nadie se enriquece corriendo tras el vino y los perfumes.
18. El malo pagará por el justo; el traidor será castigado, no el hombre bueno.
19. Más vale vivir en un rincón solitario que con una mujer peleadora y desagradable.
20. El sabio tiene en su casa aceite y provisiones, el tonto sólo sabe gastarlas.
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"As almas! As almas! Se alguém soubesse o preço que custam". São Padre Pio de Pietrelcina