Plan de lectura completo
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
En el día 101, seguimos las enseñanzas y los milagros de Jesús en Juan 7-9, incluyendo conversaciones sobre su identidad y autoridad. Proverbios 5:15-23 nos advierte sobre la fidelidad y la sabiduría, mostrando la importancia de las decisiones correctas y la integridad personal.
1. Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle.
2. Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas.
3. Sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras que realizas.
4. Si uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo.»
5. Sus hermanos hablaban así porque no creían en él.
6. Jesús les contestó: «Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es bueno.
7. El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras son malas.
8. Suban ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado.»
9. Así habló Jesús y se quedó en Galilea.
10. Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto.
11. Los judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?»
12. Corrían muchos comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona.» Otros replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo.»
13. Pero nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos.
14. Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar.
15. Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?»
16. Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado.
17. El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina viene de él o si hablo por mi propia cuenta.
18. El que habla en nombre propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»
19. «Moisés les dio la Ley, ¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren matarme?»
20. Le gritaron: «Eres víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?»
21. Jesús les respondió: «Esta no es más que mi primera intervención, y todos ustedes están desconcertados.
22. Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso en día sábado.
23. Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he salvado al hombre entero en día sábado?
24. No juzguen por las apariencias, sino que juzguen lo que es justo.»
25. Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar?
26. Ahí lo tienen hablando con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él es el Mesías?
27. Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene.»
28. Entonces Jesús dijo en voz muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen.
29. El es el que me ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él.»
30. Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora.
31. De todos modos, muchos del pueblo creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales milagrosas que este hombre?»
32. Los fariseos se enteraron de los comentarios que hacía la gente sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes, enviaron guardias del Templo para detenerlo.
33. Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré con ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado.
34. Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir donde yo estoy.»
35. Los judíos se preguntaban: «¿Adónde piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá tal vez visitar a los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos griegos?
36. ¿Qué quiere decir con eso de: "Me buscarán y no me encontrarán", y "Ustedes no pueden venir donde yo estoy"?»
37. El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que tenga sed, que venga a mí, y que beba
38. el que cree en mí. Lo dice la Escritura: De él saldrán ríos de agua viva.»
39. Decía esto Jesús refiriéndose al Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.
40. Muchos de los que escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta.»
41. Unos afirmaban: «Este es el Mesías.» Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea?
42. ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de David?»
43. La gente, pues, estaba dividida a causa de Jesús.
44. Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima.
45. Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?»
46. Los guardias contestaron: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste.»
47. Los fariseos les dijeron: «¿También ustedes se han dejado engañar?
48. ¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él?
49. Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!»
50. Les respondió Nicodemo, el que había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo:
51. «¿Acaso nuestra ley permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha hecho?»
52. Le contestaron: «¿También tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas.»
53. Y se fue cada uno a su casa.
1. Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos.
2. Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles.
3. Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio
4. y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto.
5. En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?»
6. Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo.
7. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra.»
8. Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.
9. Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él.
10. Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?»
11. Ella contestó: «Ninguno, señor.» Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.»
12. Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida.»
13. Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio favor; tu testimonio no vale nada.»
14. Jesús les contestó: «Aunque yo hable en mi favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy. Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy.
15. Ustedes juzgan con criterios humanos; yo no juzgo a nadie.
16. Y si yo tuviera que juzgar, mi juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me envió está conmigo.
17. En la Ley de ustedes está escrito que con dos personas el testimonio es válido.
18. Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me ha enviado da testimonio de mí.»
19. Le preguntaron: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre.»
20. Jesús dijo estas cosas en el lugar donde se reciben las ofrendas, cuando estaba enseñando en el Templo, pero nadie lo tomó preso, porque aún no había llegado su hora.
21. De nuevo Jesús les dijo: «Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y morirán en su pecado.»
22. Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?»
23. Pero Jesús les dijo: «Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
24. Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados.»
25. Le preguntaron: «Pero ¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles.
26. Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado: él es veraz.»
27. Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del Padre.
28. Y añadió: «Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado.
29. El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.»
30. Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en él.
31. Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra;
32. entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.»
33. Le respondieron: «Somos descendientes de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: "Ustedes serán libres"?»
34. Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado.
35. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre.
36. Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres.
37. Yo sé que ustedes son descendientes de Abrahán, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme.
38. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.»
39. Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abrahán.» Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abrahán, actuarían como Abrahán.
40. Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abrahán.
41. Ustedes actúan como hizo el padre de ustedes.» Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios.»
42. Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado.
43. ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden acoger mi mensaje.
44. Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira.
45. Por eso ustedes no me creen cuando les digo la verdad.
46. ¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les digo la verdad, ¿por qué no me creen?
47. El que es de Dios escucha las palabras de Dios; ustedes no las escuchan porque no son de Dios.»
48. Los judíos le replicaron: «Tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás poseído por un demonio.»
49. Jesús les dijo: «Yo no tengo un demonio, pero ustedes me deshonran a mí porque honro a mi Padre.
50. Yo no tengo por qué defender mi honor, hay otro que se preocupa por mí y hará justicia.
51. En verdad les digo: El que guarda mi palabra no probará la muerte jamás.»
52. Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abrahán murió y también los profetas, ¿y tú dices: "Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte"?
53. ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abrahán, que murió, lo mismo que murieron los Profetas? ¿Quién te crees?»
54. Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo que ustedes llaman «nuestro Dios».
55. Ustedes no lo conocen, yo sí lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y guardo su palabra.
56. En cuanto a Abrahán, padre de ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó. ».
57. Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán?»
58. Contestó Jesús: «En verdad les digo que antes que Abrahán existiera, Yo soy.»
59. Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
1. Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
2. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?»
3. Jesús respondió: «Esta cosa no es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima.
4. Mientras es de día tenemos que hacer la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar.
5. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
6. Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego
7. y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado).» El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente.
8. Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?»
9. Unos decían: «Es él. » Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece».
10. Pero él afirmaba: «Sí, soy yo.» Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?»
11. Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo.»
12. Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé.»
13. La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego.
14. Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego, era día de descanso.
15. Y como nuevamente los fariseos preguntaban al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.»
16. Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios.» Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos.
17. Entonces hablaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta.»
18. Los judíos no quisieron creer que siendo ciego había recobrado la vista, hasta que no llamaran a sus padres.
19. Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?»
20. Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego.
21. Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede responder de sí mismo.»
22. Los padres contestaron así por miedo a los judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a Jesús como el Mesías.
23. Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él.»
24. De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador.»
25. El respondió: «Yo no sé si es un pecador, lo que sé es que yo era ciego y ahora veo.»
26. Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
27. El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»
28. Entonces comenzaron a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés.
29. Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es.»
30. El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene.
31. Es sabido que Dios no escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha.
32. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
33. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
34. Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron.
35. Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?»
36. Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
37. Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo.»
38. El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él.
39. Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos.»
40. Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?»
41. Jesús les contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: "Vemos", y esa es la prueba de su pecado.»
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
15. ¡Toma el agua de tu propia cisterna, bebe el agua que brota de tu fuente!
16. No permitas que tus aguas se pierdan fuera, que las vean correr por las calles.
17. ¡Que sean sólo para ti, y no para extraños junto contigo!
18. ¡Bendita sea tu fuente, y sea tu alegría la mujer de tu juventud,
19. graciosa cierva, amable gacela! Encuentra el placer entre sus pechos en cualquier momento, y permanece siempre prendado de su amor!
20. ¿Por qué, hijo mío, te dejarías llevar por la pasión por una desconocida, por qué apretar el vientre de una extraña?
21. Has de saber que Yavé observa el comportamiento de los hombres y vigila todos sus pasos.
22. El que hace el mal quedará atrapado en el mal que hizo, se verá atado por sus propios pecados.
23. Morirá porque falta de disciplina, se perderá cuando sus errores lleguen al colmo.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
"Onde não há obediência, não há virtude. Onde não há virtude, não há bem, não há amor; e onde não há amor, não há Deus; e sem Deus não se chega ao Paraíso." São Padre Pio de Pietrelcina