Plan de lectura completo
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En el día sesenta y uno del plan, vemos la debilidad humana ante la provisión divina. En Números 11, el pueblo se queja del maná, y Moisés clama al Señor pidiendo ayuda. Dios responde enviando codornices, pero también disciplina la ingratitud. En Deuteronomio 10, Moisés recuerda la renovación del pacto y el llamado a temer y amar a Dios con todo el corazón. El Salmo 33 nos lleva a alabar al Creador por su justicia y eterna fidelidad.
1. El pueblo murmuró malvadamente a los oídos de Yavé. Yavé lo oyó y se enojó: se encendió el fuego de Yavé contra el pueblo y devoró las primeras tiendas del campamento.
2. Entonces el pueblo le suplicó a Moisés. Moisés intercedió ante Yavé y el fuego se apagó. A ese lugar se le dio el nombre de Tabera porque se había encendido contra ellos el fuego de Yavé.
4. El montón de gente extraña que se encontraba en medio de los Israelitas sólo pensaba en comer, y hasta los mismos israelitas se pusieron a quejarse. Decían: "¿Quién nos dará carne para comer?"
5. ¡Cómo echamos de menos el pescado que gratuitamente comíamos en Egipto, los pepinos, melones, porros, cebollas y ajos.
6. Ahora tenemos la gargante seca, y no hay nada, absolutamente nada más que ese maná en el horizonte!
7. El maná era como la semilla del cilantro, se parecía a un manojo de malvavisco.
8. La gente del pueblo se dispersaba para recogerlo, luego lo molían entre dos piedras o lo machacaban en un mortero. Después lo cocían en una olla y hacían con él tortillas. Su sabor era parecido al de una tortilla con aceite.
9. Por la noche, apenas caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.
10. Moisés oyó que el pueblo lloraba, cada familia a la entrada de su tienda, mientras ardía la cólera de Yavé. Moisés se afectó mucho por eso.
11. Le dijo a Yavé: "¿Por qué tratas tan mal a tu servidor? ¡No me has hecho ningún favor al imponerme la carga de todo este pueblo!
12. ¿Soy yo acaso quien lo dio a luz para que me digas: Llévalo en tu seno, como la nodriza lleva a su bebé, al país que prometiste bajo juramento a nuestros padres?
13. Todo el pueblo viene a mí para decirme: ¡Danos carne, queremos comerla! Pero, ¿de dónde voy a sacar carne para dársela?
14. ¡No puedo conducir solo a todo este pueblo, es demasiado peso para mí!
15. Si así es como me quieres tratar, mejor mátame, te lo ruego; con eso me harías un favor y me vería libre de esta desgracia!"
16. Yavé le respondió a Moisés: "Júntame setenta ancianos de Israel, hombres de los que sabes que son ancianos y escribas de su pueblo, y llévalos a la Tienda de las Citas. Que se paren a tu lado.
17. Bajaré y hablaré contigo; luego tomaré de mi espíritu que está en ti y se lo pondré a ellos. Llevarán contigo la carga del pueblo y ya no tendrás que llevarla solo.
18. Dirás al pueblo: Santifíquense para mañana, comerán carne ya que vinieron a llorar a los oídos de Yavé. Pues ustedes dijeron: ¿Quién nos dará carne para comer? ¡Estábamos tan bien en Egipto! Yavé les dará carne y la comerán.
19. La comerán no sólo uno o dos, o siquiera cinco, diez o veinte días,
20. sino todo un mes, hasta que les salga por las narices y sientan asco de ella. Porque menospreciaron a Yavé que está en medio de ustedes cuando vinieron a llorar ante él, diciéndole: ¿Por qué salimos de Egipto?"
21. Moisés dijo: "El pueblo al que pertenezco consta de seiscientos mil hombres de a pie, y tú dices: ¿¡Les voy a dar carne y la comerán todo un mes!?
22. Si se mataran para ellos rebaños de ovejas y de bueyes, ¿tendrían bastante? Si se recogieran para ellos todos los pescados del mar, ¿sería suficiente?
23. Yavé le dijo a Moisés: "¡Así que la mano de Yavé es muy corta! Ahora verás si mi palabra se cumple o no".
24. Moisés salió y transmitió al pueblo las palabras de Yavé: Reunió a setenta hombres de entre los ancianos del pueblo, que se pusieron de pie alrededor de la Tienda.
25. Entonces Yavé bajó en la nube y habló, luego tomó del espíritu que estaba en Moisés y lo puso en los setenta hombres ancianos. Cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar, pero después no lo hicieron más.
26. Dos hombres se habían quedado en el campamento, el primero se llamaba Eldad y el otro, Medad; el espíritu se posó sobre ellos. Pertenecían a los inscritos, pero no habían ido a la Tienda, y profetizaron en el campamento.
27. Un muchacho corrió para anunciárselo a Moisés:"Eldad y Medad están profetizando en el campamento".
28. Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés desde su juventud, tomó la palabra: "¡Mi señor Moisés, prohíbeselo!
29. Pero Moisés le respondió: "¿Así que te pones celoso por mí?¡Ojalá que todo el pueblo de Yavé fuera profeta, que Yavé les diera a todos su espíritu!"
30. Después de eso,Moisés regresó al campamento junto con los ancianos de Israel.
31. Empezó a soplar un viento: venía de Yavé. El viento venía del mar y arrastraba codornices, las que dispersó por el campamento y sus alrededores hasta un día de camino. Las había por todo el derredor del campamento formando una capa de dos codos.
32. El pueblo se levantó, y toda esa noche y todo el día siguiente se dedicó a recoger codornices. El que menos tenía había juntado diez grandes medidas. Las pusieron a secar alrededor del campamento.
33. Pero aún tenían la carne entre los dientes, y todavía no terminaban de masticarla, cuando la cólera de Yavé se encendió contra el pueblo. Yavé le asestó al pueblo un golpe tremendo.
34. A ese lugar se le dio el nombre de Quibrot-ha-taava, porque allí fueron enterrados los que se habían lanzado como hambrientos sobre la comida.
35. De Quibrot-ha-taava partió el pueblo para Jaserot.
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1. En ese tiempo Yavé me dijo: «Labra dos tablas de piedra semejantes a las primeras y sube hacia mí en el monte; harás también un Arca de madera.
2. Yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras que rompiste y las pondrás en el Arca.»
3. Hice, pues, un arca de madera de acacia, labré dos tablas de piedra como las primeras y subí al cerro llevándolas.
4. Yavé escribió en las tablas eso mismo que había en las primeras, las diez palabras que les dijo en el monte desde en medio del fuego, en el día de la Asamblea, y me las dio.
5. A la vuelta, bajando del monte, puse las tablas en el Arca que había hecho , y quedaron allí como me lo mandó Yavé.
6. (Los hijos de Israel partieron de los pozos de Jacán, caminando hacia Mosera. Allí murió Aarón y fue sepultado, y su hijo Eleazar lo sucedió.
7. De allí pasaron a Gudgoda, y de Gudgoda a Yotbata, tierra de aguas y arroyos.
8. Fue entonces cuando Yavé puso aparte la tribu de Leví para que llevaran el Arca de la Alianza, para que fueran sus servidores y sus adoradores, y para que bendijeran invocando su nombre, como lo hacen hasta el día de hoy.
9. Por eso Leví no ha compartido la herencia con sus hermanos; Yavé es su heredad, como Yavé, tu Dios, se lo dijo.)
10. Yo, pues, estuve en el monte cuarenta días y cuarenta noches, como la primera vez, y también esa vez escuchó Yavé mi súplica y renunció a destruirte.
11. Luego Yavé me dijo: «Levántate y ponte al frente de este pueblo para que vayan a tomar posesión de la tierra que juré dar a sus padres.»
12. Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que pide Yavé, tu Dios, sino que temas a Yavé, tu Dios, que sigas todos sus caminos y que lo ames y lo sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma?
13. Guarda los mandamientos de Yavé y sus leyes que hoy te ordeno para tu bien.
14. Mira: a Yavé, tu Dios, pertenecen los cielos visibles e invisibles, la tierra y cuanto hay en ella.
15. Pero sólo con tus padres estableció Yavé lazos de amor, y después de ellos eligió a su descendencia, a ustedes mismos, con preferencia a todos los pueblos, como hoy puedes ver.
16. Ustedes, pues, necesitan otra circuncisión, que es la del corazón, para que ya no le presenten una frente desafiante.
17. Porque Yavé es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, el Dios fuerte y terrible, el que da un trato igual a todos y no se deja comprar con regalos.
18. Hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero dándole pan y vestido.
19. Ama, pues, al forastero, porque forastero fuiste tú mismo en el país de Egipto.
20. A Yavé, tu Dios, temerás, a él servirás, a él seguirás e invocarás su nombre si debes hacer algún juramento.
21. A él irán tus alabanzas, pues El es tu Dios, que ha hecho por ti las cosas asombrosas que has visto.
22. Cuando bajaron a Egipto, tus antepasados no eran más de setenta personas, y ahora Yavé, tu Dios, te ha hecho un pueblo numeroso como las estrellas del cielo.
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1. Buenos, festejen al Señor, pues los justos le deben alabar.
2. Denle gracias, tocando la guitarra, y al son del arpa entónenle canciones.
3. Entonen para él un canto nuevo, acompañen la ovación con bella música.
4. Pues recta es la palabra del Señor, y verdad toda obra de sus manos.
5. El ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia.
6. Por su palabra surgieron los cielos, y por su aliento todas las estrellas.
7. Junta el agua del mar como en un frasco, y almacena las aguas del océano.
8. Tema al Señor la tierra entera, y tiemblen ante él sus habitantes,
9. pues él habló y todo fue creado, lo ordenó y las cosas existieron.
10. Malogra los proyectos de los pueblos y deshace los planes de las naciones.
11. Pero el proyecto del Señor subsiste siempre, sus planes prosiguen a lo largo de los siglos.
12. Es feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él escoge como herencia.
13. Mira el Señor de lo alto de los cielos, y contempla a los hijos de los hombres.
14. Del lugar en que vive está observando a todos los que habitan en la tierra;
15. él, que solo formó sus corazones, él, que escudriña todas sus acciones.
16. No salva al rey lo inmenso de sus tropas, ni su gran fuerza libra al que combate.
17. No es verdad que un caballo sirva para triunfar, no salvará al jinete ni con todo su brío.
18. Está el ojo del Señor sobre los que le temen, y sobre los que esperan en su amor,
19. para arrancar sus vidas de la muerte y darles vida en momentos de hambruna.
20. En el Señor nosotros esperamos, él es nuestra defensa y nuestro escudo;
21. en él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre tenemos confianza.
22. Venga, Señor, tu amor sobre nosotros, como en ti pusimos nuestra confianza.
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"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina