Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 329, Hechos 8 describe la propagación del evangelio a través de Felipe y la conversión del eunuco etíope. Romanos 13-14 instruye sobre la sumisión a la autoridad y el amor al prójimo como cumplimiento de la ley. Proverbios 27:15-17 enfatiza cómo la camaradería y las relaciones fortalecen el carácter, comparando la amistad sincera con el hierro que afila al hierro.

1. Saulo estaba allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.

2. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron un gran duelo por él.

3. Saulo, por su parte, trataba de destruir a la Iglesia. Entraba casa por casa, hacía salir a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.

4. Mientras tanto, los que se habían dispersado anunciaban la Palabra en los lugares por donde pasaban.

5. Así Felipe anunció a Cristo a los samaritanos en una de sus ciudades adonde había bajado.

6. Al escuchar a Felipe y ver los prodigios que realizaba, toda la población se interesó por su predicación.

7. Pues espíritus malos salían de los endemoniados dando gritos, y varios paralíticos y cojos quedaron sanos.

8. Hubo, pues, gran alegría en aquella ciudad.

9. Había llegado a aquella ciudad antes que Felipe un hombre llamado Simón. Tenía muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas y se hacía pasar por un gran personaje.

10. Todos estaban pendientes de él, pequeños y grandes, y decían: «Este es el poder de Dios", pues se hablaba de un tal "gran poder de Dios.»

11. Desde hacía tiempo los tenía alucinados con sus artes mágicas, y la gente lo seguía.

12. Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios y del poder salvador de Jesús, el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron y empezaron a bautizarse.

13. Incluso Simón creyó y se hizo bautizar. No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver las señales milagrosas y los prodigios que se realizaban .

14. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticia de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.

15. Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo,

16. ya que todavía no había descendido sobre ninguno de ellos y sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús.

17. Pero entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

18. Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero,

19. diciendo: «Denme a mí también ese poder, de modo que a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo.»

20. Pedro le contestó: «¡Al infierno tú y tu dinero! ¿Cómo has pensado comprar el Don de Dios con dinero?

21. Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios.

22. Arrepiéntete de esa maldad tuya y ruega al Señor que te perdone por tus intenciones, si es posible.

23. Porque en tus caminos solamente veo amargura y lazos de maldad.»

24. Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no venga sobre mí nada de lo que han dicho.»

25. Pedro y Juan dieron testimonio y, después de predicar la Palabra del Señor, volvieron a Jerusalén. Por el camino evangelizaron varios pueblos de Samaría.

26. Un ángel del Señor se presentó a Felipe y le dijo: «Dirígete hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza; no pasa nadie en esos momentos.»

27. Felipe se levantó y se puso en camino. Y justamente pasó un etíope, un eunuco de Candaces, reina de Etiopía, un alto funcionario al que la reina encargaba la administración de su tesoro. Había ido a Jerusalén a rendir culto a Dios,

28. y ahora regresaba, sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.

29. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate a ese carro y quédate pegado a su lado.»

30. Y mientras Felipe corría, le oía leer al profeta Isaías. Le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?»

31. El etíope contestó: «¿Cómo lo voy a entender si no tengo quien me lo explique?» En seguida invitó a Felipe a que subiera y se sentara a su lado.

32. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca.

33. Fue humillado y privado de sus derechos. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.

34. El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿a quién se refiere el profeta? ¿A sí mismo u a otro?»

35. Felipe empezó entonces a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura.

36. Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope dijo: «Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?» (

37. Felipe respondió: «Puedes ser bautizado si crees con todo tu corazón.» El etíope replicó: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.»)

38. Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó al eunuco

39. Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo. Prosiguió, pues, su camino con el corazón lleno de gozo.

40. En cuanto a Felipe, se encontró en Azoto y salió a evangelizar uno tras otro todos los pueblos hasta llegar a Cesarea.

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Capítulo 13

1. Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades. Pues no hay autoridad que no venga de Dios, y los cargos públicos existen por voluntad de Dios.

2. Por lo tanto, el que se opone a la autoridad se rebela contra un decreto de Dios, y tendrá que responder por esa rebeldía.

3. No hay por qué temer a las autoridades cuando se obra bien, pero sí cuando se obra mal. ¿Quieres vivir sin tener miedo a las autoridades? Pórtate bien y te felicitarán.

4. Han recibido de Dios la misión de llevarte al bien, y si te portas mal, témelas, pues no tienen las armas sin razón. También tienen misión de Dios para castigar a los malhechores.

5. Así, pues, hay que obedecer, pero no solamente por miedo al castigo, sino por deber de conciencia.

6. Por la misma razón pagan los impuestos, y deben considerar a quienes los cobran como funcionarios de Dios.

7. Den, pues, a cada uno lo que le corresponde: el impuesto, si se le debe impuesto; las tasas, si se le deben tasas; obediencia, si corresponde obedecer; respeto si se le debe respeto.

8. No tengan deuda alguna con nadie, fuera del amor mutuo que se deben, pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido con la Ley.

9. Pues los mandamientos: no cometas adulterio, no mates, no robes, no tengas envidia. y todos los demás, se resumen en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

10. El amor no hace nada malo al prójimo; el amor, pues, es la manera de cumplir la Ley.

11. Comprendan en qué tiempo estamos, y que ya es hora de despertar. Nuestra salvación está ahora más cerca que cuando llegamos a la fe.

12. La noche va muy avanzada y está cerca el día: dejemos, pues, las obras propias de la oscuridad y revistámonos de una coraza de luz.

13. Comportémonos con decencia, como se hace de día: nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución y vicios, nada de pleitos y envidias.

14. Más bien revístanse del Señor Jesucristo, y no se dejen arrastrar por la carne para satisfacer sus deseos.

Capítulo 14

1. Sean comprensivos con el que no tiene segura su fe, y dejen las discusiones que terminan en división.

2. Hay quien cree que puede comer de todo, mientras que otros, menos seguros, comen sólo verduras.

3. El que come de todo no debe despreciar al que se abstiene; y el que no come de todo, que no critique al que come, pues Dios lo ha tomado tal como es.

4. ¿Y quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si se mantiene en pie o se cae es asunto de su patrón. Pero no se caerá, porque su Señor tiene poder para mantenerlo en pie.

5. Para unos hay días buenos y días malos, mientras que para otros todos los días son iguales. Que cada uno, pues, siga su propio parecer.

6. El que se preocupa por un día de buena suerte, lo hace por el Señor; y el que come lo hace por el Señor, pues al comer le da gracias. Y también el que no come lo hace por el Señor y le da igualmente gracias.

7. De hecho, ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

8. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. Tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor.

9. Por esta razón Cristo experimentó la muerte y la vida, para ser Señor de los muertos y de los que viven.

10. Entonces tú, ¿por qué criticas a tu hermano? O ¿por qué lo desprecias? Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios.

11. Está escrito: Juro por mí mismo, palabra del Señor, que toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua confesará la verdad ante Dios.

12. Quede bien claro que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí mismo.

13. Dejemos, pues, de juzgarnos los unos a los otros. Examinémonos, más bien, no sea que pongamos delante de nuestro hermano algo que lo haga tropezar.

14. Yo sé, y estoy seguro de ello en el Señor Jesús, que ninguna cosa es impura de por sí, pero sí lo es para quien la considera impura.

15. Entonces, si tú ofendes a tu hermano con lo que comes, ya no vives según el amor. No vayas a destruir con tu dieta a aquel por quien murió Cristo.

16. No den motivo de escándalo, aun cuando tengan la razón.

17. Piensen que el Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida, sino de justicia, de paz y alegría en el Espíritu Santo.

18. Quien de esta forma sirve a Cristo, agrada a Dios y también es apreciado por los hombres.

19. Busquemos, pues, lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos.

20. No destruyas la obra de Dios por cuestión de alimentos; si bien todos son puros, es malo comerlos cuando la conciencia te reprocha.

21. Mejor es abstenerse de carne, vino o de cualquier otra cosa, si eso puede ser causa de tropiezo para tu hermano.

22. Mantén tus propias convicciones ante Dios. Dichoso aquel a quien su conciencia no le reprocha su decisión.

23. Pero si uno come cuando su conciencia se lo reprocha, se condena a sí mismo, pues su convicción era otra, y todo lo que uno hace en contra de su convicción es pecado.

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15. Gotera continua todo a lo largo de un día de lluvia, así es la mujer peleadora.

16. ¿Dominarla? sería como coger el viento, o tomar el aceite con la mano.

17. El fierro aguza el fierro; uno se afina en contacto con el prójimo.

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"Deus quer que as suas misérias sejam o trono da Sua misericórdia." São Padre Pio de Pietrelcina