Plan de lectura completo
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En el día 160, Marcos 13-14 presenta las profecías de Jesús sobre el fin de los tiempos, las señales y las advertencias, seguidas de los acontecimientos que condujeron a su pasión. El Salmo 68 refuerza la protección y la victoria divinas, animándonos a confiar plenamente en el Señor en toda circunstancia.
1. Cuando Jesús salió del Templo, uno de sus discípulos le dijo: «Maestro, mira qué inmensas piedras y qué construcciones.»
2. Jesús le respondió: «¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará de ellas piedra sobre piedra. Todo será destruido.»
3. Poco después Jesús se sentó en el monte de los Olivos, frente al Templo, y entonces Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en privado:
4. «Dinos cuándo sucederá eso y qué señales habrá antes de que ocurran todas esas cosas.»
5. Y Jesús empezó a decirles: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar.
6. Porque muchos reivindicarán lo que es mío, y dirán: «Yo soy el que están esperando», y engañarán a muchos.
7. Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no se alarmen, porque eso tiene que pasar, pero todavía no será el fin.
8. Habrá conflictos: nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos y hambre en diversos lugares. Estos serán los primeros dolores del parto.
9. Pero ustedes preocúpense de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos, serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos.
10. Porque primero el Evangelio tiene que ser proclamado en todas las naciones.
11. Cuando sean arrestados y los entreguen a los tribunales, no se preocupen por lo que van a decir, sino digan lo que se les inspire en ese momento; porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo.
12. El hermano entregará a la muerte al hermano y el padre al hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y les darán muerte.
13. Y serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará.
14. Cuando vean al ídolo del opresor instalado en el lugar donde no debe estar (el que lea, que entienda bien), entonces los que estén en Judea huyan a los cerros.
15. Si estás en la parte superior de la casa, no bajes a recoger tus cosas.
16. Si estás en el campo, no vuelvas a buscar tus ropas.
17. ¡Pobres de las mujeres que estén embarazadas o estén criando en aquellos días!
18. Oren para que esto no suceda en invierno.
19. Porque en aquellos días habrá tal angustia como no hubo otra igual desde el principio de la creación hasta los días presentes, ni la habrá en el futuro.
20. Tanto que si el Señor no acortara esos días, nadie se salvaría. Pero él ha decidido acortar esos días en consideración a sus elegidos.
21. Si alguien entonces les dice: Mira, el Cristo está aquí o está allá, no lo crean.
22. Aparecerán falsos mesías y falsos profetas, que harán señales y prodigios capaces de engañar incluso a los elegidos, si esto fuera posible.
23. Estén alerta, yo se lo he advertido todo.
24. Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo,
25. las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá.
26. Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria.
27. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28. Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca.
29. Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas.
30. En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso.
31. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32. Por lo que se refiere a ese Día y cuando vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre. (Mt 24,42; 25,13; Lc 12,32; 21,34)
33. Estén preparados y vigilando, porque no saben cuándo llegará ese momento.
34. Cuando un hombre va al extranjero y deja su casa, entrega responsabilidades a sus sirvientes, cada cual recibe su tarea, y al portero le exige que esté vigilante.
35. Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada;
36. no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos.
37. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos.»
1. Faltaban dos días para la Fiesta de Pascua y de los Panes Azimos. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban la manera de detener a Jesús con astucia para darle muerte,
2. pero decían: «No durante la fiesta, para que no se alborote el pueblo.»
3. Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el Leproso. Mientras estaban comiendo, entró una mujer con un frasco precioso como de mármol, lleno de un perfume muy caro, de nardo puro; quebró el cuello del frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.
4. Entonces algunos se indignaron y decían entre sí: «¿Cómo pudo derrochar este perfume?
5. Se podría haber vendido en más de trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres.» Y estaban enojados contra ella.
6. Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo es una obra buena.
7. Siempre tienen a los pobres con ustedes, y en cualquier momento podrán ayudarlos, pero a mí no me tendrán siempre.
8. Esta mujer ha hecho lo que tenía que hacer, pues de antemano ha ungido mi cuerpo para la sepultura.
9. En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto y será su gloria.»
10. Entonces Judas Iscariote, uno de los Doce, fue donde los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús.
11. Se felicitaron por el asunto y prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el momento oportuno para entregarlo.
12. El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?»
13. Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo
14. hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos?
15. El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros.»
16. Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
17. Al atardecer, llegó Jesús con los Doce.
18. Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan.»
19. Ellos se entristecieron mucho al oírle, y le empezaron a preguntar uno a uno: «¿Seré yo?»
20. El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo.
21. El Hijo del Hombre se va, conforme dijeron de él las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! Sería mucho mejor para él no haber nacido.»
22. Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo.»
23. Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella.
24. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre.
25. En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
26. Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos.
27. Y Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche, pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.
28. Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea.»
29. Entonces Pedro le dijo: «Aunque todos tropiecen y caigan, yo no.»
30. Jesús le contestó: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me habrás negado tres veces.»
31. Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.» Y todos decían lo mismo.
32. Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar.»
33. Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia,
34. y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos.»
35. Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora.
36. Decía: «Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
37. Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora?
38. Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil.»
39. Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras.
40. Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle.
41. Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42. ¡Levántense, vámonos!, ya viene el que me va a entregar.»
43. Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos.
44. El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.»
45. Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús diciendo: «¡Maestro, Maestro!» y lo besó.
46. Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado.
47. En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja.
48. Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos.
49. ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras.»
50. Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron.
51. Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron;
52. pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.
53. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí; estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley.
54. Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego.
55. Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban.
56. Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían.
57. Algunos lanzaron esta falsa acusación:
58. «Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres.»
59. Pero tampoco con estos testimonios estaban de acuerdo.
60. Entonces el Sumo Sacerdote se levantó; pasó adelante y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?»
61. Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?».
62. Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo.»
63. El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos?
64. Ustedes acaban de oír sus palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte.
65. Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de preguntarle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.
66. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote.
67. Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret.»
68. El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas.» Y salió al portal.
69. Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos.»
70. Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo.»
71. Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.»
72. En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.
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2. Que Dios se pare y sus enemigos se dispersen, que huyan ante él los que lo odian.
3. Como humo al viento, así tú los disipas, como cera en el fuego se deshacen.
4. En presencia de Dios los malos perecen, mientras que los justos se regocijan, y ante Dios saltan y gritan de alegría.
5. Canten a Dios y toquen a su Nombre, abran camino al que cabalga en las nubes, alégrense en Dios y bailen ante él.
6. Padre del huérfano, defensor de las viudas, ese es Dios en su santa morada.
7. Al solitario le da el calor de hogar, deja libre al preso encadenado, a los rebeldes los deja en calabozos.
8. Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo, para tomar el camino del desierto,
9. la tierra tembló y los cielos destilaron en presencia de Dios, el Dios de Israel.
10. Esparciste una lluvia generosa para reanimar a los tuyos extenuados,
11. tu familia encontró una morada, la que en tu bondad destinabas a los pobres.
12. El Señor ha mandado una palabra, y es buena noticia para el gran ejército:
13. ¡Huyen, huyen los reyes con sus tropas! Una sirvienta reparte el botín:
14. alas de paloma cubiertas de plata, con sus plumas color de oro.
15. Mientras el Omnipotente vencía a los reyes, caía nieve en el monte Salmón.
16. Montes de Dios, montes de Basán, montes escarpados, montes de Basán:
17. ¿por qué miran celosos, montes escarpados, al monte que Dios quiso habitar? Sepan que el Señor lo habita para siempre.
18. Los carros de Dios son miles y miles, en ellos vino del Sinaí al Santuario.
19. Subiste a las alturas, tomaste cautivos, y recibiste hombres en tributo. Hasta los rebeldes se quedarán a tu lado.
20. ¡Bendito sea el Señor día tras día! El Dios que salva se encarga de nosotros.
21. Se hizo para nosotros un Dios que libera, con Yahvé, el Señor, escapamos a la muerte.
22. Dios aplasta la cabeza de sus enemigos, el cráneo de los habituados al crimen.
23. El Señor lo dijo: "Los traeré de Basán y de las profundidades del mar,
24. para que hundas los pies en su sangre y hasta la lengua de tus perros reciba su parte de los enemigos."
25. He visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, de mi rey, en el santuario.
26. Los cantores van delante, los músicos detrás, en medio van las niñas tocando tamboriles.
27. ¡Bendigan a Dios con coros, bendigan al Señor en las fiestas de Israel!
28. Benjamín, el menor, abre el cortejo, los príncipes de Judá con ropas bordadas, los príncipes de Zabulón, los de Neftalí.
29. Oh Dios, habla con fuerza, con la fuerza que manifestaste con nosotros.
30. Desde tu templo que domina Jerusalén, donde los reyes te aportan sus ofrendas,
31. amenaza al monstruo de los cañaverales, al tropel de toros, a los dueños de los pueblos para que se sometan y te ofrezcan oro y plata. Dispersa a los pueblos que aman la guerra.
32. Desde Egipto vendrán los más ricos, Etiopía tenderá a Dios sus manos.
33. Reinos de la tierra, canten a Dios, toquen para el Señor,
34. que cabalga por los cielos seculares. ¡Oigan su voz, su voz que es poderosa!
35. Reconozcan el poder de Dios, él es grande en Israel, y en lo alto, poderoso.
36. Dios es terrible desde su santuario, el, el Dios de Israel, él da a su pueblo fuerza y poder.
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"O demônio é forte com quem o teme, mas é fraquíssimo com quem o despreza." São Padre Pio de Pietrelcina