Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 156, Marcos 5-6 presenta sanidades milagrosas, la resurrección de la hija de Jairo y la multiplicación de los panes, destacando la compasión y el poder de Jesús. El Salmo 21 celebra la victoria y la bendición divina, animándonos a alabar al Señor por sus maravillas.

Capítulo 5

1. Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos.

2. Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo.

3. El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.

4. Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo.

5. Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras.

6. Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies.

7. Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.»

8. Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre.»

9. Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos.»

10. Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región.

11. Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro.

12. Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos.» Y Jesús se lo permitió.

13. Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago.

14. Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido.

15. Se acercaron Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron.

16. Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos,

17. y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras.

18. Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él.

19. Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.»

20. El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados.

21. Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él.

22. En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies

23. suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo.»

24. Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía.

25. Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años.

26. Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor.

27. Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.

28. La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.»

29. Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.

30. Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?»

31. Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?»

32. Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado.

33. Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.

34. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad.»

35. Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?»

36. Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe.»

37. Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

38. Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban.

39. Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida.»

40. Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña.

41. Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!»

42. La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí.

43. Pero Jesús les pidio insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

Capítulo 6

1. Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él.

2. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos?

3. Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían.

4. Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.»

5. Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.

6. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer. Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando.

7. Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos.

8. Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero;

9. que llevaran calzado corriente y un solo manto.

10. Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio.

11. Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos.»

12. Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión.

13. Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite.

14. El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos.»

15. Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas».

16. Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado.»

17. En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado.

18. Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano.»

19. Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía,

20. pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo.

21. Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea.

22. En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»

23. Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»

24. Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista.»

25. Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.»

26. El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados.

27. Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza.

28. Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre.

29. Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.

30. Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31. Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer.

32. Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado.

33. Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos.

34. Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.

35. Se había hecho tarde. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya se ha hecho tarde;

36. despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los pueblos más cercanos y se compren algo de comer.»

37. Jesús les contestó: «Denles ustedes de comer.» Ellos dijeron: «¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para dárselo?»

38. Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver.» Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados.»

39. Entonces les dijo que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto verde.

40. Se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta.

41. Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos pescados entre todos.

42. Comieron todos hasta saciarse;

43. incluso se llenaron doce canastos con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados.

44. Los que habían comido eran unos cinco mil hombres.

45. Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente.

46. Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar.

47. Al anochecer, la barca estaba en medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra.

48. Jesús vio que sus discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si quisiera pasar de largo.

49. Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar,

50. pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo.»

51. Y subió a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados.

52. Pues no habían entendido lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada.

53. Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y amarraron allí la barca.

54. Apenas se bajaron, la gente lo reconoció,

55. y corrieron a dar la noticia por toda aquella región. Empezaron a traer a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba,

56. y en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el fleco de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.

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2. Señor, tu fuerza regocija al rey: ¡cómo se alegra si tú lo haces triunfar!

3. Le has cumplido sus más caros deseos, no le has negado lo que te pedía.

4. Tú le presentas buenas bendiciones, con oro fino coronas su cabeza.

5. La vida que te pidió, tú se la diste: largos días, muchos y muchos años.

6. Debido a tu favor, será muy famoso, derramas sobre él honor y majestad.

7. Has puesto sobre él bendiciones eternas, tú lo haces feliz con tu presencia.

8. El rey confía en el Señor, el favor del Altísimo lo hace inquebrantable.

9. Tu mano encontrará a tus adversarios, tu diestra encontrará a los que te odian;

10. los dejarás, en cuanto te presentes, como si estuvieran en un horno. El Señor, en su ira, se los engullirá y un fuego los devorará.

11. Arrancarás de la tierra sus frutos y su semilla de entre los hombres.

12. Si contra ti traman algún mal, o meditan un plan, no se la podrán.

13. Pues tú harás que te den vuelta la espalda y contra ellos dispararás tus flechas.

14. ¡Señor, levántate, muestra tu poder y cantaremos con salmos tus proezas!

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"Tente percorrer com toda a simplicidade o caminho de Nosso Senhor e não se aflija inutilmente." São Padre Pio de Pietrelcina