Plan de lectura completo
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En el décimo día, celebramos el cumplimiento de la promesa de Dios. Génesis 20-21 relata otro episodio de la debilidad de Abraham con Abimelec, pero sobre todo, el glorioso nacimiento de Isaac, el hijo de la promesa, y la posterior expulsión de Agar e Ismael. Job 9-10 nos lleva a una profunda reflexión sobre la incomparable majestad de Dios y la imposibilidad del hombre de contender con Él, mientras Job cuestiona el propósito de su sufrimiento. Proverbios 2:6-8 nos recuerda que toda verdadera sabiduría proviene del Señor, quien la da libremente y protege a quienes andan en integridad.
1. Abrahán se trasladó de allí al territorio del Negueb y se instaló entre Cadés y Sur; después fue a vivir un tiempo a Guerar.
2. Abrahán decía de su esposa Sara: «Es mi hermana.» Oyendo esto, el rey de Guerar, llamado Abimelec, mandó a buscarla para él.
3. Pero en la noche Dios habló a Abimelec en sueños y le dijo: «Date por muerto a causa de esa mujer que has tomado, porque es casada.»
4. Abimelec no la había tocado aún y dijo: «Pero Señor mío, ¿vas a dar muerte a un pagano que es inocente?
5. El me dijo que era su hermana, y ella también me dijó: "Es mi hermano". Yo he actuado con corazón sencillo y con manos limpias.»
6. Dios le dijo: «Yo sé que lo hiciste con corazón sencillo y por eso te he librado de pecar contra mí, y no he permitido que la tocases.
7. Ahora devuelve su mujer a ese hombre, porque es un profeta. El rogará por ti y vivirás. Pero si no se la devuelves, debes saber que morirás sin remedio, tú y todos los tuyos.»
8. Abimelec se levantó muy de mañana, y llamando a todos sus oficiales, les contó privadamente todo esto. Ellos, al oírlo, quedaron muy asustados.
9. Llamó entonces Abimelec a Abrahán y le dijo: «¡En qué lío nos metiste! ¿En qué te he ofendido, para que traigas sobre mí y mi país un pecado tan grande? Te has portado como no debe hacerse.»
10. Y Abimelec le preguntó: «¿Por qué has hecho eso?»
11. Respondió Abrahán: «Pensé que si no había temor de Dios en este lugar, podrían matarme por causa de mi esposa.
12. Pero es verdad que es mi hermana, pues es hija de mi padre, aunque no de mi madre, y ha pasado a ser mi esposa.
13. Desde que los dioses me han hecho caminar de un lado para otro, lejos de mi patria, le dije: "Tú me harás el favor de decir, en cualquier lugar donde lleguemos, que soy tu hermano".»
14. Abimelec mandó traer ovejas y bueyes, esclavos y esclavas y se los dio a Abrahán, al mismo tiempo que le devolvía su esposa Sara.
15. Después Abimelec agregó: «Ahí tienes a mi tierra, puedes vivir donde quieras.»
16. Y a Sara le dijo: «Le he dado a tu hermano mil monedas de plata, que serán para ti como un velo que tiendas ante los ojos de todos los que están contigo, y así nadie pensará mal de ti.»
17. Entonces Abrahán oró por Abimelec, y Dios curó a Abimelec, a su esposa y a sus esclavos, a fin de que pudieran tener hijos.
18. Porque Dios había vuelto estériles a todas las mujeres en la casa de Abimelec, a causa de Sara, esposa de Abrahán.
1. Yavé visitó a Sara tal como lo había dicho; Yavé hizo con Sara aquello mismo que había prometido.
2. Sara quedó embarazada, dio a luz un hijo de Abrahán siendo ya anciana, y en la misma fecha que Dios había señalado.
3. Abrahán le puso por nombre Isaac al hijo que le nació, el hijo que Sara dio a luz.
4. Lo circuncidó a los ocho días, conforme a lo que Dios le había ordenado.
5. Abrahán tenía cien años de edad cuando le nació Isaac.
6. Sara dijo: «Dios me ha hecho reír, y todos los que se enteren se reirán también.»
7. Y añadió: «¡Quién hubiera dicho a Abrahán que yo amamantaría hijos! Y sin embargo, le he dado a luz un hijo en su vejez.»Abrahán despide a Agar
8. Creció el niño, y el día en que dejó de ser amamantado, Abrahán celebró un gran banquete.
9. Sara vio que el hijo que la egipcia Agar había dado a Abrahán, se burlaba de su hijo Isaac,
10. y dijo a Abrahán: «Despide a esa esclava y a su hijo, pues el hijo de esa esclava no debe compartir la herencia con mi hijo, con Isaac.»
11. Esto desagradó mucho a Abrahán, por ser Ismael su hijo.
12. Pero Dios le dijo: «No te preocupes por el muchacho ni por tu sirvienta. Haz todo lo que te pide Sara, porque de Isaac saldrá la descendencia que lleve tu nombre.
13. Pero también del hijo de la sierva yo haré una gran nación, por ser descendiente tuyo.»
14. Abrahán se levantó por la mañana muy temprano, tomó pan y un recipiente de cuero lleno de agua y se los dio a Agar. Le puso su hijo sobre el hombro y la despidió. Agar se marchó y anduvo errante por el desierto de Bersebá.
15. Cuando no quedó nada de agua en el recipiente de cuero, dejó tirado al niño bajo un matorral
16. y fue a sentarse a la distancia de un tiro de arco, pues pensó: «Al menos no veré morir a mi hijo.» Como se alejara para sentarse, el niño se puso a llorar a gritos.
17. Dios oyó los gritos del niño, y el Angel de Dios llamó desde el cielo a Agar y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído al niño gritando de donde está.
18. Anda a buscar al niño, y llévalo bien agarrado, porque de él haré yo un gran pueblo.»
19. Entonces Dios le abrió los ojos y vio un pozo de agua. Llenó el recipiente de cuero y dio de beber al niño.
20. Dios asistió al niño, que creció y vivió en el desierto, llegando a ser un experto tirador de arco.
21. Vivió en el desierto de Parán, donde su madre lo casó con una mujer egipcia.
22. Por aquel tiempo, Abimelec fue con Ficol, general de sus tropas, a hablar a Abrahán, y le dijo: «Dios está contigo en todo cuanto emprendes.
23. Por eso júrame ahora mismo ante Dios que no me harás daño, ni a mí, ni a mis hijos, ni a mis descendientes, sino que usarás conmigo y con esta tierra en la que habitas, la misma bondad que yo he usado contigo.»
24. Abrahán le respondió: «Lo juro.»
25. Y de inmediato Abrahán se quejó ante Abimelec de que algunos servidores de éste se habían apoderado por la fuerza de un pozo que le pertenecía.
26. Abimelec le contestó: «No sé quién haya hecho tal cosa, pero tú no me has dicho nada, y yo me entero de eso sólo ahora.»
27. Abrahán tomó unas ovejas y vacas y se las dio a Abimelec, e hicieron los dos un pacto.
28. Abrahán puso aparte siete ovejas de su rebaño,
29. y Abimelec le preguntó: «¿Qué significan estas siete ovejas que has separado?»
30. Le respondió Abrahán: «Acepta estas siete ovejas de mi mano, como prueba de que ese pozo lo he excavado yo.»
31. Por eso aquel lugar fue llamado Bersebá, (o sea, pozo del juramento), porque allí juraron ambos.
32. Después de haber hecho el pacto en Bersebá, Abimelec y Ficol, general de sus tropas, volvieron al país de los filisteos.
33. Abrahán plantó un árbol de tamarindo en Bersebá y allí invocó el nombre de Yavé, Dios Eterno.
34. Abrahán estuvo todavía mucho tiempo viviendo en el país de los filisteos.
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1. Job tomó la palabra y dijo:
2. «En verdad, yo sé muy bien que es así. ¿Cómo puede un hombre justificarse ante Dios?
3. Si quisiere discutir con él, no podría responderle ni una entre mil veces.
4. Su corazón es sabio y su fuerza es enorme. ¿Quién puede resistirle inpunemente?
5. El traslada los montes sin que se den cuenta y los sacude en su furor.
6. El remueve la tierra de su sitio y sus columnas se bambolea.
7. Si él no quiere, no aparece el sol, y si él las tapa, no lucen las estrellas.
8. El solo desplegó la bóveda de las estrellas y camina por encima de los mares.
9. El ha dispuesto la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del sur,
10. hace cosas tan grandes que son insondables, y maravillas que no pueden contarse.
11. Si pasa junto a mí, yo no lo veo, si me pasa a rozar, no me doy cuenta.
12. Si se apodera de una presa, ¿quién se lo impedirá? ¿Quién podrá decirle: qué es lo que haces?
13. Dios no vuelve atrás cuando se enoja; bajo él quedan postrados los monstruos de antaño
14. ¡Quieren que yo vvaya a replicarle y me ponga a discutir con él,
15. o que le suplique a mi juez que no me responde aun cuando tengo la razón?
16. Podría apelar a él, aguardando una respuesta, pero, ¿cómo creer que me atenderá?
17. El, que me aplasta sólo por un pelo y que multiplica sin razón mis heridas,
18. que no me deja ni respirar con tantas amarguras que me hace tragar.
19. ¿Recurriré a la fuerza? El es más forzudo, y si le meto pleito, ¿quién le hará la citación?
20. Si me doy la razón, mi boca puede condenarme, y si me encuentro inocente, ella me declarará culpable.
21. Pero, ¿realmente soy bueno? ¡Ni yo mismo lo sé! ¡La vida no tiene sentido!
22. Pues todo es igual, y puedo decir: Le quita la vida tanto al bueno como al malo.
23. Si una calamidad trae repentinamente la muerte, se ríe de la desesperación de los inocentes.
24. En una nación dominada por un tirano, él venda los ojos de los jueces, pues si no es él, ¿quién será entonces?
25. Mis días han sido más rápidos que un correo, se me fueron sin conocer la felicidad,
26. se han deslizado lo mismo que canoas de junco, como el águila que se lanza sobre la presa.
27. A pesar de que digo: «Voy a olvidar mis quejas, cambiaré de semblante y me pondré alegre»,
28. mis pruebas me dejan angustiado porque entiendo que tú me condenas.
29. Y si debo ser culpable, ¿para qué cansarme en vano?
30. Aunque me lave con nieve y limpie mis manos con jabón,
31. tú me hundirías en las inmundicias, y mis propias ropas tendrían horror de mí.
32. El no es un hombre como yo, para decirle: Comparezcamos juntos en juicio.
33. Entre nosotros se necesitaría un árbitro que tomara por la espalda uno y otro
34. y apartaría su vara que me pega y el espanto en que me sumen sus terrores.
35. Puesto que es así, yo hablaré a solas conmigo sin tenerle miedo.
1. Mi alma está hastiada de la vida, por lo que daré libre curso a mi queja, hablaré de mi amargura.
2. Quiero decirle a Dios: No me condenes; dime por qué me has demandado.
3. ¿Acaso te conviene mostrarte duro, despreciar la obra de tus manos y justificar las teorías de los malvados?
4. ¿Tienes tú ojos humanos? ¿Ves como un hombre?
5. ¿Son tus días como los del hombre, o pasan tus años como los de un mortal,
6. para que andes rebuscando mi falta, indagando mi pecado?
7. Sabes muy bien que yo no soy culpable y que nadie puede librarme de tu mano.
8. Tus manos me han modelado, me han formado, y luego, enojado, ¿me quieres destruir?
9. Acuérdate que me amasaste como el barro ¿y ahora me harás volver al polvo?
10. ¿No me derramaste como leche y me hiciste cuajar como el queso?
11. De piel y de carne me cubriste y de huesos y nervios me tejiste,
12. hiciste en mí una obra de vida y de gracia, tus atenciones han mantenido mi aliento.
13. Pero veo que tenías secretas intenciones y sé lo que pensabas:
14. querías ver si yo pecaría, si pecaba, no dejarme pasar nada.
15. Si soy culpable, ¡desgraciado de mí!, y si soy inocente, no me animo a levantar la cabeza; estoy saciado de vergüenza, embriagado de aflicción.
16. Estoy agotado, pero como un león me persigues, quieres demostrar tu superioridad;
17. redoblas tus asaltos y tu furor se reanima, y lanzas de nuevo tus ataques en mi contra.
18. ¿Por qué me sacaste del seno materno? Habría muerto y ningún ojo me habría visto.
19. Sería como si no hubiese existido nunca y me habrían llevado del vientre materno al sepulcro.
20. Puesto que son pocos los días que me quedan apártate de mí, que goce un poco de alegría,
21. antes de que me vaya, para no volver más, a la región de tinieblas y de sombra,
22. tierra donde todo se confunde de noche, y la misma claridad está hecha de tinieblas.»
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6. Porque Yavé da la sabiduría, de su boca salen el saber y la verdad.
7. El viene en ayuda de los hombres rectos, es un escudo para los que siguen siendo honrados.
8. Está alerta a lo largo del buen camino para proteger el caminar de sus fieles.
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"Feliz a alma que atinge o nível de perfeição que Deus deseja!" São Padre Pio de Pietrelcina