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Biblia en un año.

El día 107, Israel derrota a sus enemigos bajo el liderazgo de Saúl en 1 Samuel 11, y Samuel refuerza la importancia de la fidelidad al pacto con Dios en 1 Samuel 12. El Salmo 55 expresa confianza y entrega en medio de la traición y la adversidad, ofreciendo consuelo y esperanza a los fieles.

Capítulo 11

1. Aproximadamente un mes después, Najás, el amonita, le puso sitio a Jabés de Galaad. Y todos los hombres de Jabés dijeron a Najás: «Si llegas a un acuerdo con nosotros te serviremos.»

2. Najás respondió: «Estas son mis condiciones: les sacaré a todos el ojo derecho para que así quede humillado todo Israel.»

3. Entonces los jefes de Jabés le contestaron: «Danos un plazo de siete días. Vamos a mandar mensajeros por todo el territorio de Israel, y si no hay nadie que nos ayude, entonces nos rendiremos a ti.»

4. Llegaron los mensajeros a Guibea, donde vivía Saúl, y contaron estas cosas al pueblo, y todos se pusieron a gritar y a llorar.

5. En esto llegó Saúl, que venía del campo con sus bueyes, y dijo: «¿Por qué está llorando todo el mundo?» Cuando le contaron lo que sucedía,

6. el espíritu de Dios se apoderó de Saúl y se enojó sobremanera.

7. Tomó una yunta de bueyes, los descuartizó y envió los pedazos por todo el territorio de Israel con este mensaje: «Esto les va a pasar a los bueyes de todos los que no quieran seguirme a mí y a Samuel.» Al ver esto, todos tuvieron miedo y salieron como un solo hombre.

8. Saúl les pasó revista en Bezar: eran unos trescientos mil los de Israel y treinta mil los de Judá.

9. Entonces despidieron a los mensajeros con esta respuesta para los de Jabés: «Mañana, cuando salga el sol, iremos a liberarlos.»

10. Y los de Jabés, llenos de alegría con esta noticia, dijeron a los amonitas: «Mañana saldremos y ustedes podrán hacer con nosotros lo que les parezca.»

11. A la mañana siguiente Saúl dispuso a su gente en tres columnas, que penetraron en el campamento antes que amaneciera. Hubo lucha hasta el mediodía. Los amonitas fueron derrotados y los que pudieron escaparon cada uno por su cuenta.

12. Entonces el pueblo dijo a Samuel: «¿Dónde están los que preguntaron si Saúl iba a reinar sobre nosotros? Entréganos esos hombres para matarlos.»

13. Saúl respondió: «No se matará a nadie, porque hoy Yavé ha salvado a Israel.»

14. Samuel dijo al pueblo: «Vamos todos a Guilgal y confirmemos allí al rey.»

15. Todo el pueblo fue a Guilgal y allí reconocieron por rey a Saúl en presencia de Yavé. Ofrecieron sacrificios de comunión y Saúl, junto con todos los israelitas, celebró este acontecimiento con una gran fiesta.

Capítulo 12

1. Samuel dijo al pueblo: «Los he atendido en todo lo que me han pedido, y les he dado un rey. 2Desde ahora en adelante tienen un rey para dirigirlos. Lo que es yo, ya soy viejo, estoy lleno de canas y tengo a mis hijos que me reemplacen junto a ustedes. Los he guiado desde mi juventud hasta el día de hoy.

3. Ahora, mientras ustedes me tienen aquí, digan en presencia de Yavé y de su rey: ¿A quién le he llevado su buey o su burro? ¿A quién he engañado o maltratado? ¿Quién me ha sobornado con dinero? Que lo digan y lo devolveré.»

4. Respondieron: «Nunca le hiciste mal a nadie.»

5. Entonces Samuel dijo: «Yavé y el rey son ahora testigos de que ustedes no encontraron en mí culpa alguna.» Y ellos contestaron: «Efectivamente, es como tú dices.»

6. Entonces Samuel dijo al pueblo: «Sí; testigo es Yavé, que estableció a Moisés y a Aarón y que sacó a nuestros padres de la tierra de Egipto.

7. Preséntense ahora para que yo les pida cuentas en nombre de Yavé por todas las misericordias que él les hizo a ustedes y a sus padres.

8. Acuérdense cómo Jacob entró en Egipto y cómo clamaron a Yavé los padres de ustedes cuando fueron oprimidos. Entonces envió a Moisés y a Aarón, que sacaron a sus padres de Egipto y lo pusieron en este lugar.

9. Pero ellos se olvidaron de Yavé, su Dios, por lo que les entregó en manos de Sísara, jefe del ejército de Jasor, y en manos de los filisteos y del rey de Moab, que les hicieron la guerra.

10. Pero después clamaron a Yavé y reconocieron: Hemos pecado, porque te abandonamos a ti, Señor, y servimos a los baales y a las astartés. Pero ahora, líbranos de las manos de nuestros enemigos y te serviremos.

11. Entonces Yavé envió a Jerubaal, a Barac, a Jefté y a Samuel y los libró del cerco de sus enemigos y vivieron seguros.

12. Pero, cuando vieron que Najás, rey de los amonitas, los atacaba, me dijeron: ¡No!, que reine un rey sobre nosotros, a pesar de que Yavé, su Dios, era rey de ustedes.

13. Aquí tienen a su rey. Ya ven cómo el Señor les ha dado el rey que ustedes escogieron y pidieron. ¡Ojalá teman a Yavé, lo sirvan y escuchen su voz, y no se rebelen contra sus órdenes!

14. ¡Ojalá que ustedes y el rey que reine sobre ustedes lo sigan!

15. Porque si no escuchan su voz y se rebelan contra sus órdenes, entonces la mano de Yavé pesará sobre ustedes y sobre su rey.

16. No se vayan todavía, para que vean este gran prodigio que Yavé va a realizar delante de sus ojos. ¿No es ahora la cosecha del trigo?

17. Pues bien, voy a invocar a Yavé para que haga tronar y llover. Reconocerán entonces y verán el gran mal que han hecho a sus ojos al pedir un rey.»

18. Invocó Samuel a Yavé, que hizo tronar y llover ese mismo día, y todo el pueblo tuvo gran temor a Yavé y a Samuel.

19. Todo el pueblo dijo a Samuel: «Ruega a Yavé, tu Dios, por nosotros, para que no muramos; porque a todos los demás pecados nuestros hemos añadido esta maldad de pedir un rey.»

20. Pero Samuel les contestó: «No teman. Es cierto que han hecho esa maldad. Pero ahora, no se alejen de Yavé y sírvanlo con todo su corazón,

21. no se aparten para seguir estos ídolos que no sirven ni salvan porque nada son.

22. Porque Yavé no rechazará a su pueblo en atención a su gran Nombre, ya que se ha dignado hacer de ustedes su pueblo.

23. Por mi parte, ¿cómo cometería este pecado de no interceder por ustedes ante Yavé o de no enseñarles el camino bueno y recto?

24. Teman sólo a Yavé y sírvanlo con todo su corazón, pues han visto las maravillas que ha realizado en medio de ustedes. Pero, si se portan mal, perecerán ustedes y su rey.»

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2. Oh Dios, pon atención a mi plegaria no desatiendas mis súplicas.

3. Atiéndeme y respóndeme: me agito lamentándome y gimiendo,

4. al oír la voz del enemigo y las amenazas del impío.

5. Con sus aullidos me ensordecen y me persiguen con alevosía.

6. Mi corazón se estremece en mi pecho, una angustia mortal me sobrecoge; me invaden el miedo y el terror y el pavor me atenaza. Y yo dije:

7. Si tuviera alas de paloma volaría a donde pudiera posarme.

8. Huiría muy lejos, y pasaría la noche en el desierto.

9. Buscaría un asilo a toda prisa contra la tempestad y contra el viento.

10. Dispérsalos, Señor, confúndeles las lenguas, pues violencia y discordia he visto en la ciudad;

11. rondan por sus murallas día y noche y dentro están la injusticia y el crimen.

12. El mal aloja en ella; de su plaza no se alejan la astucia y el engaño.

13. Si llegara a insultarme un enemigo, yo lo soportaría; si el que me odia se alzara en contra mía, me escondería de él;

14. mas fuiste tú, un hombre como yo, mi familiar, mi amigo,

15. a quien me unía una dulce amistad; juntos íbamos a la casa de Dios en alegre convivencia.

16. Que la muerte los sorprenda, que bajen vivos al lugar de los muertos, pues el mal se cobija en su interior.

17. Pero yo clamo a Dios y el Señor me salvará.

18. De tarde, de mañana, al mediodía, me lamento y me aflijo y escuchará mi voz.

19. Me dará la paz, me sacará del combate, aaunque muchos estén en contra mía.

20. Dios atenderá y los humillará, el que reina desde siempre. ¿Podrán convertirse si no temen a Dios?

21. Alzan la mano contra sus amigos, no cumplen sus compromisos,

22. su boca es más untuosa que una crema pero su corazón es agresivo; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desenvainadas.

23. Descarga en el Señor todo tu peso, porque él te sostendrá; no dejará que el justo se hunda para siempre.

24. Tú, oh Dios, los echarás al pozo de la muerte los hombres sanguinarios y embusteros: no llegarán a la mitad de su vida, pero yo, confío en ti.

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"Para consolar uma alma na sua dor, mostre todo o bem que ela ainda pode fazer". São Padre Pio de Pietrelcina