Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el octogésimo primer día, entramos en el libro de Josué y el período de conquista. Josué 1–4 relata el llamado de Josué, el aliento de Dios para ser fuertes y valientes, y el milagro del cruce del río Jordán, que marcó el inicio de la posesión de la Tierra Prometida. El Salmo 123 expresa una oración de dependencia y humildad ante el Señor, recordándonos que toda victoria proviene de su gracia.

Capítulo 1

1. Después de la muerte de Moisés, Yavé habló a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés, y le dijo:

2. «Ha muerto mi servidor Moisés; así que llegó para ti la hora de atravesar el río Jordán, y todo el pueblo pasará contigo a la tierra que yo doy a los hijos de Israel.

3. Yo les doy todos los lugares donde pongan sus pies, como se lo prometí a Moisés.

4. El territorio de ustedes limitará al norte con el monte Líbano; al sur, con el desierto; se extenderá al oriente hasta el río grande, el Eufrates, y al occidente, hasta el Mar Grande.

5. Mientras vivas nadie te resistirá. Estaré contigo como lo estuve con Moisés; no te dejaré ni te abandonaré.

6. Sé valiente y ten ánimo, porque tú entregarás a este pueblo la tierra que juré dar a sus padres. Por eso, ten ánimo y cumple fielmente toda la Ley que te dio mi servidor Moisés.

7. No te apartes de ella de ninguna manera y tendrás éxito dondequiera que vayas.

8. Leerás continuamente el libro de esta Ley y lo meditarás para actuar en todo según lo que dice. Así se cumplirán tus planes y tendrás éxito en todo. Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y sé valiente.

9. No temas ni te asustes, porque contigo está Yavé, tu Dios, adondequiera que vayas.»

10. Josué ordenó a los secretarios del pueblo:

11. «Recorran el campamento impartiendo esta orden: Junten bastante alimento, porque dentro de tres días pasarán el Jordán y entrarán en posesión de la tierra que les dará Yavé, nuestro Dios.»

12. A la gente de las tribus de Rubén y de Gad y a los de la media tribu de Manasés, Josué les dijo:

13. «Recuerden la orden de Moisés, servidor de Yavé: Yavé les ha concedido reposo y les ha dado toda esta provincia.

14. Las mujeres y los niños, así también como el ganado, se quedarán a este lado del Jordán, en la provincia que les dio Moisés, pero ustedes, los valientes, pasarán armados al frente de sus hermanos y los ayudarán

15. hasta que Yavé les dé su herencia, como se la ha dado a ustedes, y que conquisten también ellos el país que les da Yavé, nuestro Dios. Entonces ustedes regresarán a la provincia que les entregó Moisés y poseerán este país al este del Jordán.»

16. Ellos respondieron a Josué: «Haremos todo lo que nos has ordenado e iremos a donde quieras mandarnos;

17. así como hemos obedecido a Moisés, de igual forma te obedeceremos. Quiera Yavé, tu Dios, estar contigo como estuvo con Moisés.

18. Muera el que contradiga tus palabras y desobedezca tus órdenes. Solamente sé valiente y actúa como hombre.»

Capítulo 2

1. Josué hizo salir secretamente desde Setim a dos exploradores con la siguiente orden: «Vayan y observen bien el terreno y la ciudad de Jericó.» Los exploradores fueron y tan pronto llegaron a Jericó se hospedaron en casa de una prostituta llamada Rahab.

2. Pero alguien le dijo al rey de Jericó: «Unos israelitas han entrado aquí esta noche para espiarnos.»

3. Entonces el rey de Jericó mandó a decir a Rahab: «Expulsa a esos hombres que están en tu casa, porque vinieron a observar el país.»

4. Pero la mujer los había escondido, y respondió: «Es verdad que llegaron a mi casa, pero yo no sabía de dónde eran.

5. Y al anochecer, poco antes de que se cerraran las puertas de la ciudad, se fueron. No sé a dónde se marcharon, pero dense prisa y seguramente los alcanzarán.»

6. La mujer los había escondido en la techumbre de la casa, tapándolos con paquetes de lino que allí guardaba.

7. Los perseguidores los buscaron por el camino que lleva al valle del Jordán y, en cuanto salieron, se cerraron las puertas de la ciudad.

8. La mujer subió entonces a donde tenía escondidos a los exploradores de Josué y les dijo:

9. «Sé que Yavé, el Dios de ustedes, les ha entregado este país; estamos asustados y los habitantes del país tiemblan ante ustedes.

10. Pues hemos sabido que Yavé secó las aguas del mar Rojo para que pudieran pasar al salir de Egipto. Sabemos cómo trataron a los dos reyes de los amorreos que vivían al otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a los que ustedes exterminaron por anatema.

11. Estas noticias nos han asustado, y todos se quedan sin ánimo ante ustedes porque Yavé es Dios arriba en los cielos como abajo en la tierra.

12. Por lo tanto, júrenme por Yavé que así como yo he sido leal con ustedes, también ustedes lo serán con mi familia

13. y respetarán la vida de mi padre, de mi madre, de mis hermanos y hermanas, con todo lo que les pertenece.»

14. Los hombres respondieron: «Siempre que ustedes no descubran nuestro propósito, te devolveremos vida por vida cuando Yavé nos entregue este país, y actuaremos contigo con generosidad y con lealtad.»

15. Después de esto, los bajó con una cuerda por la ventana, ya que su casa estaba pegada al muro de la ciudad.

16. Pero les dijo: «Diríjanse hacia los cerros para que no los sorprendan los que los andan persiguiendo. Permanezcan escondidos allí por tres días, hasta que regresen ellos, y luego prosigan su camino.»

17. Ellos respondieron: «Mira en qué forma cumpliremos nuestro juramento;

18. cuando entremos en este país, tú colgarás esta cinta roja como señal en la ventana por donde hemos huido. Reúne en tu casa a tu padre, madre, hermanos y a todos tus parientes.

19. Si alguno de ellos sale de la casa, él será el único responsable de su muerte y no podrá culpársenos a nosotros. Pero si matan a alguno de los que contigo estén en tu casa, que venga sobre nosotros el castigo por su muerte.

20. Cuídate de revelar nuestro plan; si no, quedaremos desligados del juramento que nos has exigido.»

21. Rahab les dijo: «Así sea.» Se despidió de ellos y colgó en la ventana la cinta roja.

22. Los hombres se dirigieron a los cerros y allí se escondieron por tres días, hasta que sus perseguidores regresaron. Estos los habían buscado por todas partes sin hallarlos.

23. Entonces los dos hombres volvieron y bajaron de los cerros y, cruzando el río Jordán, se presentaron a Josué, hijo de Nun, dándole cuenta de su misión y de todo lo que les había sucedido. Dijeron a Josué:

24. «Yavé ha puesto en nuestras manos todo este país; sus habitantes tiemblan ya ante nosotros.»

Capítulo 3

1. Josué se levantó de madrugada, partió de Setim con todo el pueblo de Israel y llegaron hasta el río Jordán. Allí acamparon, esperando atravesarlo.

2. Después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento

3. y ordenaron a los israelitas lo siguiente: «Cuando vean pasar el Arca de la Alianza de Yavé, llevada por los sacerdotes de la tribu de Leví, ustedes saldrán de su campamento y la seguirán, porque ella les señala el camino. Pues ustedes nunca han pasado por ese camino.

4. Pero la seguirán a mil metros de distancia. No se acerquen a ella.»

5. Josué dijo a los israelitas: «Purifíquense, porque mañana Yavé estará en medio de ustedes para obrar milagros.»

6. Y Josué ordenó a los sacerdotes: «Tomen el Arca de la Alianza y atraviesen el río a la cabeza del pueblo.»

7. Entonces Yavé dijo a Josué: «Hoy comenzaré a hacerte famoso delante de Israel y sabrán que estoy contigo, como lo estuve con Moisés.

8. Da esta orden a los sacerdotes que llevan el Arca de la Alianza: Tan pronto lleguen ustedes a orillas del Jordán, deténganse en el río mismo.»

9. Y Josué dijo a los israelitas: «Acérquense y escuchen las palabras de Yavé, nuestro Dios. ¿Quieren una señal de que Yavé, el Dios vivo, está en medio de ustedes

10. y que desalojará frente a ustedes al cananeo, al heteo, al jeveo, al fereceo, y también al guergueseo, al jebuseo y al amorreo?

11. Miren que el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra va a atravesar el Jordán delante de ustedes.

12. Ahora escojan doce hombres de las doce tribus de Israel, uno por tribu.

13. En cuanto los sacerdotes que llevan el Arca del Señor de toda la tierra pongan su pie en las aguas del Jordán, las aguas que vienen de río arriba se cortarán y se detendrán en una sola masa.»

14. Cuando el pueblo salió de su campamento para atravesar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza iban delante. El Jordán corría con mucha agua, desbordando su cauce, por ser el tiempo de la cosecha de la cebada.

15. Sin embargo, cuando los que llevaban el Arca bajaron al río y sus pies se mojaron en las orillas,

16. las aguas que venían de arriba se cortaron. Se detuvieron las aguas, formando como una represa, muy lejos de aquel lugar, junto a Adam, la ciudad vecina de Sartán. Las aguas que bajaban al mar Muerto fueron bajando hasta detenerse, y así el pueblo pudo atravesar frente a Jericó.

17. Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza permanecieron en medio del río que quedó seco, hasta que todos los israelitas atravesaron el Jordán.

Capítulo 4

1. Una vez que pasó toda la nación, Yavé dijo a Josué:

2. «Escoge doce hombres, uno por cada tribu, y dales la orden siguiente:

3. Saquen doce piedras del lecho del Jordán, del mismo lugar donde estuvieron parados los sacerdotes. Llévenselas y colóquenlas en el lugar donde acamparán esta noche.»

4. Josué entonces hizo llamar a los doce hombres que había escogido de las doce tribus de Israel y les ordenó:

5. «Caminen delante del Arca hasta el medio del Jordán y traigan de allí al hombro una piedra por cada tribu.

6. Ellas permanecerán entre ustedes como una señal de esta hazaña, pues cuando sus hijos les pregunten en el futuro qué significan para ustedes estas piedras, ustedes podrán responder:

7. Cuando el Arca de Yavé iba atravesando el Jordán, las aguas se dividieron ante ella. Así estas piedras servirán de memorial a los israelitas para siempre.»

8. Los israelitas cumplieron la orden de Josué y retiraron del lecho del Jordán doce piedras, tal como Yavé le había ordenado a Josué, una por cada tribu. Se las llevaron hacia el lugar donde acamparon y allí las depositaron.

9. Josué amontonó doce piedras en el lecho del Jordán, en el lugar donde permanecieron de pie los sacerdotes portadores del Arca de la Alianza. Allí quedaron hasta el día de hoy.

10. Los sacerdotes que llevaban el Arca se detuvieron en medio del Jordán hasta que Josué terminó de decir todo cuanto Yavé le había ordenado.

11. Luego que todo el pueblo acabó de cruzar el río, el Arca también pasó, y los sacerdotes volvieron a ponerse a la cabeza.

12. Adelante iban armados los hombres de las tribus de Rubén, de Gad y la media tribu de Manasés, según lo había ordenado Moisés.

13. Eran unos cuarenta mil hombres, bien armados, y marchaban delante de Yavé para combatir, dirigiéndose a las llanuras de Jericó.

14. Aquel día Yavé hizo a Josué famoso delante de todo Israel y, en adelante, durante toda su vida, lo respetaron como habían respetado a Moisés.

15. Yavé dijo a Josué:

16. «Ordena a los sacerdotes que llevan el Arca de las Palabras divinas, que salgan del Jordán.»

17. Así, pues, Josué les mandó que salieran del río.

18. Y en cuanto estos sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza de Yavé salieron del cauce del Jordán, en cuanto sus pies tocaron la orilla, las aguas del río Jordán volvieron tan abundantes como los días anteriores y desbordaron su cauce.

19. Fue el décimo día del mes primero cuando el pueblo subió del Jordán, y fijaron su campamento en Guilgal, a la extremidad este de Jericó.

20. Allí, en Guilgal, Josué colocó las doce piedras que habían tomado en el cauce del Jordán, cuando lo atravesaron.

21. Entonces Josué dijo a los israelitas: «Cuando en el futuro sus hijos les pregunten qué significan esas piedras,

22. ustedes les explicarán que el pueblo de Israel cruzó el Jordán sin mojarse los pies,

23. pues Yavé, nuestro Dios, secó las aguas del Jordán delante de nosotros, lo mismo que hizo en el mar Rojo, que dejó seco ante nosotros cuando tuvimos que atravesarlo.

24. Esto ha sucedido para que los pueblos de este país conozcan el poder de Yavé, nuestro Dios, y para que ustedes mismos lo teman siempre.»

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1. A ti he elevado mis ojos, a ti que habitas en los cielos.

2. Como los ojos de los siervos se fijan en la mano de su dueño, como miran los ojos de una esclava la mano de su dueña, así miran nuestros ojos al Señor, ¿nuestro Dios, cuándo tendrá piedad de nosotros?

3. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad, porque estamos saturados de desprecios.

4. Nuestra alma está colmada de las burlas de la gente acomodada, del desprecio de los engreídos.

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"A caridade é o metro com o qual o Senhor nos julgará." São Padre Pio de Pietrelcina