Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 137, presenciamos la reconciliación y la oración. 2 Samuel 19 relata el regreso de David a Jerusalén y su reencuentro con Absalón, restaurando la paz familiar y nacional. 1 Crónicas 24 presenta la organización de las divisiones sacerdotales, asegurando un servicio ordenado en el templo. El Salmo 38 expresa arrepentimiento y una súplica de misericordia, recordándonos que la oración sincera acerca al hombre a Dios.

1. El rey se emocionó mucho, subió a la habitación que había sobre la puerta y se puso a llorar, diciendo entre sollozos: «Absalón, ¡hijo mío! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! Ojalá yo hubiera muerto en lugar tuyo, ¡hijo mío!»

2. Joab supo que el rey lloraba y se lamentaba por Absalón.

3. Y aquel día, la victoria se cambió en luto para todo el ejército, pues todos supieron que el rey lloraba la muerte de su hijo.

4. Por ello, las tropas entraron a la ciudad silenciosamente, como entra avergonzada la gente, después de huir de la batalla.

5. El rey, mientras tanto, con el rostro cubierto, daba fuertes gritos, diciendo: «Hijo mío, ¡Absalón!, Absalón, hijo mío..., ¡hijo mío! »

6. Joab entró a la casa del rey y le dijo: «Hoy llenas de vergüenza a todos los que lucharon por ti, salvando tu vida y la de toda tu familia.

7. Pues, con tu actitud, muestras que amas al que te odia y que odias al que te ama. Hoy has mostrado lo poco que te importan tus oficiales y tus soldados, y bien se ve que estarías feliz si hubiéramos muerto todos nosotros y no Absalón.

8. Por ello, levántate, sal y agradece a tus soldados, que si no sales, te juro por Yavé que esta misma noche no te quedará ningún soldado y ésta será la peor de las desgracias que te haya sucedido desde tu niñez hasta el día de hoy.»

9. Entonces el rey se levantó y se sentó junto a la puerta. Cuando se supo que el rey estaba sentado a la puerta, vino todo el ejército a presentarse delante de él.Los de Israel habían huido cada uno a su hogar.

10. En todas las tribus de Israel se escuchaba la misma queja: «El rey nos libró de nuestros enemigos, nos salvó de los filisteos y ahora tuvo que huir lejos de Absalón.

11. Pero como Absalón, a quien habíamos ungido como nuestro rey, ha muerto en la batalla, ¿por qué no hacen algo para que vuelva el rey?»

12. Al saberlo el rey, mandó decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Digan a los dirigentes de Judá: ¿Por qué van a ser los últimos en hacer que el rey vuelva a su casa?

13. Ustedes, que son mis hermanos, de mi misma raza, ¿van a ser los últimos?

14. Digan también a Amasá: ¿No eres tú de mis huesos y de mi carne? Que Dios me castigue si no te hago para siempre jefe de mi ejército, en lugar de Joab.»

15. Entonces todos los hombres de Judá se pusieron de acuerdo como un solo hombre y mandaron a decir al rey: «Vuelve tú con toda tu gente.»

16. El rey volvió y llegó al río Jordán. Los de Judá habían llegado hasta Guilgal,para salir y encontrar al rey, y ayudarlo a pasar el Jordán.

17. Semeí, hijo de Guera, de la tribu de Benjamín, que era de Bajurim, bajó apresuradamente con los hombres de la tribu de Judá al encuentro del rey David.

18. Lo acompañaban mil hombres de la tribu de Benjamín. También Sibá, mayordomo de la familia de Saúl, vino con sus quince hijos y veinte servidores. Pasaron el Jordán antes que el rey y se pusieron a su disposición,

19. ayudando a vadear el río a la familia del rey y haciendo todo lo que éste les pedía.

20. En cuanto a Semeí, hijo de Guera, se presentó al rey cuando hubo pasado el Jordán y le dijo: «Que mi señor el rey perdone y olvide la falta que cometí yo, su siervo, el día en que salía de Jerusalén; que no le dé importancia,

21. porque reconozco que he pecado y por eso hoy he sido el primero en la tribu de José en venir a su encuentro.»

22. Entonces intervino Abisaí, hijo de Sarvia, diciendo: «¿Acaso Semeí no merece la muerte por haber maldecido al ungido de Yavé?»

23. Pero David le contestó: «¡Líbreme Dios de pensar como ustedes, hijos de Sarvia! ¿Por qué me dan este mal consejo? ¿En un día como éste va a morir alguien en Israel?

24. ¿Acaso no me doy cuenta que hoy vuelvo a ser rey de Israel?» Y dijo a Semeí: «No morirás.» Y el rey se lo juró.

25. También vino a su encuentro Mipibaal, hijo de Saúl, que no se había lavado los pies ni las manos, ni arreglado su bigote, ni lavado su ropa, desde el día en que el rey se había marchado hasta que volvió en paz.

26. Cuando llegó de Jerusalén al encuentro del rey, éste le dijo:

27. «Mipibaal, ¿por qué no viniste conmigo?» El respondió: «Porque mi servidor me engañó, pues yo, siervo tuyo, le dije: «Ensilla el burro para montar en él e ir con el rey; porque soy cojo.»

28. El me ha calumniado ante ti. Pero, como mi señor el rey es como un ángel de Dios, haz lo que mejor te parezca,

29. porque toda la familia de mi padre merecía la muerte de parte del rey y, sin embargo, tú me has puesto entre los que comen a tu mesa. ¿Con qué derecho, pues, podré exigirte algo?»

30. El rey le respondió: «¿Para qué tantas palabras? He decidido que tú y Sibá se repartan las tierras.»

31. Mipibaal dijo al rey: «Puede llevárselo todo, ya que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.»

32. Barzilay, el anciano galaadita de ochenta años, bajó también de Roguelim para acompañar al rey en el paso del Jordán.

33. El le había proporcionado alimentos durante su permanencia en Majanaím, pues era un hombre de buena situación.

34. El rey le dijo: «Ven conmigo y en tu vejez te mantendré junto a mí en Jerusalén.»

35. Pero Barzilay respondió: «Me quedan pocos años de vida para subir con el rey a Jerusalén.

36. Tengo ochenta años. Ya no distingo lo bueno y lo malo. Ya no saboreo ni lo que como ni lo que bebo, ni siquiera puedo oír la voz de los cantores.

37. ¿Para qué voy a ser una carga para ti? Te acompañaré un poco más allá del Jordán, pero no veo por qué me concedes esta recompensa.

38. Permíteme volver a mi ciudad para morir junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Que mi hijo Kimham, aquí presente, siga contigo.

39. Dale lo que tú quieras.» El rey contestó: «Que venga conmigo Kimham; haré por él lo que quieras, y cuanto tú me pidas te lo concederé.»

40. Después del rey, todo el pueblo atravesó el río Jordán. David besó y bendijo a Barzilay y éste volvió a su casa.

41. El rey se dirigió a Guilgal, acompañado de Kimham, de todo el ejército de Judá y de la mitad del ejército de Israel.

42. Los hombres de Israel se acercaron al rey y le dijeron: «¿Por qué nuestros hermanos, los hombres de Judá, te han poco menos que secuestrado? Ellos te han hecho cruzar el Jordán a ti con toda tu familia y todos tus partidarios.»

43. Al oír esto, los hombres de Judá les respondieron: «Lo hacemos porque el rey es nuestro pariente. ¿Qué sacan con enojarse por eso? ¿Acaso vivimos a costa del rey o nos ha hecho algún regalo especial?»

44. Los de Israel respondieron: «Tenemos más derechos que ustedes sobre el rey, pues somos diez por uno; ¿por qué, pues, nos ofenden de esa manera? Además el rey nos debe más que a ustedes. ¿No hemos sido los primeros en hacer volver al rey David?» Pero los de Judá contestaron con palabras más duras.

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1. Estas son las clases de los hijos de Aarón.

2. Hijos de Aarón: Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. Nadab y Abihú murieron en presencia de su padre, sin tener hijos, de modo que Eleazar e Itamar ejercieron las funciones sacerdotales.

3. David, junto con Sadoq, de los hijos de Eleazar, y Ajimelec de los hijos de Itamar, los clasificó y los inscribió en el registro según sus funciones.

4. Se hallaron entre los hijos de Eleazar más varones que entre los hijos de Itamar, por lo que se dividió a los hijos de Eleazar en dieciséis jefes de casas paternas; y a los hijos de Itamar, en ocho jefes de casas paternas.

5. Los repartieron por suertes a unos y otros; porque había jefes sagrados y jefes divinos, tanto entre los hijos de Eleazar como entre los hijos de Itamar;

6. Semaías, hijo de Natanael, escriba, uno de los levitas, los inscribió en presencia del rey y de los jefes, y en presencia del sacerdote Sadoc, de Ajimelec, hijo de Abiatar, y de los jefes de familias sacerdotales y levíticas. Se sacaba a suertes: una vez para Itamar y dos veces para Eleazar.

7. Tocó la primera suerte a Yoyarib; la segunda a Jedaías;

8. la tercera a Jarim; la cuerta a Seorim;

9. la quinta a Malaquías; la sexta a Miyamim; la séptima a Hacos;

10. la octava a Abías; la novena a Jesúa;

11. la décima a Secanías; la once a Elyasib;

12. la doce a Yaquim; la trece a Jupá; la catorce a Yesebab;

13. la quince a Bilgá; la dieciséis a Inmer;

14. la diecisiete a Jezir;

15. la dieciocho a Apises;

16. la diecinueve a Petajías;

17. la veinte a Ezequiel; la veintiuno a Yaquim; la veintidós a Gamul;

18. la veintitrés a Delaías; la veinticuatro a Maazías.

19. Fueron inscritos en el registro según sus servicios para entrar en la Casa de Yavé conforme al reglamento que Yavé, el Dios de Israel, había prescrito por medio de Aarón, padre de ellos.

20. Respecto de los otros hijos de Leví: De los hijos de Amram: Subael. De los hijos de Subael: Jejdeías.

21. De Rejabías: de los hijos de Rejabías: Jisía era el primero.

22. De los Jisbaritas, Selemot; de los hijos de Selemot, Yajat.

23. Hijos de Hebrón: Jerías el primero; Amarías, el segundo; Yajaziel, el tercero; Yecaman, el cuarto.

24. Hijos de Uziel: Miká;

25. de los hijos de Miká, Samir; Jisías era hermano de Miká;

26. de los hijos de Jisías, Zacarías. Hijos de Merarí: Majlí y Musi,

27. hijos de Merarí por la línea de Uzías, su hijo: Soham, Zakur y Jibrí.

28. De Majli: Eleazar, que no tuvo hijos.

29. De Quis: Los hijos de Quis: Yerajmeel.

30. Hijos de Musí: Majlí, Eder y Jerimot. Estos fueron los hijos de los levitas, según sus casas paternas.

31. También éstos entraron en suerte de la misma manera que sus hermanos, los hijos de Aarón, en presencia del rey David, en presencia de Sadoq, Ajimelec y los cabezas de familias de sacerdotes y de levitas, siendo tratadas las primeras familias igual que las últimas.

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2. Señor, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues si estás indignado.

3. Pues tus flechas en mí se han clavado, y tu mano se ha cargado sobre mí.

4. Nada quedó sano en mí por causa de tu ira, nada sano en mis huesos, después de mi pecado.

5. Mis culpas llegan más arriba de mi cabeza, pesan sobre mí más que un fardo pesado.

6. Mis llagas supuran y están fétidas, debido a mi locura.

7. Ando agobiado y encorvado, camino afligido todo el día.

8. Mi espalda arde de fiebre y en mi carne no queda nada sano.

9. Estoy paralizado y hecho pedazos, quisiera que mis quejas fueran rugidos.

10. Señor, ante ti están todos mis deseos, no se te ocultan mis gemidos.

11. Mi corazón palpita, las fuerzas se me van, y hasta me falta la luz de mis ojos.

12. Compañeros y amigos se apartan de mis llagas, mis familiares se quedan a distancia.

13. Los que esperan mi muerte hacen planes, me amenazan los que me desean lo peor, y rumian sus traiciones todo el día.

14. Pero yo, como si fuera sordo, no oigo; soy como un mudo que no abre la boca,

15. como un hombre que no entiende nada y que nada tiene que contestar.

16. Pues en ti, Señor, espero; tú, Señor mi Dios, responderás.

17. Yo dije: "Que no se rían de mí, ni canten victoria si vacilan mis pasos".

18. Ahora estoy a punto de caer, y mi dolor no se aparta de mí.

19. Sí, quiero confesar mi pecado, pues ando inquieto a causa de mi falta.

20. Son poderosos mis enemigos sin causa, incontables los que me odian sin razón.

21. Me devuelven mal por bien, y me condenan porque busco el bien.

22. ¡Señor, no me abandones, mi Dios, no te alejes de mí!

23. ¡Ven pronto a socorrerme, oh Señor, mi salvador!

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"O trabalho é tão sagrado como a oração". São Padre Pio de Pietrelcina