Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 128, 2 Samuel 10 relata la guerra de David contra los amonitas y sus aliados. 1 Crónicas 13 describe los preparativos para traer con reverencia el Arca de la Alianza a Jerusalén. El Salmo 31 nos invita a confiar en Dios como refugio seguro, enseñándonos a perseverar incluso ante la adversidad.

1. Después de esto, murió el rey de los amonitas y le sucedió su hijo Janún.

2. David se dijo: «Trataré a Janún, hijo de Najas, con benevolencia, como su padre me trató a mí». Y David envió a sus servidores, para pre sentarle las condolencias por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David lle garon al país de Amón,

3. los jefes dijeron a Ja nún, su señor: «¿Crees que David te ha enviado condolencias por consideración a tu padre? ¿No será más bien a fin de explorar la ciudad, cono cer sus defensas y más tarde destruirnos, por lo que David te ha enviado sus servidores?»

4. Entonces Janún tomó a los servidores de David, les hizo afeitar la mitad de la barba, cor tar los vestidos a la altura de las nalgas y luego los despidió.

5. En cuanto David lo supo, man dó gente que los fuera a encontrar, con este mensaje: «Quédense en Jericó hasta que la bar ba les vuelva a crecer, y después volverán.» Pues esos hombres estaban muy avergonzados.

6. Los amonitas se dieron cuenta de que se habían hecho odiosos a David y enviaron men sajeros para contratar a veinte mil soldados ara meos de BetRejob y de Sobá, a mil hombres del rey de Maaká y a doce mil de Tob.

7. David, por su parte, envió a Joab con todo el ejército y su guardia real.

8. Los amonitas hicieron una salida y se for maron en orden de batalla a la entrada de la puerta, mientras que los arameos de Sabá y de Rejob y los hombres de Tob y Maaká estaban aparte en el campo.

9. Viendo que tenía un fren te de batalla delante de él y otro detrás, Joab eli gió a lo mejor de Israel para enfrentar a los ara meos,

10. y confió a su hermano Abisaí el resto del ejército para hacerles frente a los amonitas.

11. Luego le dijo: «Si los arameos me dominan, tú vendrás en mi ayuda, y si los amonitas te do minan, yo iré a socorrerte.

12. ¡Animo!, esforcé monos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios. Que Yavé haga lo que le pa rezca bien.»

13. Joab y la tropa que lo acompañaba se lan zaron al ataque contra los arameos y éstos hu yeron ante él.

14. Cuando los amonitas vieron que los arameos habían huído, retrocedieron ante Abisaí y se encerraron en la ciudad. Enton ces Joab puso fin a la campaña contra los amo nitas y volvió a Jerusalén.

15. Al ver los arameos que habían sido venci dos por Israel, concentraron sus fuerzas.

16. Ha dadezer mandó mensajeros y movilizó a todos los arameos del otro lado del Jordán. Estos se concentraron en Jelán, encabezados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer.

17. Cuando lo avisaron a David, reunió todo Is rael, pasó el Jordán y llegó a Jelam. Los ara meos presentaron batalla a David y lucharon contra él, pero fueron derrotados por Israel.

18. David mató a los combatientes de sete cientos carros de guerra, y cayeron cuarenta mil hombres de a pie. También cayó Sobac, el ge neral en jefe, quien murió allí mismo.

19. Todos estos reyes que seguían a Hadade zer hicieron la paz con los israelitas a conse cuencia de su derrota y quedaron sometidos. Y, en adelante, los arameos no se atrevieron ya más a venir en ayuda de los amonitas.

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1. David consultó con los jefes de millar y cien y con todos los oficiales.

2. Luego dijo a toda la asamblea de Israel: «Si les parece bien y la cosa conviene a Yavé, nuestro Dios, vamos a mandar un mensaje a nuestros hermanos que han quedado en todas las regiones de Israel y, además, a los sacerdotes y levitas en sus ciudades y aldeas, para que se reúnan con nosotros;

3. y volvamos a traer a nuestro lado el Arca de nuestro Dios, ya que no nos hemos preocupado por ella en tiempos de Saúl.

4. Toda la asamblea acordó hacerlo así, pues la propuesta pareció bien a todo el pueblo.

5. David entonces congregó a todo Israel, desde Sijor de Egipto hasta la entrada de Jamat, para traer el Arca de Yavé desde Cariatiarim.

6. Subió, pues, David con todo Israel, hacia Baalá, a Cariatiarim de Judá, para subir de allí el Arca de Dios que lleva el Nombre de Yavé que está sobre los querubines.

7. Cargaron el Arca de Yavé en una carreta nueva, y se la llevaron de la casa de Abinadab; Uzzá y Ajyó conducían la carreta.

8. David y todo Israel bailaba delante de Yavé con todas sus fuerzas, cantando y tocando cítaras, salterios y panderos, címbalos y trompetas.

9. Al llegar a la era de Quidom, Uzzá extendió su mano para sostener el Arca, porque los bueyes amenazaban volcarla.

10. Yavé se enojó contra Uzzá y lo hirió por haber tocado el Arca, cayendo muerto allí delante de Dios.

11. David se enojó porque Yavé había castigado a Uzzá; y se llamó aquel lugar Peres Uzzá hasta el día de hoy.

12. David tuvo miedo aquel día a Yavé y dijo: «¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Dios?»

13. Por eso no la llevó a su casa, a la ciudad de David, sino que la hizo llevar a la casa de Obededom de Gat.

14. El Arca de Dios habitó tres meses en la casa de Obededom y Yavé hizo prosperar su casa y cuanto tenía.

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2. A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, ponme a salvo!

3. Inclina tu oído hacia mí, date prisa en librarme. Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.

4. Porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.

5. Sácame de la red que me han tendido, porque eres tú mi refugio.

6. En tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.

7. Aborreces a los que adoran ídolos vanos, pero yo confío en el Señor.

8. Gozaré y me alegraré de tu bondad porque has mirado mi aflicción y comprendido la angustia de mi alma;

9. no me dejaste en manos del enemigo, me has hecho caminar a campo abierto.

10. Ten piedad de mí, Señor, pues estoy angustiado; mis ojos languidecen de tristeza.

11. Mi vida se consume en la aflicción y mis años entre gemidos; mi fuerza desfallece entre tanto dolor y mis huesos se deshacen.

12. Mi enemigo se alegra, mis vecinos se horrorizan, y se espantan de mí mis conocidos: si me ven en la calle, se alejan de mí.

13. Se olvidaron de mí, como de un muerto, soy como un objeto inservible.

14. Oigo los cuchicheos de la gente, y se asoma el terror por todas partes. Se unieron todos en mi contra, tramaron arrebatarme la vida.

15. Pero yo, Señor, confío en ti, yo dije: Tú eres mi Dios.

16. Mi porvenir está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.

17. Que sobre tu servidor brille tu rostro, sálvame por tu amor.

18. A ti clamé, Señor, no sea confundido; confundidos sean los impíos, lánzalos a la mansión del silencio.

19. Enmudece los labios embusteros, que hablan insolencias contra el justo con orgullo y desprecio.

20. Qué bondad tan grande, Señor, es la que reservas para los que te temen. Se la brindas a los que en ti esperan, a la vista de los hijos de los hombres.

21. En secreto, junto a ti los escondes, lejos de las intrigas de los hombres; los mantienes ocultos en tu carpa, y los guardas de las querellas.

22. Bendito sea el Señor, su gracia hizo maravillas para mí: Mi corazón es como una ciudad fuerte.

23. Yo decía en mi desconcierto: "Me ha arrojado de su presencia". Pero tú oías la voz de mi plegaria cuando clamaba a ti.

24. Amen al Señor todos sus fieles, pues él guarda a los que le son leales, pero les devolverá el doble a los soberbios.

25. Fortalezcan su corazón, sean valientes, todos los que esperan en el Señor.

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"Vive-se de fé, não de sonhos." São Padre Pio de Pietrelcina