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Biblia en un año.

En el día 119, seguimos los acontecimientos finales del reinado de Saúl y los desafíos que enfrentó David en 1 Samuel 29-31. El Salmo 18 refuerza que Dios es nuestra fortaleza y refugio seguro, brindándonos fuerza y ​​protección incluso en tiempos de guerra y adversidad.

Capítulo 29

1. Los filisteos reunieron en Afec a todo su ejército, mientras que los israelitas acamparon cerca de la fuente que hay en Jezrael.

2. Mientras los jefes de las ciudades de los filisteos iban delante, al frente de sus tropas, divididas en compañías de ciento y de mil, David y sus hombres marchaban a la retaguardia con Aquís.

3. Los jefes de los filisteos dijeron: «¿Qué hacen aquí estos hebreos?» Aquís les respondió: «Es David, el servidor de Saúl, rey de Israel, que hace ya uno o dos años que está conmigo, y desde el día de su venida hasta hoy no he tenido nada que reprocharle.»

4. Pero los jefes de los filisteos se enojaron con él y le dijeron: «Despide a ese hombre y que regrese al lugar que le señalaste. Que no vaya al combate con nosotros, no sea que durante la lucha se vuelva en contra nuestra. Pues ¿qué mejor ocasión que ésta para que él recupere la amistad de su amo, presentándole las cabezas de nuestros hombres?

5. ¿No es éste aquel David de quien cantaban a coro: Saúl mató a mil y David a diez mil?»

6. Aquís llamó a David y le dijo: «Yavé sabe que tú eres leal y me hubiera gustado que me acompañaras en esta campaña, pues desde el día que viniste a mí hasta el día de hoy nada malo he hallado en ti; pero los jefes no te miran bien.

7. Por eso, vuélvete en paz, para no molestar a los jefes de los filisteos.»

8. David dijo a Aquís: «¿Qué he hecho yo y qué has visto en mí desde el día en que me puse a tu servicio hasta hoy? ¿Por qué no puedo ir a luchar contigo contra tus enemigos?»

9. Aquís respondió: «Sabes muy bien que tú eres para mí como un ángel de Dios; pero los jefes de los filisteos no quieren que vayas a combatir con ellos.

10. Por eso mañana levántense antes del amanecer, y con todos los que vinieron contigo vayan al lugar que les he asignado. No guardes, pues, rencor en tu corazón, porque tú sabes que te estimo. Levántense, pues, muy temprano y partan apenas aclare.»

11. David y sus hombres se levantaron siendo aún de noche, para partir por la mañana y regresar a la tierra de los filisteos. Los filisteos por su parte subieron a Jezrael.

Capítulo 30

1. Cuando, al tercer día, David y sus hombres llegaron a Siquelag, los amalecitas habían pasado por allí recorriendo el país de Negueb. Habían entrado en Siquelag y la habían incendiado,

2. llevándose las mujeres y toda la población. No habían matado a nadie, sino que los habían llevado cautivos.

3. Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, vieron que había sido incendiada y que habían desaparecido sus mujeres y sus hijos.

4. Entonces se pusieron a llorar a gritos hasta quedar rendidos.

5. También habían sido llevadas cautivas las dos esposas de David, Ajinoam y Abigaíl.

6. David estaba en grandes apuros, pues su gente estaba muy amargada, cada uno por sus hijos e hijas, y hablaba de apedrearlo. Pero David se reanimó con Yavé, su Dios.

7. Dijo al sacerdote Abiatar (hijo de Ajimelec): «Trae, por favor, el efod.» Este se lo trajo,

8. y David consultó a Yavé, diciendo: «¿Perseguiré a esa banda? ¿La alcanzaré?» Yavé respondió: «Persíguela, porque de hecho la alcanzarás y librarás a los cautivos.»

9. David partió con sus seiscientos hombres, y llegó al torrente Besor. Allí se quedaron doscientos que estaban muy cansados para cruzar el torrente.

10. Siguió adelante con el resto.

11. En el camino encontraron a un egipcio agotado y sediento; le dieron un pedazo de pan y un poco de agua,

12. y, además, un pastel de higos y dos racimos de uvas pasas. Cuando hubo comido, le volvió el ánimo, ya que no había comido ni bebido en tres días.

13. Después, una vez restablecido, David lo interrogó: «¿A quién perteneces y de dónde eres?» Respondió: «Soy un muchacho egipcio, esclavo de un amalecita. Mi señor me abandonó hace tres días porque enfermé.

14. Habíamos recorrido el Negueb de los quereteos, el de Judá y el de Caleb; también hemos quemado Siquelag.»

15. David le preguntó: «¿Quieres llevarnos a donde está esa banda?» Respondió: «Si juras por Dios que no me matarás ni entregarás a mi amo, te guiaré.»

16. El los guió. Los encontraron dispersos por el campo, comiendo, bebiendo y celebrando una fiesta, porque era muy grande el botín que habían obtenido en tierra de los filisteos y en tierra de Judá.

17. David los atacó desde la mañana hasta la noche. No escapó ninguno, salvo cuatrocientos jóvenes que huyeron en sus camellos.

18. Recuperaron todo lo que se habían llevado los amalecitas,

19. sin que nada les faltara, desde las cosas sin valor, hasta sus hijos e hijas. David liberó también a sus dos esposas.

20. Su gente reunió todo el ganado, y lo pusieron delante de David, diciendo: «Este es el botín de David.»

21. Cuando David llegó a donde había dejado a los doscientos hombres, éstos salieron a su encuentro. David se acercó y los saludó preguntándoles si todo estaba bien.

22. Entre los hombres que acompañaban a David, había gente mala y perversa que se puso a decir: «Ya que éstos no vinieron con nosotros, no les corresponde nada del botín. Que tomen su esposa y sus hijos y se vayan.»

23. David les dijo: «No se porten así, después de lo que Yavé nos ha concedido. Nos ha protegido y ha puesto en nuestras manos esa banda que nos había saqueado.

24. Nadie puede darles la razón a ustedes, en este caso. En la repartición tendrán igual parte los que combaten y los que cuidan el equipaje. Compartirán juntos.»

25. Y desde aquel día, esto se convirtió en ley y es una norma para Israel hasta el día de hoy.

26. Llegó David a Siquelag y envió parte del botín a los jefes locales de Judá, parientes suyos, diciendo: «Reciban este presente de lo que hemos tomado de los enemigos de Yavé.»

27. Y envió también presentes a los que vivían en Betul, en Ramá del Negueb, en Yatir,

28. en Aroer, en Sifmot, en Estemoa,

29. en Carmelo, a los de las ciudades de Jerajmeel, de los quenitas,

30. a los de Jormá, Bor-Asan, Eter,

31. Hebrón y finalmente a todos los lugares donde habían vivido David y sus hombres.

Capítulo 31

1. Los filisteos presentaron batalla a Israel. Los israelitas huyeron, y muchos cayeron muertos en el cerro Gelboé.

2. Los filisteos persiguieron a Saúl y a sus hijos y dieron muerte a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.

3. Saúl soportaba todo el peso del combate. Habiéndolo descubierto los arqueros, le dispararon, dejándolo herido.

4. Saúl dijo entonces a su escudero: «Saca tu espada y traspásame, no sea que lleguen esos infieles a burlarse de mí.» Pero el escudero no se atrevió a hacerlo, pues estaba temblando de miedo. Entonces Saúl se arrojó sobre su espada.

5. Viendo que Saúl había muerto, su escudero se arrojó también sobre su espada, y murió junto a él.

6. Así murieron juntos aquel día Saúl, sus tres hijos y el que llevaba su escudo.

7. Los israelitas que vivían en la parte alta del valle y al otro lado del Jordán vieron huir a las tropas de Israel. Cuando supieron que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron sus pueblos y huyeron y los filisteos subieron a ocuparlos.

8. Al otro día bajaron los filisteos para despojar a los muertos. Encontraron a Saúl muerto junto a sus tres hijos en el monte Gelboé. Le cortaron la cabeza y lo despojaron de sus armas.

9. Luego llevaron la noticia al país de los filisteos, publicando esta buena nueva en los templos de sus ídolos y por todos los lugares poblados.

10. Colocaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y colgaron su cuerpo en el muro de Betsán.

11. Los habitantes de Jabés de Galaad supieron lo que los filisteos habían hecho con Saúl.

12. Entonces se juntaron todos los más valientes y después de marchar toda la noche tomaron el cadáver de Saúl y los de sus hijos de las murallas de Betsán.

13. Los transportaron a Jabés y allí los quemaron. Recogieron sus huesos y los sepultaron bajo el terebinto de Jabés, y ayunaron siete días.

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2. Yo te amo,Señor, mi fuerza,

3. El Señor es mi roca y mi fortaleza; es mi libertador y es mi Dios, es la roca que me da seguridad; es mi escudo y me da la victoria.

4. Invoco al Señor que es digno de alabanzas, y me veo libre de mis enemigos.

5. Las aguas de la muerte me envolvían, los torrentes devastadores me aterraban;

6. las redes de la muerte me cercaban, ante mí estaban tendidas trampas mortales.

7. En mi angustia yo invoqué al Señor, y clamé a mi Dios. Mi clamor llegó hasta sus oídos y desde su Templo oyó mi voz.

8. Tembló la tierra y se estremeció, se sacudieron las bases de los montes, que temblaban con sólo ver su furor.

9. Subía humo de sus narices y de su boca salía un fuego abrasador que arrojaba carbones encendidos.

10. El inclinó los cielos y descendió, con una densa nube bajo sus pies.

11. Montó en un querubín y emprendió vuelo; planeaba sobre las alas del viento.

12. En torno a él, un manto de tinieblas, un oscuro aguacero era su toldo.

13. Un resplandor lo iba precediendo con granizos y brasas encendidas.

14. Tronó el Señor desde los cielos, el Altísimo hizo oír su voz.

15. Tiró sus flechas y los dispersó, lanzó sus rayos y los derrotó.

16. Entonces apareció el fondo del mar y las bases del mundo se descubrieron, al ver, Señor, tu enojo, al pasar el soplo de tus narices.

17. Desde lo alto su mano me tomó, y me rescató de las aguas profundas.

18. Me libró de enemigos poderosos, de enemigos más fuertes que yo.

19. Me asaltaron el día en que me iba mal, pero el Señor vino en mi ayuda.

20. Me sacó a un espacio abierto, me salvó porque me amaba.

21. El Señor según mis méritos me trata, limpias son mis manos, y él me lo paga.

22. Porque guardé los caminos del Señor y no hice el mal lejos de mi Dios.

23. Me acuerdo siempre de sus decisiones, y nunca descarto sus mandamientos.

24. Ante él soy irreprochable y me cuido de cometer pecado alguno.

25. Por eso me retribuye según mis méritos, según mi pureza que sus ojos ven.

26. Con el que es fiel, tú te muestras fiel, si alguien no falla, tampoco tu le fallas.

27. Con el que es sin doblez, tú eres leal, pero con los tramposos eres mañoso.

28. Tú salvarás a un pueblo humilde y humillarás los ojos altaneros.

29. Tú haces, Señor, que brille mi lámpara, ¡mi Dios ilumina mis tinieblas!

30. Contigo acometo las huestes, con mi Dios escalo la muralla.

31. Mi Dios, su proceder es perfecto, y su palabra es a toda prueba. El es un escudo para cualquiera que se acoja a él.

32. Pues, ¿quién es Dios fuera del Señor? ¿quién es la Roca, sino nuestro Dios?

33. Es un Dios que me reviste de fuerza, un Dios que allana mis caminos.

34. Asemeja mis pies a los de la cierva, y me hace estar de pie en las alturas.

35. Adiestra mis manos para el combate, y mis brazos para tensar el arco de bronce.

36. Tú me das tu escudo de salvación; tu mano me sostiene, tus favores me agrandan.

37. Puedo alargar el paso, y mis tobillos no van a flaquear.

38. Persigo a mis enemigos y los alcanzo, no volveré hasta que estén exterminados.

39. Doy un golpe, y no pueden rehacerse, caen y quedan tendidos a mis pies.

40. Me revistes de fuerza en el combate, y doblegas ante mí a mis agresores.

41. Haces que mis enemigos den la espalda, y a cuantos me odiaban aniquilo.

42. Aunque griten, nadie los salvará, claman al Señor, pero no les responde.

43. Los trituro como polvo que se lleva el viento, los pisoteo como el barro del camino.

44. Me libras de las querellas de mi pueblo, y me pones al frente de las naciones. Un pueblo que no conocía me sirve.

45. Los hijos de extranjeros me adulan, apenas oyen mi voz, me obedecen.

46. Los extranjeros pierden el ánimo, y salen temblando de sus fortalezas.

47. ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Ensalzado sea el Dios que me salva!

48. Oh Dios que me concedes el desquite y colocas los pueblos a mis pies,

49. que me libras de mis enemigos y me encumbras por encima de mis agresores, tú me salvas de la gente violenta.

50. Por eso te ensalzaré, Señor, y en medio de los pueblos cantaré tu Nombre,

51. tú que a tu rey das victoria tras victoria, y sigues con tus favores a tu ungido, a David y a su descendencia para siempre.

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"Vive-se de fé, não de sonhos." São Padre Pio de Pietrelcina