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En el día 308, 2 Macabeos 11 destaca la valentía y la justicia de los líderes macabeos. Sabiduría 11-12 nos inspira a reflexionar sobre el juicio divino y la acción ética, mientras que Proverbios 25:8-10 nos aconseja actuar con prudencia y discernimiento en situaciones delicadas.
1. Poco tiempo después, Lisias, tutor y pariente del rey, que era jefe del gobierno, muy disgustado por todo lo sucedido,
2. reunió casi ochenta mil hombres y todas las fuerzas de caballería, y se puso en marcha contra los judíos, con la intención de hacer de la ciudad de Jerusalén una población de griegos,
3. convertir el Templo en fuente de ingresos, como los demás santuarios de los paganos, y poner cada año en venta el cargo de sumo sacerdote.
4. No tomaba en cuenta, para nada, el poder de Dios. Subió con sus regimientos de infantería, sus millares de jinetes y sus ochenta elefantes,
5. entró en Judea, se acercó a Betsur, ciudad fuerte a unos kilómetros de Jerusalén, y la sitió.
6. Cuando los hombres del Macabeo supieron que se ponía sitio a sus ciudades fuertes, suplicaron al Señor junto con todo el pueblo, en medio de gemidos y lágrimas, que enviara un ángel bueno para salvar a Israel.
7. El Macabeo en persona tomó el primero las armas y exhortó a los demás a que, juntamente con él, afrontaran el pelibro y ayudaran a sus hermanos.
8. Partieron todos juntos, llenos de entusiasmo. Cuando estaban cerca de Jerusalén, apareció, poniéndose al frente de ellos, un jinete vestido de blanco, con armadura de oro.
9. Todos a una voz bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos, dispuestos no sólo a acometer a hombres, sino aun a las fieras más salvajes y a murallas de hierro.
10. Avanzaban equipados con este aliado enviado del cielo, pues el Señor se había compadecido de ellos.
11. Se lanzaron como leones sobre los enemigos, abatieron once mil hombres de a pie y mil seiscientos jinetes,
12. y obligaron a huir a los demás. La mayoría de ellos huyeron heridos y desarmados. Hasta el mismo Lisias, para poder salvarse, huyó vergonzosamente.
13. Lisias, que era hombre inteligente, reflexionando sobre la derrota que había sufrido, comprendió que los hebreos eran invencibles, porque el Dios poderoso luchaba con ellos.
14. Entonces les mandó un mensajero para convencerlos de que aceptaran la paz con toda clase de condiciones justas, comprometiéndose a persuadir al rey a que se reconciliara con ellos.
15. El Macabeo aceptó la oferta de Lisias, mirando el bien común. En efecto, el rey concedió todo cuanto el Macabeo exigió a Lisias por escrito.
16. La carta de Lisias decía así: «Lisias, al pueblo judío, salud.
17. Juan y Absalón, embajadores de ustedes, nos han entregado sus peticiones por escrito, pidiéndonos una respuesta.
18. He expuesto al rey cuanto era conveniente, y lo que era de competencia mía lo he concedido.
19. Por consiguiente, si ustedes mantienen su buena voluntad hacia el Estado, también yo procuraré en adelante colaborar en favor de ustedes.
20. En cuanto a los detalles, tengo dada orden a sus enviados y a los míos que los discutan con ustedes.
21. Sigan bien. Año ciento cuarenta y ocho, el veinticuatro del mes de Dios Corintio.»
22. La carta del rey decía lo siguiente: «El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias.
23. Al tomar la sucesión de nuestro padre, que pasó a donde viven los dioses, deseamos que todos nuestros súbditos vivan sin inquietudes y se puedan dedicar cada uno a sus propias ocupaciones.
24. Habiendo oído que los judíos no están de acuerdo en adoptar las costumbres griegas, como era voluntad de mi padre, y ruegan se les permita vivir según sus leyes;
25. deseando por nuestra parte que esta nación viva en paz, hemos decretado que les sea restituido el Templo y se les deje vivir según las leyes y costumbres de sus padres.
26. Harás bien, pues, si envías embajadores para pactar la paz con ellos. Que sepan nuestro firme propósito y, así, se tranquilicen y puedan dedicarse con alegría a sus propias ocupaciones.»
27. La carta del rey al pueblo judío era ésta: «El rey Antíoco al Consejo de los Ancianos y a todo el pueblo judío, salud.
28. Si gozan de buena salud, nos alegramos de ello, también nosotros estamos bien.
29. Nos ha informado Menelao que desean volver a sus casas y a sus ocupaciones; por tanto,
30. decreto una amnistía para todos los que vuelvan antes del treinta del mes xántico.
31. Los judíos podrán en adelante vivir según sus costumbres en cuanto a las comidas y gobernarse por propias leyes como antes. Ninguno de ellos será molestado en modo alguno por su conducta anterior.
32. He mandado a Menelao para que los tranquilice.
33. Les deseo buena salud. El año ciento cuarenta y ocho, el día quince del mes xántico.»
34. También los romanos les enviaron una carta con el siguiente contenido: «Quinto Memmio y Tito Mnaio, enviados de los romanos, saludan al pueblo judío.
35. Todo lo que Lisias, pariente del rey, les ha concedido, también nos parece bien a nosotros.
36. Referente a lo que Lisias creyó conveniente informar y consultar con el rey,
37. estudien ustedes con cuidado el asunto y mándennos en seguida a alguien, a fin de que nosotros podamos exponerle al rey todo de un modo favorable para ustedes, pues ahora nos dirigimos a Antioquía. Dense prisa, pues, en enviarnos a algunos de ustedes para que conozcamos sus planteamientos.
38. Les deseamos buena salud. El quince del mes xántico del año ciento cuarenta y ocho.»
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1. La sabiduría hizo que lo que ellos emprendían tuviera éxito gracias a un santo profeta.
2. Atravesaron un desierto deshabitado y levantaron sus tiendas en lugares inaccesibles.
3. Enfrentaron a sus adversarios y rechazaron a sus enemigos.
4. Cuanto tuvieron sed, te invocaron; les diste el agua que brotó de una roca dura: sí, una piedra tosca calmó su sed.
5. Los mismos elementos que habían servido para castigar a sus enemigos se transformaban en benéficos para el pueblo santo.
6. Los Egipcios vieron cómo su río, un verdadero río que corría en todas las estaciones, estaba manchado con un barro sanguinolento:
7. era en castigo por el decreto que había ordenado matar a los recién nacidos de Israel. En cambio, tú diste a tu pueblo, contra toda esperanza, un agua abundante.
8. Después de haber padecido de sed, comprendieron mejor cómo castigabas a sus enemigos.
9. Para ellos la prueba no había sido más que una suave corrección, en cambio veían cuan gran castigo atormentaba a los impíos, cuando los azotaba tu justa cólera.
10. Pusiste a prueba a tu pueblo como un padre corrige a su hijo, pero a sus enemigos los condenaste como lo hace un rey severo.
11. Tuvieron que sufrir con la partida de Israel, y sufrieron también después.
12. Cuando se acordaban de todo lo que les había pasado, sentían una pena doble.
13. Cuando supieron que el agua, instrumento de su castigo, se había vuelto favorable para Israel, reconocieron entonces la mano del Señor.
14. Mucho antes habían expuesto a Moisés a la muerte; más tarde lo habían rechazado con desprecio. Pero ahora lo admiraban debido a esa sed que los devoraba a ellos y no a los justos.
15. Su mal corazón los había extraviado: era una locura que adoraran a reptiles irracionales y a viles animales. Por eso en castigo les enviaste nubes de insectos,
16. para hacerles ver que se los castigaba por lo mismo que habían pecado.
17. Tu mano poderosa sólo tenía que elegir: como tu creaste el mundo a partir de una materia informe, habrías podido enviar contra ellos sin dificultad bandadas de osos o leones indomables.
18. Para castigarlos habrías podido crear nuevas especies, animales llenos de furor, que respiraran fuego, cuyas narices lanzaran un vapor ardiente, cuyos ojos emitieran relámpagos terribles
19. Con solo verlos, antes de ser atacados, se habrían muerto de espanto.
20. Pero aun sin eso, bastó que tu justicia los persiguiera, que tu poderoso aliento los dispersara; pues podías derribarlos de un soplido. No lo quisiste, porque respetas totalmente lo que has dispuesto: mesura, número y peso.
21. En realidad, tú puedes imponerte soberanamente, y ¿quién podría oponerse a la fuerza de tu brazo?
22. El mundo entero está delante de ti como un grano en la balanza, como una gota de rocío que cayó al suelo de madrugada.
23. Pero, porque lo puedes todo, tienes piedad de todos y parece como que no hicieras caso de los pecados de los hombres para que así se arrepientan.
24. Porque tú amas a todos los seres, tú no detestas nada de lo que has hecho: Si no los hubieras querido, no los habrías hecho.
25. ¿Cómo podría durar una cosa que tú no quisieras? ¿Qué podría subsistir si tú no lo hubieras llamado?
26. Pero tienes lástima de todo, porque todo te pertenece, ¡oh Señor, que amas la vida,
1. y tu Espíritu imperecedero está en todo!
2. Así es como corriges de a poco a los que pecan. Les haces ver, mediante tus correcciones, en qué han pecado, para que renuncien al mal y crean en ti, Señor.
3. Así pasó con los antiguos habitantes de tu Tierra Santa:
4. los aborrecías debido a sus prácticas detestables, su brujería y sus ritos impíos,
5. el asesinato sin piedad de niñitos, los banquetes sanguinarios en que comían la carne humana con la sangre y las entrañas, mientras celebraban sus cultos secretos.
6. Habías decidido acabar con esos padres asesinos de seres indefensos por medio de nuestros padres.
7. Querías que esta a la que quieres más que a las demás, fuese la patria de los hijos de Dios dignos de ella.
8. Pero, incluso con estos antiguos habitantes, diste muestra de moderación porque eran seres humanos. Les enviaste, como vanguardia de tu ejército, avispas para que los destruyeran poco a poco.
9. Sin duda, habrías podido aplastar a los impíos por medio de los justos a través de una batalla, o aniquilarlos de un solo golpe por medio de fieras terribles o con una sola palabra salida de ti.
10. Pero, al castigarlos progresivamente, les dabas oportunidad para que se arrepintieran. No ignorabas sin embargo que su interior era perverso y que su maldad era innata, y que no cambiarían,
11. porque su raza había sido declarada maldita desde el principio. De todos modos, no fue por miedo a alguien que dejaste sin castigo sus crímenes.
12. Porque, ¿quién podría decirte: "¿qué has hecho?"; quién podría oponerse a tus decisiones? ¿Quién podría llamarte la atención por aniquilar a naciones que tú creaste? ¿Quién te impediría castigar a hombres injustos?
13. Fuera de ti, que te preocupas de todos, no hay otro Dios al que tengas que probarle que no actuaste injustamente.
14. No hay tampoco rey o soberano alguno que puede oponérsete cuando decides castigar.
15. Puesto que tú eres perfectamente justo, lo haces todo con justicia: harías un mal uso de tu poder si condenaras al que no merece ser castigado.
16. Tu fuerza es el fundamento de tu justicia; como eres el dueño de todas las cosas, puedes también perdonarlas.
17. Muestras tu fuerza a los que ponen en duda tu poder absoluto; castigas la audacia de los que lo desafían.
18. Pero, aunque seas un Señor poderoso, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha paciencia, porque eres libre de intervenir cuando quieras.
19. Al actuar así le has mostrado a tu pueblo que el justo debe amar a todos los hombres, y has dado a tus hijos esa dulce esperanza de que después del pecado les permites que se arrepientan.
20. Incluso con los cananeos, enemigos de tus hijos y dignos de muerte, actuaste con moderación e indulgencia para darles tiempo y oportunidad a que se convirtieran.
21. Pero con tus hijos actuaste todavía con más miramientos, ya que estabas ligado a sus antepasados por juramentos, alianzas y tantas otras bellas promesas.
22. De tal manera que cuando castigas a nuestros enemigos con moderación, lo haces para que aprendamos, para que pensemos en tu bondad cuando nos toque ser jueces, y para que confíemos en tu misericordia cuando seamos juzgados.
23. A los que vivían alocadamente en el mal, los castigaste por medio de sus ídolos abominables.
24. ¡Habían llegado muy lejos por los caminos del error, tomando como dioses a los animales más feos y más despreciables! Se habían dejado engañar como niños sin juicio.
25. Así como a niños que no piensan, les dirigiste primero una leve advertencia,
26. pero no comprendieron esos benignos reproches, así que merecían experimentar el juicio de Dios.
27. En medio de sus sufrimientos, se indignaron con esos animales a los que habían tomado por dioses y que ahora se transformaban en los instrumentos de su castigo. Entonces descubrieron y reconocieron como Dios al que antes se negaban a ver: ese fue el motivo del castigo supremo que recayó sobre ellos.
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8. no acuses inmediatamente; ¿qué harás luego si tu adversario te contradice?
9. Defiende tu causa contra tu adversario, pero sin revelar los secretos de nadie,
10. cualquiera que lo supiera te lo reprocharía y tu deshonor no tendría remedio.
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"A caridade é o metro com o qual o Senhor nos julgará." São Padre Pio de Pietrelcina