Plan de lectura completo
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En el día 256, Jeremías 51 detalla la caída de Babilonia como consecuencia de la injusticia. Lamentaciones 4-5 expresan dolor y un clamor de restauración, reforzando la necesidad de una fe perseverante. Proverbios 18:9-12 ofrece lecciones sobre la humildad, la prudencia y la importancia de evitar la ruina causada por la imprudencia.
1. Así habla Yavé: Voy a levantar contra los habitantes de Babilonia un viento impetuoso.
2. Enviaré a Babilonia gente que limpia el grano en la era para que la aventen y limpien su territorio, pues la van a atacar por todas partes en el día de su desgracia.
3. Que ninguno de sus arqueros pueda estirar su arco y que nadie se pueda enderezar en su coraza. No tengan piedad con sus jóvenes, destruyan totalmente su ejército.
4. Los caldeos caerán heridos en su tierra y acuchillados en las calles de Babilonia;
5. porque Israel no es viuda de su Dios, Yavé de los Ejércitos, aunque su país estaba lleno de pecados contra el Santo de Israel.
6. Salgan de en medio de Babilonia y que cada cual salve su vida; para que no perezca cuando llegue su castigo, pues éste es el momento de la venganza de Yavé en que él le dará su merecido.
7. Babilonia era una copa de oro en manos de Yavé que embriagó al mundo entero, ya que todas las naciones tomaron vino en ella y perdieron la razón.
8. De repente ha caído Babilonia y se ha hecho pedazos; ¡lloren por ella! Vayan a buscar pomada para su mal, a lo mejor se cura.
9. «Atendimos a Babilonia, pero no se recuperó. Dejémosla ahí y partamos cada uno para nuestra tierra; porque el juicio en su contra llega hasta el cielo y se eleva hasta las nubes.»
10. Yavé ha hecho brillar nuestros derechos. Vengan y contemos en Sión las obras de Yavé, nuestro Dios.
11. Afilen las flechas, llenen con ellas las cajas. Yavé ha movido la voluntad del rey de los medos, para que éste marche contra Babilonia y la destruya: ésta será la venganza de Yavé, la venganza por su Templo.
12. Frente a las murallas de Babilonia levanten banderas, refuercen la guardia, coloquen centinelas, preparen emboscadas, porque Yavé mismo pensó el plan, y ahora cumplirá lo que digo contra los habitantes de Babilonia.
13. Tú que resides cerca de grandes ríos, tú, rica en tesoros ha llegado tu fin, el término de tus rapiñas.
14. Yavé de los Ejércitos lo ha jurado por sí mismo: Te llenaré de hombres tan numerosos como langostas, que lanzarán gritos de guerra contra ti.
15. El hizo la tierra con su poder, afirmó el mundo con su sabiduría y con su inteligencia extendió los cielos.
16. A su voz se acumulan las aguas en el cielo, hace subir las nubes desde el extremo de la tierra, produce relámpagos en medio del aguacero y saca el viento de sus depósitos.
17. Todo hombre entonces se siente estúpido, imbécil, y el platero se avergüenza de su ídolo, pues sus estatuas no son más que mentiras, que nunca respiran.
18. Son cosas inútiles, puras tonterías que desaparecerán cuando llegue su castigo.
19. No es así, en cambio, el Dios de Jacob, pues él ha formado el universo e Israel es su tribu heredera. Su nombre es Yavé de los Ejércitos. El martillo de Yavé
20. Yo te usé como un martillo, como una maza para el combate.
21. Contigo aplasté naciones, contigo destruí reinos, contigo derribé al caballo y al jinete, al carro de guerra y al que lo monta.
22. Contigo golpeé a hombres y mujeres, al viejo y al muchacho, al joven y a la doncella.
23. Contigo aplasté al pastor y su rebaño, al labrador y su yunta, a gobernantes y funcionarios.
24. Pero le devolveré a Babel y a todos los caldeos en presencia de ustedes, dice Yavé, todo el mal que hicieron a Sión. Ya vengo a ti, cerro destructor, que arruinabas la faz de la tierra.
25. Apenas extienda mi mano contra ti te haré rodar de lo alto de las rocas y te convertiré en un cerro quemado. Jamás sacarán de ti una piedra de cimientos,
26. ni tampoco buscarán piedras para volver a edificarte. Serás un montón de ruinas para siempre, porque así lo ha dicho Yavé.
27. ¡Agiten banderas por el mundo entero y toquen el clarín en todas las naciones! Preparen los países para atacarla, citen a los reinos de Ararat, Minni y Askenaz para que marchen contra ella; que entre en acción el oficial de reclutamiento. Lancen a la carga la caballería como una nube de langostas rabiosas.
28. Alisten las naciones para el ataque, el rey de Media, sus gobernadores, todos sus jefes y todos los países que están bajo su imperio.
29. La tierra tembló y se estremeció porque se cumplió lo que Yavé había decretado contra Babilonia: reducir el territorio de Babilonia a un desierto despoblado.
30. Los valientes de Babilonia han abandonado la batalla y se han sentado en las ciudadelas; se les acabaron las fuerzas y parecen unas mujeres.
31. Han prendido fuego a sus aposentos y han hecho pedazos sus trancas. Carteros y mensajeros salen unos después de otros para comunicar al rey de Babilonia que su ciudad ha sido totalmente tomada,
32. los vados del río ocupados, las fortificaciones incendiadas y los soldados se ha han acobardado.
33. Pues así habla Yavé de los Ejércitos, el Dios de Israel: La hija de Babilonia se parece a una era al tiempo de la trilla; para ella dentro de poco vendrá el tiempo de la siega.
34. El pueblo de Sión dice: «Me comió y me chupó el rey de Babilonia; me dejó como un plato vacío, me tragó igual que un dragón, se llenó su estómago con mis mejores presas.
35. ¡Caigan sobre Babilonia mi humillación y mis sufrimientos, y mi sangre sobre los habitantes de Caldea!, dice Jerusalén.
36. Por lo tanto, así habla Yavé: Aquí estoy para tomar la defensa de tu casa y para asegurarte tu venganza. Voy a secar su río y a agotar sus vertientes.
37. Babilonia se convertirá en un montón de piedras, ven una guarida de chacales que cause horror y desprecio, sin un solo habitante.
38. Todos rugen como leones y andan gruñendo como leoncitos.
39. ¿Tienen calor? Ya les tengo listo un refresco, se lo daré para que tomen hasta perder los sentidos y caigan en un sueño eterno y nunca más puedan levantarse, afirma Yavé.
40. Los empujaré como corderos al matadero, como carneros y chivatos.
41. ¡Cómo! ¿Ha caído, ha sido conquistada la más famosa del mundo entero? ¡Cómo! ¿Babilonia ahora es la más miserable de las naciones?
42. El mar se salió en Babilonia y la sumergió bajo el tropel de sus olas.
43. Sus ciudades se han convertido en un desierto seco y triste, donde nadie vive y por donde nadie pasa más.
44. Haré una visita a Bel en Babilonia y le quitaré de su boca lo que ha comido. Ya no vendrán más a él las naciones. ¡Los muros de Babilonia se vinieron abajo,
45. salgan de allí, pueblo mío! ¡Que cada uno de ustedes salve su vida ante el fuego de la cólera de Yavé!
46. Pero que no desfallezca su corazón ni se asuste por las noticias que circularán por el país, pues un año correrá un rumor, al año siguiente, otro; la violencia se impondrá en el país y un tirano derrocará a otro.
47. Pues bien, ya se acercaron los días en que voy a castigar a los ídolos de Babilonia; se avergonzará todo su territorio, todos sus muertos quedarán tirados en el centro de la ciudad.
48. Entonces el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, aplaudirán contra Babilonia, cuando del norte vengan a atacarla los destructores, dice Yavé.
49. Cuando le toque su turno, Babilonia debe caer por todos los muertos de Israel, así como por Babilonia murió tanta gente en el mundo entero.
50. ¡Ustedes, que se libraron de la espada, partan, no se queden allí! Acuérdense de Yavé en esta tierra lejana, y que Jerusalén les venga a la memoria:
51. «Estábamos indignados al oír tantos insultos y nos tapábamos la cara de vergüenza al saber que extranjeros habían entrado en los lugares santos de la Casa de Yavé.»
52. No importa, ya viene el día -dice Yavéen que castigaré a sus ídolos, y en toda su tierra se quejarán los heridos.
53. Aunque Babilonia se levante hasta el cielo y alce su poder a donde nadie puede llegar, llegarán, sin embargo, hasta allí los saqueadores que yo mandé, asegura Yavé.
54. Escuchen el griterío que sale de Babilonia y el crujido inmenso del país de los caldeos.
55. Es Yavé que destruye a Babilonia y hace callar su gran ruido, sus olas pueden rugir como las del mar y sentirse el resonar de su voz.
56. Es que viene sobre Babilonia el que la va a destruir; sus soldados son hechos prisioneros, y sus arcos, rotos. Sí, Yavé es el Dios de las represalias que paga estrictamente.
57. Haré emborracharse a sus jefes y a sus sabios, a sus gobernantes, funcionarios y soldados, que caerán en un sueño eterno para no despertar más. ¡Así lo declara el Rey, que se llama Yavé de los Ejércitos!
58. Esto dice Yavé de los Ejércitos: La ancha muralla de Babilonia será totalmente demolida y sus altas puertas serán quemadas, pues los pueblos trabajan para que todo quede en nada, y las naciones se esfuerzan para que todo lo consuma el fuego.
59. Viene a continuación la orden que dio Jeremías a Seraías, hijo de Nerías, al partir éste junto a Sedecías, rey de Judá, a Babilonia, el cuarto año de su reinado (Seraías era el mayordomo de viaje).
60. Entonces Jeremías había reunido en un libro todas las profecías que había escrito respecto de Babilonia para anunciar todo el mal que caería sobre ella.
61. Y Jeremías dio esta orden a Seraías: «Cuando llegues a Babilonia, cuida de leer en voz alta todo esto, y agrega:
62. «Yavé, tú has declarado respecto a este lugar que será destruido de manera que nadie lo vuelva a habitar y que quede arruinado para siempre.»
63. Terminado de leer el libro, lo atarás a una piedra y lo tirarás al Eufrates,
64. diciendo: «Así se hundirá Babilonia y nunca se levantará de la ruina que yo traigo sobre ella.» Hasta aquí, nada más, las palabras de Jeremías.
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1. ¿Cómo se ha empañado y deteriorado el oro más puro? ¿Por qué están desparramadas las piedras sagradas por las esquinas de todas las calles?
2. Los hijos de Sión, valiosos y preciados como el oro fino, ¡ay!, son considerados como vasos de arcilla, obra del alfarero.
3. Hasta los chacales descubren el pezón y dan de mamar a sus cachorros; la Hija de mi pueblo se ha vuelto tan cruel como los avestruces del desierto.
4. La lengua del niño de pecho se pega de sed al paladar; los niños piden pan, pero no hay quien lo reparta.
5. Los que comían manjares deliciosos desfallecen por las calles; los que se criaban entre sedas se quedan en basurales.
6. La culpa de la Hija de mi pueblo supera el pecado de Sodoma, que fue aniquilada en un momento sin que manos humanas se volvieran contra ella.
7. Sus nazireos eran más puros que la nieve, más blancos que la leche, de cuerpo más rojo que corales; su cara, un zafiro.
8. Su semblante ahora es más oscuro que carbón, ya no se los reconoce por las calles. Su piel está pegada a sus huesos, seca como madera.
9. Más dichosos fueron los muertos a cuchillo que los muertos de hambre, que mueren extenuados por falta de los frutos de los campos.
10. Las mismas manos de tiernas mujeres cocieron a sus hijos, los sirvieron como comida en la ruina de la Hija de mi pueblo.
11. Yavé descargó su furor, derramó el ardor de su cólera; encendió fuego en Sión, que devoró sus cimientos.
12. Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos viven en el mundo, que adversarios y enemigos entrarían por las puertas de Jerusalén.
13. Fue por los pecados de sus profetas, por las culpas de sus sacerdotes, que en medio de ellos derramaron sangre de justos.
14. Vagaban ellos como ciegos por las calles, manchados estaban de sangre; por lo que nadie podía tocar sus vestiduras.
15. Les gritaban: ¡Apártense, un impuro! ¡Apártense, no lo toquen! Y cuando huían y vagaban, se decía entre las naciones: ¡Aquí no seguirán como huéspedes!
16. El rostro de Yavé los dispersó, ya no vuelve a mirarlos. No respetaron a los sacerdotes ni tuvieron piedad de los profetas.
17. Y todavía nos cansábamos esperando el socorro. ¡Ilusión! Desde nuestros cerros no vimos llegar a Egipto, incapaz de salvarnos.
18. Vigilaban nuestros pasos para que no anduviéramos por nuestras plazas.
19. Nuestro fin estaba cercano y, cumplidos nuestros días, ha llegado.
20. Nuestros perseguidores eran veloces, más que las águilas del cielo, nos perseguían por los montes, en el desierto nos armaban trampas. Nuestro rey, el ungido de Yavé, del que estábamos pendientes, quedó preso en sus redes; aquél de quien decíamos: A su sombra viviremos entre las naciones.
21. ¡Regocíjate, alégrate, Hija de Edom, que habitas en el país de Us! También a ti te llegará la copa: te embriagarás y te desnudarás.
22. ¡Hija de Sión, se ha borrado tu culpa, él no volverá a desterrarte! En cambio, Hija de Edom, Yavé castigará tu culpa y pondrá a desnudo tus pecados.
1. Yavé, acuérdate de lo que nos ha pasado, mira y ve nuestra humillación.
2. Nuestra herencia pasó a extranjeros, nuestras casas a extraños.
3. Somos huérfanos, sin padre; nuestras madres, viudas.
4. A precio de plata bebemos nuestra agua, nuestra leña nos llega por dinero.
5. Con el yugo al cuello andamos acosados; estamos agotados, no nos dan respiro.
6. Tendimos a Egipto nuestra mano, y a Asur, para calmar el hambre.
7. Nuestros padres, que pecaron, ya no existen, y nosotros cargamos con sus culpas.
8. Esclavos nos dominan y no hay quien nos libre de su poder.
9. Con riesgo de la vida trajimos nuestro pan, enfrentando los peligros del desierto.
10. Nuestra piel abrasa como un horno, por el ardor del hambre.
11. Violaron a las mujeres en Sión; a las jóvenes en las ciudades de Judá.
12. Colgaron a los príncipes y no respetaron al resto de los ancianos.
13. Los muchachos arrastraron la piedra de moler, bajo la carga de leña se han encorvado las niñas.
14. Los ancianos dejaron de acudir a la puerta, los muchachos dejaron de cantar.
15. Cesó nuestra alegría, se cambió en duelo nuestro baile.
16. Cayó la corona de nuestra cabeza. ¡Pobres de nosotros, que pecamos!
17. Por eso está podrido nuestro corazón y se nos nublan los ojos
18. pensando en tu cerro desolado, donde merodean las fieras.
19. Pero tú, Yavé, reinas para siempre, tu trono permanece firme de generación en generación.
20. ¿Por qué te olvidas siempre de nosotros?, ¿por qué nos abandonas?
21. Haz que volvamos a ti, Yavé, y volveremos; haz que seamos de nuevo lo que fuimos antes.
22. ¿Nos has desechado totalmente? ¿Estás irritado sin medida con nosotros?
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9. El que flojea en su trabajo es hermano del que demuele.
10. El nombre de Yavé es una fortaleza; allí acude el justo y encuentra seguridad.
11. La fortuna del rico es su ciudad fortificada; le parece una fortaleza inconquistable.
12. La arrogancia del hombre viene antes que su ruina, la humildad precede a la gloria.
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"Pense na felicidade que está reservada para nós no Paraíso". São Padre Pio de Pietrelcina