Plan de lectura completo
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En el día 193, Isaías 3-4 describe los juicios que azotan a Jerusalén debido a la injusticia y la arrogancia del pueblo. Tobías 3-4 continúa la historia de Tobías, mostrando su perseverancia y confianza en Dios. Proverbios 9:13-18 advierte contra la seducción de la necedad y anima a buscar la verdadera sabiduría, recordándonos que las decisiones sabias conducen a la vida, mientras que la necedad conduce a la destrucción.
1. Esta es la hora del Señor Yavé, en que quita de Jerusalén y de Judá todas las provisiones y recursos: las provisiones de pan y las reservas de agua.
2. Las deja sin oficiales ni soldados, sin juez ni profeta; sin adivino ni anciano,
3. sin capitán ni noble, sin consejero, ni sabio, ni artesano o mago.
4. «Les pondré como jefes a unos chiquillos y a unos petulantes para que los manden.»
5. Entre la gente del pueblo pelearán unos con otros, o unos vecinos con otros; el joven le reprenderá al viejo y el hombre sin apellido al noble,
6. pues cada cual querrá obligar al otro o a su mismo hermano, diciéndole: «Tú tienes una manta, ¿por qué no aceptas ser nuestro jefe y nos sacas así de esta ruina?»
7. Aquel día cada cual se excusará: Yo no soy ningún médico, ni tengo en mi casa pan ni manta, no me pongan como jefe del pueblo.»
8. Sí, Jerusalén se viene abajo, y se hunde Judá, a causa de sus palabras y hechos, pues a la vista de Yavé han desafiado su gloria.
9. Su rostro descarado los denuncia y, como Sodoma, muestran sus pecados en vez de esconderlos. ¡Ay de ellos que han preparado su propia ruina!
10. Digan: «Feliz el justo, pues comerá el fruto de sus obras»; pero: «Pobre del malo, porque le irá mal, y será tratado según las obras de sus manos.»
11. ¡Oh, pueblo mío!, chiquillos lo oprimen y mujeres lo gobiernan.
12. ¡Oh, pueblo mío!, los que debían guiar tus pasos te hacen desviarte y echan a perder el camino que sigues.
13. Yavé se instala en su tribunal, y se pone de pie para juzgar a su pueblo.
14. Yavé demanda a los ancianos y a los jefes de su pueblo: «Ustedes han devorado los frutos de la viña, en sus casas están los despojos del pobre.
15. ¿Con qué derecho vejan a mi pueblo o pisotean a los pobres?», dice el Señor Yavé de los Ejércitos.
16. Dice Yavé: «Muy orgullosas andan las damas de Sión, con el cuello estirado y la mirada provocativa, y caminan a pasitos cortos haciendo sonar las pulseras de sus pies.»
17. Por eso el Señor llenará de sarna la cabeza de las damas de Sión, y quedarán peladas.
18. Aquel día, el Señor arrancará los adornos, pulseras para los tobillos, cintas y lunetas,
19. pendientes, brazaletes,
20. velos, sombreros, cadenillas de pie, cinturones, frascos de perfume y amuletos,
21. sortijas, aros de nariz,
22. vestidos preciosos, mantos, chales y bolsos,
23. espejos, lienzos finos, turbantes y mantillas.
24. Aquel día, en lugar de perfumes habrá podredumbre; en lugar de cinturón, una cuerda; en lugar de cabello trenzado, cabeza rapada; en lugar de vestidos lujosos, un saco; en vez de un diestro maquillaje, una marca con un hierro al rojo.
25. Tus hombres caerán bajo la espada, y tu ejército quedará tendido en tierra. En tus puertas habrá lamentos y duelo, y tú te sentarás sola, en el suelo.
1. Siete mujeres se pelearán por un solo hombre en ese día, y le suplicarán: «Nos alimentaremos por nuestra cuenta, y lo mismo nos vestiremos nosotras, permítenos solamente llevar tu apellido, para salvar así nuestra honra.»
2. Aquel día, el Brote de Yavé será ornamento y gloria de los salvados de Israel; el Fruto de la tierra será su orgullo y esplendor.
3. A los que queden de Sión y al resto de Jerusalén se les llamará santos, pues sus nombres fueron escritos para que tengan vida en Jerusalén. El Señor viene para lavar de sus inmundicias a las hijas de Sión, y para limpiar a Jerusalén de la sangre que ha sido derramada en ella, con el soplo de su justicia que es un soplo de fuego.
4. Entonces habrá sobre el cerro Sión y sobre su Asamblea santa, una nube de día y como resplandor de fuego llameante por la noche. La Gloria de Yavé se extenderá por encima como un toldo
6. o una tienda, para dar sombra contra el calor del día, refugio y amparo contra el temporal.
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1. Entonces, muy afligido, lloré y empecé a rezar expresando mi pena. Dije:
2. «Tú eres justo, Señor, y justas son tus obras. Tus caminos son misericordia y verdad, y siempre tu juicio será verdadero y justo.
3. Y ahora, Señor, acuérdate de mí y mírame. Perdona mis pecados, así como el mal que hice por ignorancia. Perdona los pecados de mis padres que pecaron ante ti,
4. ya que no escucharon tus mandatos. Tú nos has destinado al saqueo, a la cautividad y a la muerte, de manera que pasamos a ser la burla de las naciones paganas entre las cuales nos has dispersado.
5. Todas tus sentencias, Señor, son justas cuando decides castigar mis pecados y los de mis padres, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos obedecido sinceramente tus órdenes.
6. Obra conmigo como quieras, quítame la vida y conviérteme en polvo, porque prefiero la muerte a la vida. Ordena que la vida me abandone; de esa manera líbrame haciendo que vuelva al polvo. En realidad, la muerte es mejor para mí que la vida, después de oír esos injustos reproches que me han dejado tan amargado. Ordena, Señor, que me libren de esta angustia y déjame llegar a la eternidad. Señor, no apartes de mí tu rostro.»
7. Aquel mismo día, en Ecbátana de Media, Sara, hija de Ragüel, fue insultada en forma semejante por unas jóvenes sirvientas de su padre.
8. Había tenido siete maridos, pero el mal demonio Asmodeo los había muerto antes de que hubiera tenido relaciones maritales. Las muchachas decían a Sara: «Tú eres la que ahogas a tus maridos. Ya has tenido siete, pero de ninguno has disfrutado.
9. ¿Por qué entonces nos castigas? Puesto que ellos han muerto, vete con ellos y que jamás veamos hijo o hija tuya.»
10. Después de oír esto Sara, se sintió tan afligida que quiso ahorcarse. Sin embargo, pensó: «Soy hija única de mi padre. Si se me ocurriera hacer tal cosa, ¡qué vergüenza para él! Por culpa mía su vejez acabaría llena de tristeza.»
11. Oró entonces extendiendo sus manos hacia la ventana: «¡Bendito seas, Señor, mi Dios, y bendito sea tu Nombre santo y glorioso por los siglos! Que tus obras te bendigan por siempre.
12. Hacia ti vuelvo mi rostro y mis ojos:
13. ordena que me libren de este mundo para que no escuche más insultos.
14. Tú sabes, Señor, que soy pura de todo contacto de hombres
15. y que jamás manché mi nombre ni el de mi padre en este país de destierro. Soy hija única de mi padre. El no tiene ni hijos que puedan heredar de él, ni pariente próximo a quien darme por esposo; no tengo, pues, para quién vivir. Después de perder siete maridos, ¿para qué quiero la vida? Si no quieres darme la muerte, Señor, apiádate de mí, ordena que me respeten y tengan compasión de mí. Que no escuche más insultos.»
16. Oyó Dios la oración de Tobit y la de Sara; y envió al ángel Rafael para devolver la vista a Tobit y entregar a Sara por esposa a su hijo Tobías; También para encadenar al mal demonio Asmodeo, porque Sara debía ser la esposa de Tobías.
1. Aquel día Tobit se acordó del dinero que había depositado en manos de Gabael, en Ragués de Media,
2. y pensó: «Ya que me siento morir, llamaré a mi hijo Tobías para hablarle de este dinero.»
3. Llamó a su hijo y le dijo: «Cuando muera, entiérrame dignamente. Respeta a tu madre; haz lo que le agrade y no le causes tristeza.
4. Acuérdate de todos los peligros por los que pasó cuando te esperaba. Cuando muera, entiérrala junto a mí, en la misma tumba.
5. Acuérdate siempre del Señor y no peques ni atropelles sus mandamientos. Practica la justicia toda tu vida y no salgas de sus caminos
6. porque si obras rectamente tendrás éxito en todas tus cosas.
7. Con tus bienes haz limosna en beneficio de todos los que practican la justicia y el bien, y no vuelvas la cara al pobre, para que el Señor no aparte su rostro de ti.
8. Da limosna según tus posibilidades.
9. Pero nunca temas dar. Así te prepararás un tesoro para el día de la necesidad,
10. pues la limosna nos libra de la muerte y nos guarda de andar en tinieblas.
11. Además, para el que da, su limosna le queda como un precioso depósito ante el Altísimo.
12. Hijo mío, guárdate de toda impureza y elige por esposa a una mujer de la raza de tus padres. No te cases con mujer extranjera, pues somos hijos de profetas. Recuerda que nuestros padres Noé, Abraham, Isaac y Jacob se casaron con mujeres de su parentela y fueron bendecidos en sus hijos, de modo que su descendencia heredó la tierra.
13. Ama a tus hermanos y no desprecies a los hijos de tu pueblo hasta el punto de que tomes por esposa a una mujer extranjera, porque la soberbia acarrea ruina, y la ociosidad, bajeza, ya que la ociosidad es la madre de la miseria.
14. Entrega a tiempo el salario a tus obreros, y así, sirviendo a Dios, recibirás recompensa.
15. Muéstrate correcto, cuidando cada uno de tus actos. No hagas a nadie lo que no quieras para ti. Bebe vino con prudencia, para que no hagas de la embriaguez la compañera de tu vida.
16. Da de tu pan al hambriento, y de tus ropas al desnudo. Da todo cuanto te sobre, y cuando lo hagas no te arrepientas.
17. Reparte tu pan en los funerales de los hombres buenos, pero no lo des a los pecadores.
18. Busca consejos de personas prudentes y no olvides los consejos útiles.
19. Bendice en todo momento al Señor Dios y pídele que tus caminos sean rectos y tus proyectos favorables, porque no todas las naciones tienen la verdadera sabiduría. Es el Señor el que da todos los bienes y, si quiere, humilla hasta lo profundo del infierno. Recuerda, hijo, todos estos mandatos y no permitas que se borren de tu corazón.
20. También quiero decirte que deposité diez talentos de plata en manos de Gabael, hijo de Gabrí, en Ragués de Media.
21. Hemos vuelto a ser pobres, pero no te preocupes, ya que, si temes a Dios, huyes del pecado y haces lo que a él le agrada, tendrás con esto una gran riqueza.»
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13. La señora Locura es nerviosa, tonta e ignorante.
14. Se sienta a la puerta de su casa, en un trono, en lo alto de la ciudad.
15. Desde allí interpela a los viajeros que van por su camino:
16. "¡Dénse una vuelta por aquí, ustedes que nada saben!" A los que no piensan en nada les dice:
17. "¡El agua que se roba es más dulce, el pan que se come a escondidas es mucho más sabroso!"
18. Pero el auditor no sabe que por allí andan rondando los muertos, los que ella invita descienden a los infiernos.
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"Seja paciente e espere com confiança o tempo do Senhor". São Padre Pio de Pietrelcina