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En el día 102, Jesús se presenta como el Buen Pastor, realiza señales y se acerca a Jerusalén en Juan 10-12, preparando el camino para su ministerio final. Proverbios 6:1-11 advierte contra la necedad y la pereza, y anima a ser responsables y cautelosos en nuestras decisiones diarias.
1. «En verdad les digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ése es un ladrón y un salteador.
2. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
3. El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera.
4. Cuando ha sacado todas sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.
5. A otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
6. Jesús usó esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
7. Jesús, pues, tomó de nuevo la palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas.
8. Todos los que han venido eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron caso.
9. Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento.
10. El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud.
11. Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
12. No así el asalariado, que no es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa.
13. A él sólo le interesa su salario y no le importan nada las ovejas.
14. Yo soy el Buen Pastor y conozco los míos como los mios me conocen a mí,
15. lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas.
16. Tengo otras ovejas que no son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor.
17. El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo.
18. Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego. En mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre.»
19. Nuevamente se dividieron los judíos a causa de estas palabras.
20. Algunos decían: «Es víctima de un espíritu malo y habla locuras; ¿para qué escucharlo?»
21. Pero otros decían: «Un endemoniado no habla de esta manera. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»
22. Era invierno y en Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo.
23. Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón,
24. cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente.»
25. Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo,
26. pero ustedes no creen porque no son ovejas mías.
27. Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen,
28. y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano.
29. Aquello que el Padre me ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre.
30. Yo y el Padre somos una sola cosa.»
31. Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas.
32. Jesús les dijo: «He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
33. Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.»
34. Jesús les contestó: «¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo he dicho que son dioses?
35. No se puede cambiar la Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de Dios.
36. Y yo, que fui consagrado y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios?
37. Si yo no hago las obras del Padre, no me crean.
38. Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
39. Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les escapó de las manos.
40. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y se quedó allí.
41. Mucha gente acudió a él, y decían: «Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad.»
42. Y muchos creyeron en él en ese lugar.
1. Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta.
2. Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo.
3. Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo.»
4. Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella.»
5. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba.
7. Sólo después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»
8. Le replicaron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?»
9. Jesús les contestó: «No hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas. El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo;
10. pero el que camina de noche tropezará; ése es un hombre que no tiene en sí mismo la luz.»
11. Después les dijo: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo.»
12. Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, recuperará la salud.»
13. En realidad Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del sueño natural.
14. Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto,
15. pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo.»
16. Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
17. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
18. Betania está a unos tres kilómetros de Jerusalén,
19. y muchos judíos habían ido a la casa de Marta y de María para consolarlas por la muerte de su hermano.
20. Apenas Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa.
21. Marta dijo a Jesús: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22. Pero aun así, yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te lo concederá.»
23. Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
24. Marta respondió: «Ya sé que será resucitado en la resurrección de los muertos, en el último día.»
25. Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá.
26. El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
27. Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
28. Después Marta fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está aquí y te llama.»
29. Apenas lo oyó, María se levantó rápidamente y fue a donde él.
30. Jesús no había entrado aún en el pueblo, sino que seguía en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado.
31. Los judíos que estaban con María en la casa consolándola, al ver que se levantaba a prisa y salía, pensaron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron.
32. Al llegar María a donde estaba Jesús, en cuanto lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
33. Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó.
34. Y preguntó: «¿Dónde lo han puesto?» Le contestaron: «Señor, ven a ver.»
35. Y Jesús lloró.
36. Los judíos decían: «¡Miren cómo lo amaba!»
37. Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho algo para que éste no muriera?»
38. Jesús, conmovido de nuevo en su interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra.
39. Jesús ordenó: «Quiten la piedra.» Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues lleva cuatro días.»
40. Jesús le respondió: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
41. Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado.
42. Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado.»
43. Al decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!»
44. Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un velo. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo caminar.»
45. Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho.
46. Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47. Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros.
48. Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos que destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»
49. Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada.
50. No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.»
51. Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación;
52. y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos.
53. Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo.
54. Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraín.
55. Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua.
56. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?»
57. Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.
1. Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.
2. Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados.
3. María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume.
4. Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo:
5. «Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres.»
6. En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella.
7. Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro.
8. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»
9. Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
10. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro,
11. pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.
12. Al día siguiente, muchos de los que habían llegado para la fiesta se enteraron de que Jesús también venía a Jerusalén.
13. Entonces tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Rey de Israel!»
14. Jesús encontró un burrito y se montó en él,
15. según dice la Escritura: No temas, ciudad de Sión, mira que viene tu Rey montado en un burrito.
16. Los discípulos no se dieron cuenta de esto en aquel momento, pero cuando Jesús fue glorificado, recapacitaron que esto había sido escrito para él y que lo habían hecho para él.
17. Toda la gente que había estado junto a Jesús cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, cantaba sus alabanzas,
18. y muchos otros vineron a su encuentro a causa de la noticia de este milagro.
19. Mientras tanto los fariseos comentaban entre sí: «No hemos adelantado nada. Todo el mundo se ha ido tras él.»
20. También un cierto número de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta.
21. Algunos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
22. Felipe habló con Andrés, y los dos fueron a decírselo a Jesús.
23. Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre.
24. En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
25. El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna.
26. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor.
27. Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto!
28. Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar.»
29. Los que estaban allí y que escucharon la voz, decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
30. Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes.
31. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el que gobierna este mundo va a ser echado fuera,
32. y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí.»
33. Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir.
34. La gente le replicó: «Escuchamos la Ley y sabemos que el Mesías permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que el Hijo del Hombre va a ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del Hombre?»
35. Jesús les contestó: «Todavía por un poco más de tiempo estará la luz con ustedes. Caminen mientras tienen luz, no sea que les sorprenda la oscuridad. El que camina en la oscuridad no sabe adónde va.
36. Mientras tengan la luz, crean en la luz y serán hijos de la luz.» Así habló Jesús; después se fue y ya no se dejó ver más.
37. Aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él.
38. Tenía que cumplirse lo dicho por el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién fueron revelados los caminos del Señor?
39. ¿Por qué no podían creer? Isaías lo había dicho también:
40. Cegó sus ojos y endureció su corazón para que no vieran, ni comprendieran, ni se volvieran a mí: de hacerlo, yo los habría sanado.
41. Esto lo dijo Isaías, porque vio su gloria y habló de él.
42. En realidad, de entre los mismos jefes, varios creyeron en él; pero no lo dijeron abiertamente por miedo a que los fariseos los echaran de la comunidad judía.
43. Prefirieron ser honrados por los hombres antes que por Dios.
44. Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado.
45. Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado.
46. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas.
47. Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.
48. El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día.
49. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir.
50. Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre.»
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1. Hijo mío, si has servido de aval a un compañero, si te has comprometido con un desconocido,
2. estás amarrado por tus propias palabras, eres prisionero de tus compromisos.
3. Pues bien, haz esto, hijo mío: ¡libérate lo más pronto! ¿no ves que estás a merced de otro? ¡Anda a verlo, ponte de rodillas, suplícale!
4. ¡No concedas sueño a tus ojos ni descanso a tus párpados;
5. tienes que librarte, como el ciervo de la trampa, como el pájaro de la red!
6. Flojo, anda a ver a la hormiga, mira como se mueve y se hace sabia.
7. En su casa no hay jefe, ni supervisor, ni mayordomo;
8. pero junta en verano provisiones, amontona su alimento en tiempo de cosecha.
9. ¿Flojo, hasta cuándo vas a seguir echado? ¿Cuándo vas a levantarte de tu cama?
10. Duermes un poco, después sueñas un momento, luego estiras los brazos cruzados...
11. y de pronto te sorprende la pobreza como un vagabundo, la miseria cae sobre ti como un ladrón.
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"Vive-se de fé, não de sonhos." São Padre Pio de Pietrelcina