Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 296, 1 ​​Macabeos 15 relata momentos de fe firme y valentía. Eclesiástico 36-37 nos enseña a guiar nuestro corazón y cultivar las virtudes, y Proverbios 23:26-28 enfatiza la entrega sincera del corazón a Dios y la práctica de la sabiduría diaria.

1. Antíoco, hijo del rey Demetrio, mandó desde las islas del mar a Simón, Sumo Sacerdote y jefe de los judíos, y a toda la nación,

2. la siguiente carta: «El rey Antíoco, a Simón, Sumo Sacerdote y jefe, y a la nación judía, paz.

3. Ya que hombres malvados se han apoderado del reino de nuestros padres, me he propuesto recobrarlo para restablecer la situación anterior. He reunido numerosas tropas y equipado naves de guerra

4. para desembarcar en el país y vengarme de los que han devastado nuestro país y asolado muchas ciudades de mi reino.

5. Así, pues, te confirmo todas las exenciones de impuestos y todos los demás privilegios concedidos por mis predecesores.

6. Te autorizo a acuñar moneda para tu nación.

7. Acepto que Jerusalén y el Lugar Santo sean autónomos y que cuantas armas has fabricado, así como las fortalezas que has construido y ocupado, te pertenezcan.

8. Desde hoy te perdono cuanto debes al rey y cuanto debas en el futuro,

9. y cuando haya tomado posesión de mi reino, te llenaré de honores a ti, a tu nación y al Templo, de modo que sean famosos por toda la tierra.»

10. El año ciento setenta y cuatro Antíoco marchó a la tierra de sus padres y todas las tropas se le unieron, quedando unos pocos partidarios de Trifón.

11. Antíoco lo persiguió y Trifón se refugió en Dora, junto al mar;

12. sabía que su situación era muy crítica y que el ejército lo había abandonado.

13. Antíoco acampó junto a Dora con ciento veinte mil soldados y ocho mil jinetes.

14. Y rodeó la ciudad mientras los barcos la atacaban por el mar; la ciudad quedó cercada por tierra y por mar, sin que nadie pudiera entrar o salir.

15. Entonces llegaron de Roma Neumenio y sus colegas, trayendo cartas dirigidas a los reyes y a las naciones,

16. en esta forma: «Lucio, cónsul de los romanos, al rey Tolomeo, ¡paz!

17. A nosotros nos han llegado mensajeros de los judíos, nuestros amigos y aliados, mandados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo judío, para renovar la amistad y alianza de siempre.

18. Nos trajeron un escudo de oro del peso de mil minas. Nos es grato escribir a los reyes y a los pueblos que no les hagan mal,

19. que no los perjudiquen ni a ellos ni a sus ciudades o a su país, y que no pacten con quienes los ataquen.

20. Hemos aceptado con gusto el escudo que nos enviaron los judíos;

21. si hubiera judíos perversos que huyan de su país al de ustedes, entréguenselos al sumo sacerdote Simón para que él los castigue según su Ley.»

22. La misma carta fue dirigida al rey Demetrio, a Atalo, a Ariartes, a Arsaces

23. y a todas las naciones, a Sampaco, a los espartanos, a Delos, a Mundo, a Sicione, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Arados, a Gortina, a Gnido, a Chipre y a Cirene.

24. Al sumo sacerdote Simón le mandaron copias de estas cartas.

25. El rey Antíoco acampó frente a Dora, en el barrio nuevo, lanzando sin cesar contra ella sus batallones y fabricando máquinas de guerra. Mantuvo encerrado a Trifón de manera que no podía entrar ni salir.

26. Simón le mandó dos mil hombres escogidos para ayudarlo en la lucha, además de plata, oro y abundante material.

27. Pero él no quiso aceptarlo; más aún, anuló las concesiones hechas a Simón y se declaró enemigo.

28. Envió a Atenobio, uno de sus amigos, para entrevistarse con él y decirle: «Ustedes han ocupado Jafa, Gazer y la ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino.

29. Han devastado su territorio, han perjudicado al país y se han apoderado de muchos pueblos de mi reino.

30. Restituye, pues, las ciudades que has arrebatado y los impuestos de los lugares que ocupas fuera de los límites de Judea.

31. O bien, paguen en compensación quinientos talentos de plata por los daños que han causado y los impuestos de las ciudades; si no, te declararé la guerra.»

32. Atenobio, amigo del rey, llegó a Jerusalén, y viendo la fastuosidad de Simón, su vajilla de oro y plata y el aparato con que se rodeaba, quedó maravillado. Pero le comunicó las palabras del rey.

33. Simón le respondió: «No hemos ocupado tierra de extranjeros ni nos apoderamos de bienes de extraños; ésta es la herencia de nuestros padres.

34. Nuestros enemigos se adueñaron de ella por algún tiempo, pero nosotros recuperamos esta herencia de nuestros padres cuando se presentó una ocasión favorable.

35. Jafa y Gazer, que reclamas, perjudicaron mucho a nuestro pueblo y desolaban nuestro país; pero estamos dispuestos a darte cien talentos por ellas.»

36. Atenobio no respondió nada, pero se volvió furioso donde el rey y le comunicó la respuesta; lo enteró de la fastuosidad de Simón y de todo lo que había visto, así que el rey se enfureció.

37. Trifón, entre tanto, huyó a Ortosiada en un barco.

38. El rey nombró a Cendebeo general, entregándole una parte de las tropas y de los jinetes.

39. Le ordenó acampar frente a Judea, reconstruir Cedrón, consolidar sus puertas y guerrear contra el pueblo. El rey por su parte siguió persiguiendo a Trifón.

40. Cendebeo llegó a Jamnia y comenzó a molestar al pueblo, a invadir Judea, a hacer prisioneros y a realizar matanzas. Fortificó Cedrón,

41. dejando allí tropas y jinetes para hacer salidas y patrullar por los caminos, conforme a las órdenes del rey.

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Capítulo 36

1. Ten piedad de nosotros, Señor, Dios de todas las cosas y míranos, y derrama tu temor en todas las naciones.

2. ¡Alza tu mano en contra de las naciones extranjeras y haz que vean tu poder!

3. Tu les mostraste tu santidad en todo lo que nos pasó, hazles ahora ver tu grandeza actuando en medio de ellas.

4. ¡Haz que te reconozcan como nosotros te reconocimos: porque no hay otro Dios sino tú, Señor!

5. Danos nuevos signos, renueva tus maravillas, manifiesta tu gloria actuando y castigando.

6. Revive tu furor y derrama tu cólera; destruye al adversario y aplasta al enemigo.

7. Apresura el día, acuérdate de tu juramento, y que podamos contar pronto tus hazañas.

8. Que los sobrevivientes sean presa del fuego, que perezcan los opresores de tu pueblo.

9. Parte la cabeza de tus enemigos, de sus jefes que dicen: "¡No hay más que nosotros!"

10. Reúne a todas las tribus de Jacob y entrégales como al comienzo su heredad.

11. ¡Ten piedad, Señor, de este pueblo que lleva tu nombre! ¡Piedad para Israel al que consideraste como tu primogénito!

12. Ten compasión de la ciudad santa, Jerusalén, del lugar de tu descanso.

13. Repleta a Sión con el relato de tus maravillas, y a tu pueblo con tu gloria.

14. Confirma las promesas que hiciste al principio, y haz que reaparezcan las profecías en tu nombre.

15. Dales su recompensa a los que en ti esperaron, y demuestra que tus profetas decían la verdad.

16. Escucha, Señor, la oración de tus servidores, escucha a tus sacerdotes cuando dan a tu pueblo la bendición de Aarón.

17. ¡Y que todos en la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno!

18. El estómago absorbe todo tipo de alimentos, pero algunos alimentos son mejores que otros.

19. Reconoces por el gusto de qué animal cazado se trata, del mismo modo el que tiene experiencia detecta las palabras mentirosas.

20. Algunos son buenos para herir, pero el hombre de experiencia sabrá responderles.

21. Una mujer acepta cualquier marido, pero hay unas mujeres mejores que otras.

22. La belleza de una mujer ilumina su rostro y colma todos los deseos de un hombre.

23. Si sus palabras están impregnadas de bondad y dulzura, su marido será el hombre más feliz.

24. El que tomó una esposa comenzó a enriquecerse; tiene una ayuda semejante a él, una columna donde apoyarse.

25. Una propiedad sin cerca atrae a los ladrones: allí donde falta la mujer, se gime y se va a la ventura.

26. ¿Quién confiará en un ladrón hábil que va de ciudad en ciudad?

27. Lo mismo ocurre con aquel que no tiene donde cobijarse y que se detiene donde lo sorprende la noche.

Capítulo 37

1. Todos tus amigos dirán: "Yo también te amo", pero ten cuidado, pues el amigo sólo puede serlo de nombre.

2. ¿No es una tristeza mortal que un compañero o un amigo se vuelva enemigo?

3. ¡Oh mal deseo, ¿de dónde saliste para cubrir la tierra de tantos embustes?!

4. Miren a ese camarada que se aprovecha de la buena fortuna de su amigo: apenas llega la desgracia, se vuelve en su contra.

5. Miren a ese compañero que sufre por su amigo mientras se aprovecha para llenarse el estómago: apenas llega el peligro, sólo piensa en ponerse a salvo.

6. Que tu corazón no se olvide de tu amigo, no lo dejes en la miseria si tu te haces rico.

7. Todo consejero hace valer su consejo, pero más de alguno aconseja sólo por interés.

8. Pon atención en el que te aconseja: pregúntate primero qué es lo que necesita, porque hablará según su interés. Tal vez trate de conquistarte.

9. Tal vez te diga: "Tu decisión es buena", y luego se quedará observando lo que te sucede.

10. No consultes al que no confía en ti, oculta tus intenciones a los que te tienen envidia.

11. No consultes jamás a una mujer sobre su rival; a un cobarde a propósito de la guerra; a un negociante sobre una tasa de interés; a un comprador si vendes algo; a un envidioso si se trata de un agradecimiento; a un flojo sobre algo que hay que hacer; a un jornalero por el fin de su trabajo; a un sirviente holgazán por un trabajo pesado.

12. Busca más bien la compañía de un verdadero creyente, que tú sepas que es respetuoso de los mandamientos, cuya alma está cerca de la tuya y que compartirá tu sufrimiento si tú fracasas.

13. Luego mantente firme en la decisión que nacerá de ti, porque nadie merece más tu confianza.

14. Nuestra propia intuición ve a veces más claro que los siete centinelas que vigilan en lo alto.

15. Pero sobre todo invoca al Altísimo para que te guíe en la verdad.

16. Antes de emprender algo hay que pensarlo; antes de cualquier acción hay un proyecto.

17. Tus opciones orientan tus pasos según cuatro direcciones:

18. el bien o el mal, la vida o la muerte. La elección que hagas depende de tu propia decisión.

19. Hay hombres que son buenos para instruir a los demás, pero que no sirven para ayudarse a sí mismos.

20. El que es bueno para hablar se hace odiar: lo dejarán morir de hambre.

21. El Señor no lo favorece en nada, porque está desprovisto de sabiduría.

22. Otro es sabio a sus propios ojos; él mismo afirma que su sabiduría es provechosa.

23. El hombre sabio instruye a su propio pueblo: uno puede fiarse de los frutos de su inteligencia.

24. El hombre sabio está colmado de bendiciones, todos los que lo ven lo alaban.

25. Los días del hombre son contados, pero los días de Israel sobrepasarán cualquier medida.

26. El sabio gozará de la confianza de su pueblo; su nombre perdurará para siempre.

27. Hijo mío, ve por ti mismo lo que te conviene: ve lo que es malo para ti y aprende a evitarlo.

28. Porque no todo conviene a todos, y todos no se contentan con las mismas cosas.

29. No abuses de todo lo que te gusta, no te abalances sobre la comida,

30. porque comer demasiado enferma, y la gula provoca indigestión.

31. Mucha gente ha muerto por esos excesos, mientras que los que se moderan prolongan su vida.

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26. Atiéndeme, hijo mío, no pierdas de vista el camino que te indico;

27. Has de saber que la prostituta es una fosa profunda, la mujer adúltera es un pozo estrecho.

28. Está al acecho como un bandido; ¡cuántos hombres han traicionado por culpa de ella!

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"No tumulto das paixões terrenas, surge a grande esperança da misericórdia inexorável de Deus." São Padre Pio de Pietrelcina