Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 133, presenciamos los desafíos que enfrenta el reino de David. 2 Samuel 15 relata la rebelión de Absalón y el dolor de un padre traicionado. 1 Crónicas 19-20 describe conflictos militares, mostrando la protección de Dios sobre su pueblo. El Salmo 3 refuerza la confianza en Dios incluso en medio de la persecución, recordándonos que debemos buscar refugio en el Señor ante la adversidad.

1. Después de esto, Absalón se equipó un carro, unos caballos y cincuenta hombres que iban delante de él.

2. Absalón se levantaba muy temprano y se ponía junto al camino que lleva a la Puerta, y cada vez que un hombre venía al tribunal del rey, por algún pleito, lo llamaba y le preguntaba: «¿De qué ciudad eres tú?» Y si el otro respondía: «Soy de una de las tribus de Israel», entonces Absalón le decía:

3. «Mira, tu causa es buena y justa, pero no habrá nadie que te escuche de parte del rey.»

4. Y continuaba: «¡Ah, si yo pudiera administrar justicia en este país, todos los que tuvieran pleitos que resolver vendrían a mí y yo les haría justicia!»

5. Cuando alguien se acercaba para agacharse ante él, tendía la mano para detenerlo y lo besaba.

6. De esta manera actuaba Absalón con todos los israelitas que llegaban al tribunal del rey y así se iba ganando su cariño.

7. Al cabo de cuatro años, Absalón dijo al rey: «Dame permiso para ir a Hebrón, a cumplir el voto que hice a Yavé;

8. pues cuando estaba en Guesur, en Aram, hice este voto: Si Yavé me hace volver a Jerusalén, le ofreceré un sacrificio en Hebrón.»

9. Respondió el rey: «Que te vaya bien.» Absalón se despidió y se fue a Hebrón.

10. Absalón envió a todas las tribus de Israel el siguiente mensaje: «Cuando sientan tocar las trompetas, griten: ¡Absalón se ha proclamado rey en Hebrón!»

11. Había salido de Jerusalén con doscientos hombres invitados por él, que lo acompañaban sin saber lo que tramaba.

12. Hizo venir desde la ciudad de Guiló al consejero de su padre, Ajitofel, quien lo acompañó mientras hacía sus sacrificios. La conjuración iba haciéndose poderosa y el número de sus partidarios aumentaba cada vez más.

13. Cuando David supo que Absalón se había captado las simpatías de la gente de Israel,

14. dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: «Huyamos luego, porque no podemos resistir a Absalón. Salgamos sin demora, no sea que nos ataque de repente, nos inflija una derrota y pase la ciudad a cuchillo.»

15. Sus oficiales le respondieron: «Sea cual fuere tu decisión, cuenta con tus servidores.»

16. Entonces el rey salió a pie, con toda su familia. Sólo quedaron diez concubinas para cuidar el palacio.

17. El rey salió con el pueblo y se detuvo cuando llegaron a la última casa de la ciudad.

18. Todos sus servidores desfilaban a su lado y delante de él pasaban los mercenarios quereteos y filisteos: seiscientos hombres que habían venido de Gat y que siempre lo acompañaban.

19. David dijo a su jefe, Itaí: «No vengas con nosotros, vuelve y quédate con el nuevo rey. Eres un extranjero,

20. un desterrado de tu país. Apenas llegaste ayer y no es justo que hoy te haga correr la misma suerte que yo. Regresa con tus hombres y que Yavé tenga compasión de ustedes.»

21. Itaí le contestó: «Juro por Yavé y por tu vida que dondequiera que vaya el rey, mi señor, sea para morir o para vivir, allí también estaré yo, tu servidor.»

22. Entonces David le dijo: «Vamos y acompáñame.» De este modo, Itaí de Gat, con todos sus hombres y toda su familia, acompañaron al rey.

23. Todos lloraban en voz alta, mientras desfilaba la gente. El rey atravesó el torrente Cedrón, y toda la gente pasó al oriente del camino que bordea el desierto.

24. El sacerdote Sadoc y todos los levitas llevaban el Arca de la Alianza. La colocaron junto a Abiatar hasta que todos salieron de la ciudad.

25. Entonces el rey dijo a Sadoc: «Devuelve el Arca de Dios a la ciudad, porque si él quiere, me hará volver para ver el Arca y su santuario.

26. Pero si no le agrado, que haga conmigo lo que le parezca.

27. Tú y tu hijo Ajimás, junto con Abiatar y su hijo Jonatán, vuelvan en paz a Jerusalén.

28. Miren, yo me voy a detener en los pasos del desierto esperando que ustedes me manden noticias.»

29. Entonces, Sadoc y Abiatar volvieron con el Arca a Jerusalén y se quedaron allí.

30. David subía el cerro de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todos los que lo acompañaban hacían otro tanto.

31. Cuando supo David que Ajitofel era uno de los conjurados con Absalón, exclamó: «¡Que Yavé vuelva inútiles todos los consejos de Ajitofel!»

32. Al llegar David a la cumbre donde se adora a Dios, salió a su encuentro Jusay el arquita, amigo de David, con la túnica desgarrada y la cabeza cubierta de polvo.

33. David le dijo: «Si vas conmigo, serás para mí una carga.

34. Me serás más útil si vuelves a la ciudad y vas a decir a Absalón: «Señor, mi rey, así como serví antes a tu padre, así quiero ahora servirte a ti.» Y luego te opondrás a los planes de Ajitofel y aconsejarás lo que a mí me conviene.

35. Los sacerdotes Sadoc y Abiatar también están de mi parte. Por eso, todo lo que oigas en el palacio se lo comunicarás a ellos,

36. para que, a su vez, me lo transmitan a mí por intermedio de sus dos hijos Ajimás y Jonatán.»

37. Jusay, amigo de David, entró en la ciudad, en el momento en que Absalón llegaba a Jerusalén.

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Capítulo 19

1. Después de esto, murió Najás, rey de los amonitas, y en su lugar reinó su hijo.

2. Entonces David dijo: «Tendré con Janún, hijo de Najás, la misma benevolencia que su padre tuvo conmigo», y envió David mensajeros para que lo consolaran por la muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron al país de Ammón, donde Janún, para consolarlo,

3. los príncipes de los hijos de Ammón dijeron a Janún: «¿Es que David ha enviado a consolarte para honrar la memoria de tu padre o más bien para explorar,espiar y poder destruir el país ?»

4. Janún tomó presos a los enviados de David, les rapó la cabeza y la barba, les cortó a media altura sus vestidos hasta las nalgas y así los despidió.

5. David supo lo que les había pasado y envió gente a su encuentro ya que venían muy avergonzados. El rey dijo: «Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y después vuelvan.»

6. Cuando los hijos de Ammón vieron que se habían hecho odiosos a David, Janún y los amonitas enviaron mil talentos de plata para tomar a sueldo carros de guerra y hombres para manejarlos, de Aram de Mesopotamia, Aram de Maacá y de Sobá.

7. Tomaron a sueldo treinta y dos mil carros de guerra y al rey de Maacá con su ejército, los cuales vinieron y acamparon frente a Medebá, mientras los hijos de Ammón se congregaban desde sus ciudades y llegaban para la batalla.

8. David lo supo, y envió a Joab con toda la tropa y con los valientes.

9. Los amonitas salieron a campaña y se ordenaron en batalla a la entrada de la ciudad, mientras que los reyes que habían venido estaban aparte en el campo.

10. Viendo Joab que tenía un frente de combate por delante y otro por detrás, escogió los mejores de Israel y los puso en línea contra los arameos.

11. Puso el resto del ejécito al mando de su hermano Abisay y lo ordenó en batalla frente a los amonitas.

12. Dijo Joab: «Si los arameos me dominan, ven en mi ayuda; y si los hijos de Ammón te dominan a ti, iré a socorrerte.

13. Ten fortaleza y esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, que Yavé haga lo que le parezca bueno.»

14. Joab avanzó con su ejército para luchar contra los arameos, que huyeron delante de él.

15. Viendo los amonitas que los arameos emprendían la fuga, huyeron también ellos ante Abisay, hermano de Joab, y volvieron a la ciudad, mientras que Joab regresó a Jerusalén.

16. Al ver los arameos que Israel los había vencido enviaron mensajeros a los arameos del otro lado del río para que vinieran a ayudarlos: Sofac jefe de las tropas de Hadadezer estaba a su frente.

17. Avisaron a David, que reuniendo a todo Israel pasó el Jordán, llegó donde estaban ellos y tomó posición frente a ellos. David se puso en orden de batalla contra los arameos, y éstos trabaron combate con él.

18. Los arameos huyeron ante Israel: David mató a siete mil soldados de infantería de los carros y a cuarenta mil de infantería. Mató también a Sofac, jefe del ejército.

19. Cuando los hombres de Hadadezer vieron que Israel los derrotó, hicieron la paz con David y le quedaron sometidos. En adelante los arameos ya no se atrevieron a seguir ayudando a los amonitas.

Capítulo 20

1. A la vuelta del año, en el tiempo en que los reyes salen a pelear, Joab se fue con la mayor parte del ejército para asolar el país de los hijos de Ammón; después fue a sitiar a Raba, mientras David se quedó en Jerusalén. Entre tanto, Joab conquistó a Raba y la destruyó.

2. David tomó la corona del dios Milcom de encima de su cabeza. Comprobaron que pesaba un talento de oro, con una piedra preciosa que fue puesta en la cabeza de David. Se llevó además un gran botín de la ciudad.

3. Sacó de la ciudad a todos sus habitantes y los hizo despedazar con sierras, con trillos de dientes de acero y con hoces. Así hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David regresó con todo su ejército a Jerusalén.

4. Después de esto, tuvo lugar una batalla en Guezer contra los filisteos; entonces Sibekay, jusasita, mató a Sipay, uno de los descendientes de Rafá. Los filisteos tuvieron que someterse.

5. Hubo otra guerra contra los filisteos y Eljanán, hijo de Jair, mató a Lajmi, hermano de Goliat, el de Gat; el asta de su lanza era como un enjullo de telar.

6. Hubo guerra de nuevo en Gat, y había un hombre de gran estatura que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y pie.

7. También éste descendía de Rafá. Desafió a Israel y lo mató Jonatán, hijo de Simá, hermano de David.

8. Estos son los que descendían de Rafá de Gat, que murieron en manos de David y de sus tropas.

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2. ¡Señor, cuántos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí!

3. ¡Cuántos los que me dicen: "Ya no tienes en Dios salvación"!

4. Mas tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria, el que levanta mi cabeza.

5. Tan pronto como llamo al Señor, me responde desde su monte santo.

6. Yo me acuesto y me duermo, y me levanto: el Señor me sostiene.

7. No le temo al pueblo que me rodea, que por todas partes me amenaza.

8. ¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, oh Dios mío! Tú golpeas en la cara a mis enemigos y a los malvados les rompes los dientes.

9. La salvación viene del Señor, que tu bendición venga sobre tu pueblo.

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"Reflita no que escreve, pois o Senhor vai lhe pedir contas disso." São Padre Pio de Pietrelcina