Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el día 106, 1 Samuel 9-10 relata la selección y unción de Saúl como el primer rey de Israel, lo que demuestra el cuidado de Dios por el liderazgo de su pueblo. El Salmo 50 nos recuerda que Dios desea la verdadera adoración, no solo sacrificios, y nos llama a la rectitud y la sinceridad en nuestra relación con él.

Capítulo 9

1. Había un hombre de la tribu de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afia. Era un hombre valiente.

2. Tenía un hijo llamado Saúl, joven y de bella presencia, además de que sobrepasaba a todo el mundo en estatura.

3. Sucedió que se perdieron las burras de Quis. Este dijo a su hijo Saúl: «Toma como compañero a uno de los mozos y anda a buscarme las burras.»

4. Atravesaron los cerros de Efraím y el territorio de Salisa y no las encontraron; cruzaron el país de Saalim, pero tampoco estaban allí; recorrieron el país de Benjamín sin encontrar nada.

5. Cuando llegaron al territorio de Suf, dijo Saúl al muchacho que lo acompañaba: «Volvamos, no sea que mi padre esté más preocupado de nosotros que de las burras.»

6. Pero él respondió: «Todavía no, pues en esta ciudad vive un hombre de Dios. Es muy famoso. Todo lo que dice se cumple con seguridad. Vamos donde él por si nos orienta acerca del objeto de nuestro viaje.»

7. Saúl le contestó: «Bien, vamos, pero ¿qué presente llevaremos a ese hombre de Dios? No nos queda pan y no tenemos ningún regalo para llevarle. ¿Qué le podemos dar?»

8. El muchacho dijo a Saúl: «Me queda en el bolso una moneda de cuarto de siclo de plata; se la daré al hombre de Dios y nos indicará el camino que hemos de seguir.»

9. Porque antes en Israel, cuando alguien iba a consultar a Dios, decía: «Vamos a ver al vidente»; se llamaba entonces vidente al que llamamos profeta.)

10. Saúl dijo a su muchacho: «Tienes razón; vamos.» Y se fueron a la ciudad donde vivía el hombre de Dios.

11. Cuando Saúl subía con su muchacho por la cuesta de la ciudad de Ramá, encontraron a unas muchachas que salían a buscar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?» (

12. Ellas le respondieron: «Sí, aquí está el vidente. Acaba de llegar para ofrecer hoy mismo un sacrificio por el pueblo en la loma.

13. En cuanto entren a la ciudad, búsquenlo pronto antes que suba al santuario, pues hoy habrá allí un banquete sagrado y todo el mundo lo está esperando para que bendiga el sacrificio y luego puedan sentarse a la mesa los invitados. Vayan en seguida y al momento lo encontrarán.»

14. Subieron, pues, a la ciudad. Entraban por la puerta cuando Samuel salía para subir al santuario.

15. Ahora bien, la víspera de la venida de Saúl, Yavé había hecho esta revelación a Samuel:

16. «Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como jefe de mi pueblo, Israel, y él lo librará de la mano de los filisteos, porque he visto la aflicción de mi pueblo y su clamor ha llegado a mí.»

17. Cuando Samuel vio a Saúl, Yavé le indicó: «Este es el hombre del que te he hablado; él gobernará a mi pueblo.»

18. Saúl se acercó a Samuel (estaban en la puerta de la ciudad) y le dijo: «Indícame, por favor, dónde está la casa del vidente.»

19. Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al santuario. Hoy comerás conmigo. Mañana te despediré y te contestaré todas tus preguntas.

20. No te preocupes por las burras que perdiste hace tres días, porque ya las hallaron.» Samuel agregó: «¿Para quién serán los primeros puestos en Israel? ¿No serán para ti y la familia de tu padre?»

21. Saúl respondió: «Yo soy de la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel. Y mi familia es la más pequeña de Benjamín. ¿Por qué me dices estas cosas?»

22. Samuel tomó a Saúl y a su muchacho, los invitó a entrar en la sala y los hizo sentarse en la cabecera de la mesa, donde había treinta personas.

23. Después Samuel dijo al cocinero: «Sirve la presa que yo te dije que la pusieras aparte.»

24. El cocinero tomó el pernil con la cola y lo puso delante de Saúl, diciéndole: «Esto fue especialmente reservado para ti; sírvetelo.» Aquel día Saúl comió con Samuel.

25. Bajaron del santuario a la ciudad. Prepararon para Saúl una cama en la terraza, donde se acostó.

26. Cuando amaneció, Samuel llamó a Saúl y le dijo: «Levántate, que voy a despedirte.» Se levantó Saúl y salieron los dos fuera.

27. Habían bajado hasta las afueras de la ciudad cuando Samuel dijo a Saúl: «Dile a tu muchacho que siga caminando; tú, en cambio, detente aquí, pues tengo que comunicarte un recado de parte de Dios.»

Capítulo 10

1. Entonces Samuel tomó la alcuza de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl y después lo besó diciendo: «Yavé es quien te ha ungido como jefe de Israel. Tú dirigirás al pueblo de Yavé y lo librarás de los enemigos que lo rodean. Y ésta será para ti la señal de que el mismo Yavé te ha ungido.

2. En cuanto te separes de mí encontrarás a dos hombres junto a la tumba de Raquel, en la frontera de Benjamín, y ellos te dirán: Las burras que andabas buscando ya las hallaron. Fíjate que tu padre ya se olvidó de ellas y ahora está muy preocupado por lo que les haya podido pasar a ustedes.

3. Siguiendo más allá te toparás con tres hombres que suben a ver a Dios en Betel. Uno de ellos llevará tres cabritos; el otro, tres panes, y el tercero, una botella de vino.

4. Te saludarán y te darán dos panes.

5. Después llegarás a Guibea de Dios, donde hay un gobernador filisteo. A la entrada de la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas, precedidos por un coro con arpas, tambores, flautas y cítaras. Estarán en trance, como ocurre a los profetas.

6. Entonces te tomará el espíritu de Yavé, entrarás en trance como ellos y serás cambiado en otro hombre.

7. Cuando te hayan sucedido todas estas cosas, haz lo que quieras, porque Dios está contigo.

8. Baja, pues, delante de mí a Guilgal y yo iré a juntarme contigo para ofrecer víctimas y sacrificios a Yavé. Esperarás siete días, hasta que yo venga a ti y te diga lo que debes hacer.»

9. Apenas Saúl se alejó de Samuel, Dios le cambió el corazón y todas las señales se realizaron ese mismo día.

10. Desde allí fueron a Guibea y se encontraron con un grupo de profetas;lo invadió el espíritu de Dios y se puso a profetizar en medio de ellos.

11. Los que lo conocían desde niño, cuando lo vieron cantando con los profetas, se decían entre sí: «¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿También Saúl está profetizando?»

12. A lo cual respondieron algunos: «¿Y quién es su padre?» Y así pasó a ser un proverbio: «¿Conque Saúl es uno de los profetas?»

13. Saúl dejó de profetizar cuando llegó con ellos al santuario.

14. El tío de Saúl les preguntó a él y a su mozo a dónde habían ido; a lo que ellos respondieron: «Andábamos buscando las burras, pero como no las encontramos por ningún lado, fuimos a ver a Samuel.»

15. Y como su tío le pidiese que le contara lo que le había dicho Samuel, él le replicó:

16. «Sencillamente nos dijo que las burras habían aparecido.» Pero no le contó absolutamente nada de lo que le había dicho Samuel acerca del reino.

17. Después de esto, Samuel convocó al pueblo delante de Yavé en Mizpá,

18. y dijo a los hijos de Israel: «Esto dice Yavé: Yo saqué a Israel de Egipto y los libré de las manos de los egipcios y de los reyes que los tenían oprimidos.

19. Pero ustedes, hoy día, han despreciado a su Dios, que los salvó de todos sus males y aprietos, y han dicho: No, danos un rey que nos gobierne. Por eso, ahora, preséntense delante de Yavé, distribuidos por tribus y familias.»

20. Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel y, al echar suerte, fue designada la tribu de Benjamín.

21. De la tribu de Benjamín fue designada la familia de Matrí, y de la familia de Matrí, Saúl, hijo de Quis. Lo buscaron, pero no lo encontraron.

22. Entonces, volvieron a preguntar a Yavé: «¿Vino Saúl?» A lo que Yavé dijo: «A estas horas está escondido en medio de los equipajes.»

23. Fueron corriendo a sacarlo de allí y, una vez en medio del pueblo, vieron que sobresalía, de los hombros arriba, sobre todos los demás.

24. Samuel dijo al pueblo: «¿Ven al que eligió Yavé? Como él no hay nadie en todo el pueblo.» Y todos aclamaron: «¡Viva el rey!»

25. Samuel dio a conocer al pueblo los derechos y deberes de los reyes y los escribió en un libro que guardó delante de Yavé.

26. Después, despidió Samuel al pueblo, y cada cual se fue a su casa. También Saúl se fue a la suya, en Guibea, acompañado de aquellos valientes cuyos corazones había movido el Señor.

27. Pero algunos malvados dijeron: «¡Qué nos va a salvar ése!» Y para demostrarle su desprecio, no le llevaron regalos.

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1. Yavé, el Dios de los dioses ha hablado: de donde sale el sol hasta el ocaso, ha convocado él a la tierra.

2. Desde Sión, la muy hermosa, Dios refulge:

3. ¡Ahí viene nuestro Dios, que no se calla! Un fuego, delante de él, lo abrasa todo, y a su alrededor ruge la tormenta.

4. De lo alto convoca a los cielos, y a la tierra para juzgar a su pueblo:

5. "Reúnan a mis fieles ante mí, que con un sacrificio sellaron mi alianza."

6. Serán los cielos los que anuncien la sentencia, porque el juez es Dios mismo:

7. "Escucha, pueblo mío, que te hablo; Israel, declaro en contra tuya, yo, Dios, que soy tu Dios.

8. No te reprendo por tus sacrificios, o por tus holocaustos, que están siempre ante mí.

9. No tomaría un toro de tuestablo ni un chivo de tu corral,

10. pues mío es cuanto vive en la selva y los miles de animales de los montes.

11. Conozco a todas las aves del cielo y mío es cuanto se mueve en el campo.

12. Si tuviera hambre, no te lo diría, pues mío es el orbe y lo que encierra.

13. ¿Acaso comeré carne de toros o beberé la sangre de cabritos?

14. Pero, dale gracias a Dios con sacrificios, y cumple tus mandas al Altísimo;

15. invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.

16. Pero al impío Dios le dice: "¿Por qué vas repitiendo mis preceptos, y andas siempre hablando de religión,

17. tú que odias mis reprensiones y te echas mis palabras a la espalda?

18. Si ves un ladrón, corres con él, y entre los adúlteros tienes tu sitio.

19. Das rienda suelta a tu boca para el mal y tu lengua urde el engaño.

20. Si te sientas, hablas mal de tu hermano, tú deshonras al hijo de tu madre.

21. Si tú lo haces, ¿tendré yo que callarme? ¿o piensas que yo soy como tú? Te acusaré y te lo echaré en cara.

22. ¡Oigan bien los que se olvidan de Dios! pues si doy un zarpazo no habrá quien los libere.

23. Me honra el que da gracias con sacrificios, pero al que va por camino recto, le haré ver la salvación de Dios".

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"A maior caridade é aquela que arranca as pessoas vencidas pelo demônio, a fim de ganhá-las para Cristo." São Padre Pio de Pietrelcina