Ester, 14
1. También la reina Ester, aterrada por el inminente peligro de muerte que se cernía sobre ella, recurrió al Señor.
1. La reina Ester también fue a pedirle auxilio al Señor ante el peligro que amenazaba su vida.
2. Se despojó de sus vestiduras reales y se puso vestidos de llanto y de duelo; en vez de olorosos perfumes, cubrió su cabeza de polvo y ceniza, mortificó duramente su cuerpo con ayunos y ocultó la espléndida belleza de su cuerpo con sus cabellos en desorden.
2. Se había quitado su elegante vestido y se había puesto ropa de luto hecha tiras. En lugar de sus caros perfumes se había cubierto la cabeza de cenizas y polvo. Humilló ásperamente su cuerpo y con las desatadas trenzas de su cabellera cubrió su atrayente figura.
3. Rogó así al Señor, Dios de Israel: "Señor mío, rey nuestro, tú eres único. Ayúdame en mi soledad, pues no tengo otro socorro que tú,
3. En seguida oró al Señor, Dios de Israel, de esta manera:
4. y me acecha de cerca el peligro de muerte.
4. «¡Oh Señor, nuestro rey, tú eres el Unico! Ven, pues, en mi socorro, que estoy sola y no tengo otra ayuda sino a ti, ahora que mi vida está en peligro.
5. He oído desde niña en mi familia que tú, Señor, escogiste a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antecesores para tu eterna heredad; y has cumplido lo que prometiste.
5. Yo aprendí desde niña, en mi familia, que tú, Señor, has elegido a Israel entre todas las naciones y a nuestros padres entre sus antepasados para que fueran por siempre tu heredad, y has cumplido con ellos tus promesas.
6. Pero ahora nosotros hemos pecado ante ti, y nos has entregado en manos de nuestros enemigos
6. Tú nos has entregado a nuestros enemigos porque te ofendimos,
7. porque hemos dado culto a sus dioses. Justo eres, Señor.
7. adorando a sus dioses. ¡Tú eres justo, Señor!
8. Pero no se contentan ahora con la amargura de nuestra esclavitud, y han jurado ante sus ídolos
8. Pero ellos, no contentos con imponernos amarga servidumbre, han jurado ante sus dioses
9. anular tus promesas y exterminar tu propiedad, cerrar la boca de los que te alaban y extinguir la gloria de tu templo y de tu altar
9. suprimir las promesas brotadas de tus labios, extirpar de raíz a tu heredad,
10. para abrir la boca de los gentiles, que alabarán a sus ídolos y engrandecerán para siempre a un rey de carne.
10. tapar la boca de aquellos que te alaban, acabar con tu altar y la gloria de tu casa, y en cambio permitir que los paganos ensalcen a sus dioses, que son nada, y admiren para siempre a un rey mortal.
11. No entregues, Señor, tu cetro a los que son nada; que no se rían los gentiles de nuestra ruina. Vuelve sus propósitos contra ellos e infiere ejemplar castigo al que inició contra nosotros esta guerra.
11. No les ofrezcas tu cetro, Señor, a los que nada son, ni permitas que se rían de nosotros. Que se vuelvan sus proyectos contra ellos y castiga, para que sirva de escarmiento, al que tramó todo esto en contra nuestra.
12. Acuérdate, Señor, y hazte visible en el día de nuestra angustia; dame valor, rey de dioses y Señor omnipotente.
12. ¡Acuérdate, Señor, déjate ver por nosotros, ahora que sufrimos! Y a mí dame valor, rey de los dioses, tú que estás sobre toda autoridad.
13. Pon en mi boca palabras oportunas cuando esté delante del león, y cambia su corazón en odio contra nuestro enemigo para que perezca con sus cómplices.
13. Pon en mi boca palabras armoniosas cuando encare al león, y haz que su corazón odie al que nos persigue para que muera con todos sus secuaces.
14. Líbranos, Señor, con tu poder, y asísteme a mí, que estoy sola y a nadie tengo sino a ti, Señor. Tú lo sabes todo,
14. Sálvanos con tu mano y ven a socorrerme, que estoy sola, pues yo no tengo a nadie más que a ti.
15. tú sabes que aborrezco la riqueza de los injustos, que detesto el lecho de los incircuncisos, como el de cualquier extranjero.
15. Tú estás al tanto de todo lo que pasa y bien sabes que aborrezco la gloria de los paganos, que detesto la cama de los incircuncisos y de cualquier extraño.
16. Tú conoces la grave situación en que me encuentro y sabes también que detesto el distintivo de mi grandeza que ciñe mi cabeza cuando aparezco en público. Sí, lo aborrezco como a un paño inmundo, y jamás lo llevo en mi vida privada.
16. Sabes que por necesidad estoy aquí, que no quiero este emblema de grandeza con que ciño mi frente cuando aparezco en público, que no me lo coloco los días de descanso y que, en fin, me repugna como pañito de mujer indispuesta.
17. Jamás tu sierva ha comido en la mesa de Amán, ni ha honrado con su presencia los convites del rey, ni ha bebido del vino que ofrece a sus dioses.
17. Tu esclava no ha comido en la mesa de Amán, ni tomado parte en el banquete del rey, ni probado el vino que se ofrece a los dioses.
18. Ni tu sierva se ha alegrado desde mi elección hasta hoy sino en ti, Señor, Dios de Abrahán.
18. Desde que cambió mi situación hasta el día de hoy, no he tenido momentos de alegría sino en ti, Señor, Dios de Abraham.
19. ¡Oh Dios, más poderoso que todos!, escucha la voz de los sin esperanza, líbranos del poder de los malvados y quítame este miedo".
19. Oh Dios, que superas a todos en poder, escucha la voz de estos desesperados; líbranos de las manos de los malos, y a mí quítame el miedo que me embarga.»